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«Vivir en Murcia sin leer a Miguel Espinosa es una temeridad»

Cultura

«Vivir en Murcia sin leer a Miguel Espinosa es una temeridad»

19.05.10 - 01:08 -
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Pantanosa, bonito y cenagoso nombre para la ciudad de Murcia. Un lugar donde el «infierno es palpable», un espacio nada ficticio en el que se «estrangula cualquier pretensión de libertad» y donde, no hay duda, «ser sincero aquí se paga». Rara novela, intensa.
-Me gusta el turbio nombre de Pantanosa, ciudad a la que vapulea sin piedad. ¿Qué es lo peor de Pantanosa/Murcia?
- El gregarismo, la hipocresía, la escasez de autocrítica (o el miedo), la dineromanía... Pero estos que yo considero defectos no son exclusivos de Murcia; se encuentran también en otros lugares. Yo he intentado que Pantanosa, además de traducir Murcia, tradujera de alguna manera también Alicante o Málaga o Pontevedra o Zaragoza... una ciudad española, en fin. Pantanosa exagera Murcia para reflejar la sociedad urbana de provincias que yo viví a los 20 años. Hoy veo que Murcia se ha alejado un poco de Pantanosa; España, en cambio, se le parece más.
- Decía Borges que se sentía más orgulloso de los libros leídos que de los libros escritos. Usted, voraz lector, ¿qué opina?
- Sentir lo contrario parece realmente difícil, cuesta creer que sea posible. En mi caso, la lectura ya rara vez me hace sentir orgullo, aunque sí lo hizo, y mucho, al principio. Ahora me da consuelo, gratitud, alegría, y también su punzada de dolor, porque a menudo me recuerda que, cuando muera, únicamente habré conseguido abarcar una porción infinitesimal de todos los libros que quiero leer.
- Un libro 'contra esto y aquello', contra la universidad, las leyes, el arte contemporáneo e incluso la Semana Santa…
- Y contra mí mismo. No me parecía legítimo presentar un panorama tan sombrío ocultando que yo estaba de barro hasta el cuello. Por otro lado, que a estas alturas sigamos saludando a la primavera entre vírgenes, crucificados y penitentes resulta cuando menos desalentador. Todavía no hemos digerido la experiencia del nihilismo.
- Alcohol, drogas, música y libros en muy altas dosis ¡Vaya combinación!
- Caray, pues a mi me parece bastante normal. Libertad, ¿le suena? Cosas viejas como el mundo. ¿Quién no participa en alguna medida de ellas? Sólo la dosis hace de algo un veneno o una cura; también la infradosis puede resultar nefasta.
- Las drogas como un reto ético y además siente usted cierta pasión por Escohotado...
- Si no llega a venir Escohotado a despejar ese terreno es posible que gran parte de mi generación hubiera seguido pensando que las drogas eran sustancias buenas y/o malas y quien las tomaba moralmente neutro, y no lo contrario.
- ¿Hay alguna diferencia entre literatura y vida?
- Ambas son, fundamentalmente, posibilidades, de modo que pueden reflejarse, tocarse o confundirse en cualquier momento y de infinitas formas, o no hacerlo. Quizá en el destino acaban por ser lo mismo.
- Muchos libros y mucho menos sexo. ¿El mundo no es justo?
- El mundo es inmenso. Injustos somos los humanos, también en los libros, y también en el sexo. Pero lo peor no es eso, sino que ya ni siquiera tratamos de ser justos; damos la justicia por imposible y corremos a salvar el culo o a buscar culpables.
- De los libros que se escriben por estas tierras, el suyo es el que tiene las escenas de sexo mejor descritas (con pelos y señales).
- Gracias, no sé qué decir. Me parece que exagera usted. Pero sí... el sexo. No podía obviarlo. Para mi, el sexo es vital en muchos sentidos. Venus excita la curiosidad, y parece que en zonas meridionales de manera especialmente activa. No me extraña que el topónimo Murcia pueda también deberse a que aquí se instauró un culto a Venus bajo la denominación de Venus Murcia.
- Biografía, novela, dietario, guía de imprescindibles lecturas… ¿Qué es realmente 'Pantanosa?
- Si se refiere al género, yo pienso que no tiene género en sentido estricto. La llamo novela porque es la denominación más abierta, y por el carácter eminentemente narrativo del texto, que es un híbrido ávido de belleza, un flujo fractal que trata de indagar y rescatar, a través de la literatura, la verdad sobre aquello que fui, lo que pueda haber de verdad en ese fragmento fragmentario de mi memoria. Es una novela autobiográfica y costumbrista, es la autocrítica de un yo crítico, es una novela de deformación; es, ante todo, una historia de amor; y es también un grito punk contra el poder, sus representantes y sus leyes.
