En el año 3314, los seres humanos han evolucionado tanto que ya no tienen cuerpo, ni brazos, ni piernas&hellip Sólo les queda la cabeza dentro de un televisor y son controlados por una especie de 'Gran Hermano'.
P1 y P2, seres humanos evolucionados a televisores y especialistas en misiones espaciales, son teletransportados al pasado en búsqueda de la última abeja que queda en la tierra porque, en el año 3314, el planeta está a punto de destruirse debido a la extinción de todos estos insectos.
Estos superhéroes-antihéroes se darán cuenta de lo que significa tener cuerpo, ser libres y vivir con la naturaleza. Y todo gracias a las bondades de las nuevas tecnologías.
No es la trama de una nueva película estadounidense sobre ciencia-ficción: es una cuento para niños que les deja con la boca abierta y les permite participar con los actores, Pablo Bermejo y Cristian Weidmann, y con un títere que representa a la querida abeja 'Maya'. Eso sí, con moraleja sobre la evolución de la sociedad, sobre el mal uso de la tecnología y sobre la destrucción de la naturaleza. Y resulta que a los chavales les embelesa, lo que ha motivado que muchos programadores se pongan en contacto con esta nueva compañía, llamada La Matracata y creada en Murcia por dos actores emprendedores en 2008, para contratar su función para la próxima temporada.
«Cuando se habla de emprendedores se suele pensar en economistas o gente de negocios. Yo aliento a los actores a formar su propia compañía fuera del gran sistema de producción. Te da la posibilidad de innovar, como con el espectáculo '¿Dónde estás abejita?' (http://www.arenateatro.com/fichas/dondeestasabejita/dondeestasabejita.html), que le gusta a los niños porque no es ñoño. Y si nos sale mal, siempre puedes trabajar en cualquier cosa. Nosotros, los actores, siempre estamos en crisis». Cristian, mitad suizo mitad alemán, nació en Argentina y lleva más de 8 años viviendo en Murcia. Su socio y amigo, Pablo, es «murcianico de pura cepa».
A los que superen la treintena les sorprenderá ver a la abeja 'Maya', ese clásico dibujo animado, metida en una recreación que recuerda a '1984' de George Orwell, pero en versión infantil y con final esperanzador y medioambiental.
«La CAM de Alicante nos encargó una obra para fin de año con la abeja 'Maya' -recuerda Pablo-. Al principio pensé que pasaba de ofrecer más de lo mismo, volver al pasado, hasta que recordé que Einstein avisó de que 'si la abeja desapareciera de la superficie del globo, al hombre sólo le quedarían cuatro años de vida: sin abejas, no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres'. Y se nos ocurrió la idea de ser dos antihéroes que salvaban al mundo gracias al valor ambiental de la especie que representa 'Maya'».
'Clowns' con pantalla gigante
La puesta en escena de la historia '¿Dónde estás abejita?' mezcla los recursos del 'clown' con la animación de títeres proyectados en una pantalla de plasma gigante (5x7metros). Los muñecos hablan con los actores y con los críos, lo que les hace partícipes de la aventura. «La prueba de fuego», como ellos mismos la denominan, fue salir a escena en enero en Alicante con espectadores de 3 a 10 años, incluidos niños discapacitados. «Es muy fácil saber si están interesados. Los niños muestran sus emociones sin tapujos. Si chillan, gritan y se involucran en la historia, es que les llega el mensaje y se están divirtiendo. Si se aburren, no te atienden ni un minuto». '¿Dónde estás abejita?' creó un auténtico revuelo en el recinto y ahora toca cerrar contratos para que La Matracata -matraca significa carraca en Argentina- sea solvente.
Mientras tanto ambos duplican y triplican sus colaboraciones en otras compañías, pero siempre dentro del teatro. «Antes vuelvo a poner copas que renunciar a esto», sentencia Pablo. «La crisis no nos asusta, ni siquiera que fracasemos -asevera Cristian-. Nuestra profesión es una noria con o sin crisis económica mundial».
Cristian estudió Magisterio en la especialidad de Educación Especial y Pablo, Arte Dramático. Ambos podrían dedicarse a la docencia e incluso presentarse a unas oposiciones. Sólo la mención de esa alternativa laboral les produce salpullido. «Después de tantos años luchando, buscándonos la vida y convenciendo a la familia de que no es un locura, sería la última opción. Tendría que estar herido de muerte por un balazo fatal para que dijese: 'Voy a estudiar una oposición'». Teatrales hasta en la última frase...