Nada de lo que pudiera tener el más mínimo valor ha sobrevivido. Ventanas, rejas, mesas y sillas, mostradores, carteles, lámparas, enchufes, cuadros eléctricos..., todo ha sido minuciosamente saqueado en las oficinas que la promotora Trampolín Hills Golf Resort posee en Campos del Río. Las instalaciones, que hace apenas tres años eran uno de los ejemplos del esplendor del negocio del ladrillo en la Región, están completamente arrasadas. Nada ha quedado en pie. El suelo es una alfombra de cristales rotos, trozos de escayolas y documentos cuyo valor, si tenían alguno, se perdió hace mucho tiempo. Del techo cuelgan manojos de tubos de plástico por los que circularon unos cables eléctricos que, por contener cobre, también han sido víctimas del minucioso expolio.
Incluso toda la escayola ha sido desmontada, quizás por quienes sospechan que el principal propietario de Trampolín Hills, Antonio Martínez, debe de tener algunos fajos de dinero escondidos y confiaban en hallarlos en el falso techo.
Ni siquiera las cuatro o cinco casas pilotos de bellos colores pastel que un día despertaron la ilusión de cientos de compradores se han librado del saqueo: las fachadas, surcadas por grietas en las que cabe una mano, han sido despojadas igualmente de cualquier elemento medianamente vendible o reutilizable: rejas, puertas, focos, farolillos, cuadros eléctricos, contadores de agua, buzones...
Por supuesto, todo aquello realmente valioso desapareció hace meses: ordenadores, televisores, pantallas de plasma, rótulos y luminosos..., incluso la maquinaria pesada fue desmontada para ser vendida al peso, y la flota de automóviles -en la que figuraban un Ferrari 512TR y un Ferrari F35 Spider- fue repartida entre diversas manos, aunque los ex propietarios de Trampolín Hills niegan haberlos convertido en dinero y sostienen que se ofrecieron a algunos clientes en pago por la deuda contraída.
Esta semana, dos representantes de una plataforma de afectados por el concurso de acreedores de Trampolín Hills se han presentado en el Juzgado de lo Mercantil número 2 de Murcia, que dirige ese proceso, y han denunciado que algunos de los bienes, como las mencionadas oficinas y chalés piloto, siguen deteriorándose día a día y siguen siendo saqueados.
«El artículo 43 de la Ley Concursal establece que debían estar bajo vigilancia y protección para evitar su deterioroy vemos cómo a día de hoy, desde que empezó el concurso, eso no se ha producido», se quejan.
La quiebra de Trampolín Hills dejó sin casa a cientos de clientes que adquirieron alguna de las 1.700 viviendas que la promotora vendió sobre plano y por las que le entregaron a cuenta una cantidad global cercana a los 53 millones de euros.