- Salva a al menos dos 'justos' en Pantanosa: Gerarardo Landrove y Francisco Jarauta. ¿Por qué?
- Me limito a contar lo que viví durante los años que pasé estudiando derecho en la universidad de Murcia, y aquellas clases, junto a alguna otra, no se parecían a nada de lo demás que conocí. Además de rigor, había libertad crítica; había posibilidades, no sólo hechos. Dicho de paso, como cuento en el libro, yo no acudía mucho a clase (prefería leer), y el proceso de acoso y derribo que sufrió entonces Landrove, al que yo asistí como mero espectador estupefacto, terminó de destruir la poca fe que me quedaba en la universidad.
- Un libro 'espinosiano', en el que se afirma que Miguel Espinosa es el «antídoto contra los sinsabores que implica vivir en Pantanosa». Lo cual es una gran verdad...
- Pienso sinceramente que vivir en Murcia sin leer a Espinosa es una temeridad, quizá no mayor que leerlo como excarcelante, pero, en cualquier caso, no leerlo me parece como mínimo desaconsejable. Es tanta la verdad que hay en sus libros, tanta la belleza, tan profundos el pensar y el sentir... Espinosa se enfrentó a la actualidad y el tiempo no ha dejado de darle la razón.
- ¿Para qué se escribe, para qué escribe Francisco Miranda Terrer?
- Busco y, en el fondo, no lo sé. Hay algo muy hondo que empuja, probablemente sin porqué ni para qué. A veces las palabras lo ocupan a uno y ya está; los poetas lo han repetido hasta la saciedad. A un nivel más consciente, las respuestas son incontables, tantas como escritores. En mi caso, me digo que escribo para conocer y conocerme, para ser más libre, más verdadero, para devolver un poco del consuelo o la belleza que los libros me han brindado tantas veces, para prevenir contra el poder, me digo. Pero sospecho que eso no lo explica, que, en realidad, ni se acerca. Hay un misterio que no sé qué es. Lo que escribo nace de ese misterio y quiere acercarme a ese misterio.
- ¿Es usted un escéptico?
- No lo sé. A veces dudo y entonces me temo que no. Al escepticismo ya no le queda ni la duda, apenas le queda el error.
- ¿Qué le emociona?
- ¡La música!
- ¿A qué tiene miedo?
- A las armas. Y a tantas cosas... empezando por mí mismo. No sentir nunca miedo es imposible. Vale más impedir que el miedo lo guíe a uno.
- ¿Qué le incomoda, qué le irrita, qué no soporta?
- Me incomodan las cámaras, que graban y fotografían prácticamente todo y son otra prueba palpable de que Bradbury, Orwell, Jünger y Huxley se quedaron cortos en sus advertencias. Me irritan los contratos de adhesión y la ley orgánica 5/1985 del régimen electoral general. Y no soporto que me ordenen la vida hasta en los detalles más nimios sin pedirme opinión y encima me digan que así soy libre.
- ¿La literatura nos salva de algo?
- Espero que no.
- ¿Qué cinco libros se llevaría a una isla atestada de turistas?
- Llevaría 'La Ilíada', 'El paraíso perdido', 'Hojas de hierba', 'Humano, demasiado humano' y 'Lobo viejo'; pero no me veo allí, la verdad.
- ¿Qué nos salva del creciente aburrimiento, de la implacable rutina y la imparable mediocridad?
- Salvar... Que cada cual busque su manera. A mi, entre otras cosas, me vienen ayudando los libros, la mar, el amor y el trabajo. Por otro lado, la fe mueve montañas y creer que a uno no le afectan ni el aburrimiento ni la rutina ni la mediocridad puede ser más que suficiente. Pero es que lo de salvar... no me atrae mucho la idea. ¿No es posible liberar?
- Una cita que lleva siempre en la memoria
- Amor es la eterna voluntad del mundo.
- ¿Qué se trae entre papeles?
- Tabaco, y unos relatos de tema marinero que me dan mucha guerra, y la segunda parte de 'Pantanosa', y aforismos muy locos, y una clasificación interminable de tontos, y un heptasílabo que me llegó el otro día: «¡las cloacas se desbordan!» -gritaba.
- Su hígado, ¿qué tal?
- Regenerándose, como siempre. Créame si le digo que me gustaría darle más juego.
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El escritor Francisco Miranda Terrer, rodeado de libros, una de sus grandes pasiones. :: NACHO GARCÍA/AGM



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