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«Yo vivo del amor que me da la gente»

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«Yo vivo del amor que me da la gente»

25.07.10 - 01:08 -
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El cantante Peret empezó en la música en 1947, casi nada, y ahí le tienen todavía, poniéndole ritmo al verano con esa rumba imparable que hace bailar hasta a los alemanes y los chinos. Pere Pubill Calafat (Mataró, 1935) es ya patrimonio nacional.
- ¿Qué habría sido de Peret si no hubiese habido música en su vida?
- Podría haber sido carpintero, chatarrista, vendedor de melones, de tazas y ollas de aluminio, de telas, locutor de radio, presentador de televisión... Todo esto lo he hecho.
- Pero vender no le gustaba nada.
- Tienes que mentir y yo no puedo. Alguna vez renuncié a alguna venta, les decía 'no, señora, que esto no le va a ir bien'. Y las señoras insistían en quedárselo, pero yo veía a los hijitos, pensaba que el marido iba a echarles la bronca...
- ¿Usted cómo vive las tensiones entre Cataluña y lo español?
- Yo sólo sé que el dinero tiene mucho poder, que todo es siempre por dinero. Ayudamos a los bancos, pero no cantándoles una rumba, sino dándoles el dinero de los pobres.
- Oiga, ¿de verdad entendían la rumba los alemanes?
- Son un público difícil, pero yo ya había trabajado con ellos en Calella, 'Calella de los Alemanes'. Yo veía a los artistas desesperados: '¡Qué fríos son!', decían. Y es cierto, pero con la rumba no, porque la cantan y la bailan. Ellos, los japoneses, los chinos... Esquimal aún no he visto a ninguno, pero seguro que también.
- En Eurovisión coincidió con ABBA.
- Me encantó su canción, la puesta en escena, el vestuario... Pero no llegué a hablar con ellos. Sin saber inglés, lo tenemos difícil. Yo he grabado en el estudio con Peter Gabriel y él venía y a lo mejor me servía un café y me decía 'qué tal', y yo 'bien', y los dos levantábamos los hombros y ya no podíamos hablar más. En Jordania hice una gala para un cumpleaños del rey Hussein y él me abrazaba, era fan mío, pero me miraba como diciendo 'no te puedo decir nada'. La Reina nuestra nos hizo de intérprete.
- ¿Es verdad que a Franco le gustaban mucho sus canciones?
- No sé si le gustaban, pero las cantaba. En su barco tenía un tocadiscos, ponía los discos y hacía sus juergas cambiando las letras: él cantaba letras más verdes. Yo ya tenía alguna un poco verde, pero él hacía un verde más fuerte.
- Cuesta imaginárselo, la verdad.
- Es que cuesta imaginarse a todo el mundo en la intimidad, no sólo a Franco. ¿Qué cosas hacemos todos cuando nadie nos ve?
- ¿Pensaba en alguien concreto cuando cantaba 'Borriquito'?
- En quienes no aman lo suyo. Alguna gente veía mal lo nuestro, las castañuelas, la pandereta. ¡Pero las grandes orquestas también tienen castañuelas! ¿Es que me iba a tener que cambiar el nombre por Peter?
- Todavía quedan muchos borriquitos de esos.
- Pues sí que quedan, sí.
- ¿Había mucho desenfreno en las giras de su juventud?
- No quedaba tiempo. Terminabas una actuación a las tres de la mañana y al día siguiente estabas a 500 kilómetros, por las carreteras de entonces: si pillabas una continua con ocho camiones por delante...
- ¿Y le acosaban las fans?
- ¡Eso existe desde la Edad de Piedra! A mí me mandaron al hospital una vez. En Argentina, la Policía no pudo con ellas y, tirando de una cadenita que llevaba al cuello, me hicieron sangre. Pero no me las creo, ¿sabe?
- ¿No?
- Qué va, hacen su show para ver a quién le gusta más el artista, es una competencia. Y no hace falta eso.
- ¿Qué es lo mejor y lo peor de envejecer?
- Vamos mejorando en el cerebro y menguamos en lo físico.
- Pero a usted se le ve con mucha vitalidad.
- Eso veis, pero no tengo vitalidad, qué va. Son 75 tacos, trece operaciones...
- Finge bien, entonces...
- Sé hasta dónde puedo llegar en el escenario, aunque a veces me paso y luego lo pago. Ahora quiero ponerme a ver si me adelgazo.
- ¿A dieta?
- Intentaré comer bien, no mezclar: la comida es como las bombas, un ingrediente con otro explota.
- ¿Y de amores qué tal anda?
- Yo siempre estoy enamorado del público, ja, ja... Vivo del amor que me da la gente. Y, cuando tengo algún amor, no se lo digo a nadie y lo cuido, como dice la canción.
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