Ponme otro güisqui, mañana te lo pago», entonaba el líder de los Bluesfalos, Manuel Gómez, con su rictus serio de veterano bluesman, poco más allá del despegue de la noche. El paso a la madrugada iba a ser de trago largo con ardiente bajada por la tráquea, blues penetrante y soberbios punteos de los mejores dedos del universo bluesero, Los Bluesfalos para empezar, orgullo murciano, y nada menos que el binomio Robben Ford con Bill Evans de postre exquisito para chuparse los dedos. Dos pericas en dulce, haciendo honor a la canción que se marcaron los bluesmen huertanos con corazón del Delta. Autopista del género melancólico por excelencia, cuatro carriles para el blues, única salida San Javier y a repostar en la cantina más próxima, si eligen el cercano bar del Parque Almansa podrán consultar el ojímetro de Pedro Juan para augurar la audiencia cada noche según las empanadillas y los pinchos de tortilla vendidos. Nunca yerra.
Ya estábamos con el güisqui de Manuel Gómez, y en eso que al guitarrista le da por recorrer el auditorio para sentir el calor de todos los amigos que lo jaleaban desde las gradas. Al carisma de los murcianos se unía el cariño familiar, ventajas de jugar en casa. Un organista de Santa Eulalia, bajista de Espinardo, batería de Vistabella, saxo de Santo Ángel, es decir, blues country cálido y solvente de la tierra. Músicos cercanos que han llegado lejos con su probada puesta en escena y un trabajo en equipo que habla del amor por esta música que es más un estilo de vida. Se hacen querer con sus dosis de humor pulverizadas sobre un serio resultado que hace disfrutar al público y elevan la bandera del blues enteramente en castellano.
Otra cara del género esperaba tras la ovación con que el auditorio premió a los suyos. Si hubiera que seguir a Manuel Gómez, con su apostura de impávido bluesman y esa veteranía rosendiana que adquieren los sabios de la música, pediríamos un trallazo de al menos 12 años para brindar por la unión del guitarrista Robben Ford y el saxo Bill Evans, maestros de la fusión, dos monstruos creativos que abordan el jazz y el country blues con genial acierto. Alternaron composiciones de ambos, como en un reparto equitativo, aunque la posesión del balón estuvo mayoritariamente en el campo de Evans, en parte porque el guitarrista californiano tuvo problemas de sonido al inicio. Mientras los resolvía, el ex saxofonista de Miles Davis congenió con el virtuoso del banjo eléctrico Cavanaugh, un prodigio de musicalidad con desparpajo para haber desplazado él solo a sus compañeros. Ahí estaba sin embargo el californiano que, cuando entonó su oído, se marcó unos riffs históricos de guitarra, alternando con el pedal wa-wa. Creación de genio. Un bajista de lujo, el africano N'Bappe, con influencias de Marcus Miller y la intensidad suficiente para guardar las espaldas al portentoso saxofonista, del todo pletórico. Su estado de gracia se tradujo en magníficos solos de saxo, más sutiles aún con el soprano. El magnetismo de Evans alcanzó su máximo al coincidir en las alturas con el otro gigante cuando a dúo se marcó una balada bluesera de Ray Charles, 'Dont let the sun catch you crying', un momento para vivir más que para ser contado. Y así apuraron su supremacía, haciendo incursiones en el jazz fusión y en el country, alternando standards, como el potente de Willie Dixon, Spoonful, o creaciones propias y mágicas, imperdonable no mencionar el temazo de Robben Ford 'Peace on my mind'. Y un remate de lujo, el 'Jean Pierre' de Miles Davis engrandecido, si cabe, por los cuatro magníficos.