Han pasado ya tres décadas desde que el virus del sida irrumpió en el ser humano y atemorizó a la sociedad. Treinta años en los que los científicos han ido desmontando mitos y las autoridades sanitarias se han esforzado por mandar mensajes positivos para eliminar prejuicios y miedos. Pero nada ha conseguido erradicar la intolerancia y la ignorancia. Lo dice un desalentador informe de la Sociedad Española Interdisciplinaria del Sida (Seisida) que ayer fue analizado en las IV Jornadas de divulgación sobre VIH que se celebraron en Murcia, organizadas por la Asociación Murciana de VIH (Amuvih) y Abbott.
Uno de cada tres ciudadanos admite que discriminaría a un seropositivo si compartiese con él el lugar de trabajo o fuese al colegio de sus hijos. Tampoco iría a comprar a una tienda de alimentación si supiese que el tendero es portador del virus del sida. El 18% cree además que los nombres de los portadores del VIH deberían hacerse públicos «para que quien quisiese pudiese evitarlos». Más aún, el 20% separaría por ley a los seropositivos del resto de ciudadanos en determinados lugares «para proteger la salud pública».
Los datos son para tener en cuenta, porque el estudio es amplio. Se encuestó a más de 1.600 personas de diferentes comunidades autónomas (entre ellas Murcia). La coordinadora del informe, María José Fuster, cree que el resultado es preocupante. «Que un 20% de los ciudadanos apuesten abiertamente por la segregación puede parecer un porcentaje pequeño, pero esa cifra significa que diez millones de españoles rechazan sin rodeos a las personas con VIH».
¿A qué se debe esta realidad demoledora? Fuster apunta a la falta de información y a las ideas erróneas que todavía hoy rodean al sida. Por ejemplo, el 35% de la población aún cree a estas alturas que la picadura de un mosquito puede transmitir el virus, «aunque los científicos dejaron claro hace mucho tiempo que no es así». El 20% piensa que el VIH puede 'contagiarse' incluso compartiendo un vaso de agua o un baño público. «Esto hace que el virus siga siendo visto como una amenaza».
Valores conservadores
¿Quiénes son los más intolerantes con los seropositivos? Según el estudio, los ciudadanos que «ideológicamente se definen como de derechas», porque «están más unidos a valores tradicionales». Son personas que «siguen culpabilizando a las personas con VIH» por su visión moralizante de las relaciones sexuales, principal vía de transmisión en la actualidad.
Una vez conocida la percepción que la sociedad tiene del sida, el siguiente paso de María José Fuster ha sido estudiar cómo esos prejuicios afectan a los pacientes. 540 portadores de VIH participan en esta segunda fase, entre ellos 30 pacientes de La Arrixaca. «La sensación de rechazo genera una pérdida de calidad de vida», explica la investigadora. «Hemos medido el apoyo social con que cuenta la persona, la satisfacción que muestra con su vida y el bienestar físico y psicológico que presenta».
Dolores Alegría, la presidenta de la Asociación Murciana de VIH (Amuvih), conoce bien los efectos que sobre la salud de los seropositivos que acuden a su organización tiene el estrés, la ansiedad y hasta la angustia que sufren por miedo al rechazo. «Quien padece cualquier otra enfermedad cuenta normalmente con el apoyo de su entorno, pero en el caso del VIH mucha gente lo oculta a los amigos e incluso a la familia. Es muy difícil que esa situación no termine afectando de una u otra manera a la calidad de vida y a la salud del paciente, a no ser que tenga la cabeza muy bien amueblada y mucha autoestima».