Si hoy fuera a pedirle el voto a mis compañeros, me echarían a gorrazos», comentaba compungido el pasado jueves un socialista que trabaja en la administración pública. Ese mismo día, miles de empleados públicos pidieron la dimisión de José Luis Rodríguez Zapatero mientras se manifestaban en Murcia en contra de las medidas para reducir el déficit público aprobadas, también ese mismo día, por el Consejo de Ministros, y entre las que figura la rebaja salarial de un 5% de media a todos los funcionarios y la congelación de las pensiones.
Rodríguez Zapatero atraviesa el peor momento desde que está en La Moncloa a causa del denominado por muchos 'mayor recorte social de la democracia española', y ha arrastrado consigo a su partido. Las encuestas que se han realizado tras el 'zapatazo' muestran que el PP, que apenas había tomado distancias desde que estalló la crisis en 2007, ahora sí se despega claramente del PSOE.
En la Región de Murcia, la situación para los socialistas es más lastimosa porque incide sobre una organización ya de por sí deprimida, casi resignada ante el todopoderoso Partido Popular de Ramón Luis Valcárcel. «¿Cómo puedo explicarle a mis vecinos o amigos que mi partido le ha congelado la pensión a sus padres o sus abuelos?», se interrogaba impotente otro leal militante socialista esta semana. Chungo, muy chungo.
E inoportuno. El severo ajuste social llega cuando el debate del agua, que tanto daño ha causado al PSRM, había desaparecido de la agenda política diaria tras la victoria murciana en la conflagración regional por el Trasvase del Segura y el Estatuto de Castilla-La Mancha.
Sin embargo, y a pesar de la pesadumbre imperante, hay quien piensa en el PSRM que existen razones para el optimismo, lo cual no debe resultar extraño en un partido que, a pesar de los revolcones y sinsabores experimentados en los últimos años, sigue contando con el favor de un tercio de los electores murcianos.
En los últimos días, dirigentes orgánicos y cargos públicos han renovado sus argumentarios para hacer frente al desánimo general. Un primer mensaje, que ya ha empezado a rular en los medios de comunicación de toda España, apela a la «responsabilidad, valentía y seriedad del PSOE» para adoptar medidas «necesarias, aunque sean dolorosas». «Es el momento de pensar más en España y en la Región de Murcia que en las próximas elecciones», declaraba hace unos días el secretario general del PSRM-PSOE, Pedro Saura, dándole a su voz el tono más convincente del que es capaz. Es un razonamiento que puede servir de lenitivo para las torturadas conciencias de las huestes socialistas, pero dudo que valga para calmar a los funcionarios, pensionistas y dependientes que van a sufrir el 'tijeretazo' en su cuenta corriente. Quizá por ello, la principal línea de actuación por la que ha optado la ejecutiva socialista es el ataque. No es nueva, pero la intención es que arrecie a partir de ahora.
En el punto de mira
Los socialistas van a poner toda su potencia de fuego apuntando a la gestión de Valcárcel para intentar demostrar su responsabilidad en el cariz especial que la crisis muestra en la Región de Murcia. «El Gobierno regional de Valcárcel cree que esto no va con ellos, pero la crisis también se lo va a llevar 'pa lante'. Estamos pagando los excesos cometidos en la época de vacas gordas, y aquí, en Murcia, se cometieron muchos más que en España. El 'modelo Valcárcel' está agotado y ahora que los fondos públicos escasean, el clientelismo creado durante los quince años de gobierno llega a su fin», reflexiona Saura.
La esperanza (¿o más bien quimera?) de los socialistas es que, tras vivir en la cresta de la ola durante la larga bonanza económica, el mar, encrespado ahora por la crisis, se trague a Valcárcel. Y para incitar a la rabia de Poseidón contra los populares, tratan de hacer ver que los recortes en inversión pública y gasto social de la Comunidad Autónoma son más gravosos que los de Zapatero.
Es posible que les dé frutos esta estrategia, pero también es posible que no sean los socialistas quienes los cosechen. Los comentarios sobre la posible aparición de un partido regionalista pululan en las últimas semanas por los conciliábulos políticos.