Sólo queda una muestra bien visible de las muchas puertas que otrora tuvo la ciudad. Es el Porche de San Antonio, del siglo XV, un símbolo que se ha conseguido mantener en pie, con varias restauraciones, en medio de la muralla principal que rodeaba el casco antiguo. Excavaciones recientes en el tramo de muralla de la calle los Pozos, han permitido descubrir otra de las puertas que se mencionan en los documentos antiguos. Pero el resto, y hay un listado de por lo menos doce, sólo existen sobre el papel. Y no se incluyen las puertas del propio Castillo.
En un trabajo sobre 'La ciudad amurallada' el arqueólogo Andrés Martínez Rodríguez explica que las puertas estaban ubicadas en torreones y se disponían de forma acodada para dificultar su visión y acceso desde el exterior. Se cerraban de noche y se abrían por la mañana para la entrada y salida de personas, animales y mercancías.
En los censos de casas y torres de finales del siglo XV y principios del XVI se citan seis de las puertas abiertas en la muralla que son Puerta de la Fuente del Oro, Puerta de San Ginés, Puerta de la Judería, Puerta del Postigo, Puerta de Cervera y Puerta de Gil de Ricla, sin dar muchos detalles sobre su ubicación en el perímetro amurallado.
Martínez Rodríguez amplía ese listado incorporando todas las puertas sobre las que existe documentación, sobre todo por las reparaciones que se llevaron a cabo en ellas ya que, aunque había desaparecido el peligro con la frontera nazarí, se debieron seguir utilizando para el acceso a la ciudad, porque la muralla continuó siendo símbolo de seguridad en los ciudadanos hasta bien entrado el siglo XVI.
La Puerta del Pescado servía para comunicar la ciudad con el Castillo. También se la conocía como Puerta de Alcalá porque comunicaba con el barrio de este nombre situado en la ladera que mira al río. En el siglo XV se le llamó puerta de la Judería y comunicaba con la zona que los judíos ocupaban dentro de la fortaleza.
La puerta de la Fuente del Oro se puede identificar con un vano abierto en un torreón adosado a la muralla puesto al descubierto en la calle Rambla. En la documentación se menciona la Puerta de la Alsequoia, por donde se supone entraron los cristianos para sofocar la rebelión musulmana de 1453. Puede, dicen los expertos, que esta puerta se corresponda con la Fuente del Oro, ya que el topónimo 'alsequoia' puede traducirse como conducto de agua que discurría por esta zona intramuros de la ciudad. Posteriormente pasó a denominarse Puerta Nueva.
La Puerta de San Ginés, actualmente conocida como Porche de San Antonio, es la única que se ha conservado sin ser absorbida por las construcciones posteriores. Este acceso, rehecho en la segunda mitad del siglo XIII o principios del XIV, aparece citado como puerta de San Ginés, con dos torres, en las cuentas de propios de 1490, y también denominado Arco de Piñero en el siglo XVI.
Las excavaciones arqueológicas realizadas en el colegio de la Purísima en 1991, con motivo de su rehabilitación para convertirlo en Conservatorio de Música, permitieron descubrir una torre medieval reutilizada en la construcción del siglo XVIII con restos de una puerta que se podría identificar con la de Gil de Ricla. La descripción que de ella se hace en 1526 menciona dos torres. Una puede ser la incorporada en la rehabilitación del edificio y la segunda pudo reutilizarse para cimentar la caja de escalera del antiguo colegio.
Otra de las puertas, la de los Santos, la sitúa el padre Morote entre San Patricio y el edificio del Ayuntamiento. Debió tener origen desde que se levantó la muralla islámica ya que esta zona, donde comienza la calle Álamo, fue una rambla y parece lógico que se pusiera allí una puerta como salida natural de las aguas de lluvia. A partir del siglo XV esta puerta desembocaría en la plaza de Adentro, que se configuró con la construcción de la iglesia de San Jorge.
En las proximidades del atrio de la vieja iglesia de San Pedro se situaba la Puerta de Cervera que se sabe fue reparada en 1512. Actualmente en esa zona no quedan evidencias del circuito amurallado en superficie. Tampoco hay restos de la denominada Las Puertas, salida de la ciudad hacia Murviedro y Los Pilones que se supone estaba próxima a la unión de la muralla con la cerca del Castillo, entre las torres Alfonsina y Espolón.
La puerta del Postigo, como su nombre indica, tuvo que tratarse de un acceso secundario a la ciudad, que en 1474 fue mandado reparar por el concejo. Todavía no se ha podido situar en el perímetro de la muralla, aunque pudo tener semejantes características a las del portillo documentado en las excavaciones de 1995 en el subsuelo de la iglesia de las Mercedarias, que fue inutilizado con las reformas efectuadas en época bajomedieval en la torre donde estaba ubicado.
La existencia de una tercera muralla medieval en la ciudad, planteada por diversos historiadores locales se resumen en un texto de Joaquín Espín Rael, cronista de la ciudad, que dice que «Lorca tenía en la época musulmana y en la Edad Media cristiana después, dos recintos amurallados. El primero comprendía desde la calle los Pozos, hasta el Castillo; el segundo, desde dicha calle a la Corredera, hasta su final».
Sobre este segundo recinto se mencionan otras puertas como son las del Arquillo de la Magdalena, la de la Palma, la de Lisón y la de Nogalte. La inexistencia de restos de fortificaciones en la zona donde supuestamente debería encontrarse la muralla puede deberse, como apunta el profesor Juan Francisco Jiménez, a que la debilidad y poca relevancia del muro exterior le hubiera hecho desaparecer absorbido por el crecimiento de la ciudad.
También es probable que sólo se fortificaban los accesos con torres construidas al pie de cerros que se configuraron en puertas a finales del siglo XV. Estas puertas estarían situadas donde desembocaban los principales caminos de entrada y salida de la ciudad.
Así, la puerta de la Palma se emplazó donde llegaba el camino de Murcia, al amparo del cabezo de Santiago, donde termina la calle Juan de Toledo; la puerta de Nogalte levantada donde llegaba el camino de Almería, al amparo del cabezo de las Palas, más o menos en las cercanías de San Francisco; y la puerta de Lisón, al amparo del cabezo de San Mateo, lugar donde luego de ubicó la iglesia de San Mateo el Viejo y más tarde la plaza de abastos, que pudo estar al final de la calle Álamo.
También hubo otra puerta de la que existe el dibujo de su diseño del año 1751, la llamada de los Arcángeles, que estaba al final del Carril de Caldereros y fue destruida por una riada.