Todo un descubrimiento la poeta venezolana María Auxiliadora Álvarez (Caracas, 1956), creadora de interrogantes y certezas, de tristezas profundas, de reflexiones y desgarros. Poesía con un ritmo de útero, de animal, de jadeo de perro, de cadera, de sangre. Escribe sabiendo que 'sólo lloraría por La Risa' y sabiendo que 'la lluvia no nos nombró esta vez'. Ritmo que es «una respiración mental».
Acaba de publicar en España 'Las nadas y las noches, una amplia antología de sus versos; ha pasado por el festival Cosmopoética, en Córdoba, y mañana participa en una tertulia-recital en el Café Five de Murcia,
- El dolor, la muerte, la maternidad, la cotidianidad son algunos de sus temas constantes.
- La poesía tiene mucho de subconsciente. El tiempo concede nuevas interpretaciones a lo que creíamos inmutable. Para mí la pérdida se ha convertido en una propiedad.
- Sus poemas sobre la maternidad son especialmente turbadores.
Mi intención en el momento de escribirlos era social. Estaba en un hospital público en el que vi morir a muchas mujeres y a muchos niños mientras los médicos, tan educados y eficientes ellos en sus consultas privadas, tomaban café y conversaban. No son poemas contra el dolor sino contra la indiferencia ante el dolor y contra la doble ética.
- Y, ¿para qué poetas?
La poesía tiene derecho a la existencia, es una forma de estar en el mundo, nos sostiene en lo abstracto de igual forma que otras muchas cosas nos sostienen en lo concreto. He estado en Córdoba escuchando a Enrique Morente cantando a Miguel Hernández y el público, de todas la edades, colapsaba aquel recinto; un público que tenía una necesidad, casi religiosa, de poemas, de aire espiritual para respirar.
- ¿La poesía es memoria?
Memoria, inmediatez y también premonición.
- Hay una extraña mezcla en sus poemas entre lo doméstico y lo hostil.
- La vida es así y, en la vida, lo cotidiano puede llegar a ser muy hostil. Ahora creo que vivo una vida más armónica con mis deseos y presto poca atención al mundo material; eso me alivia de la carga de realidad. El mundo no siempre es amable.
- La poesía, ¿es un don o una condena?
- Una condena que nos salva; peor sería no tener la poesía como forma de reflexión.
- ¿Qué le deja perpleja a María Auxiliadora Álvarez?
- ¡Todo! La capacidad de sobreponernos a las tragedias y a la adversidad, la capacidad que tenemos de volver a sonreír como sonríen las gentes en la miseria deun campo de refugiados en África. Me regocija nuestra capacidad para generar esperanza frente a la muerte. La gente más sabia es aquella que camina ligera por la vida con su capacidad intacta de volver a comenzar, que resguarda su capacidad de júbilo.
- 'Las nadas y las noches' no es un título muy optimista sino más bien oscuro.
- Sí, pero yo soy optimista porque el optimismo es una forma de resistencia, de subvertir el dolor; alcanzar eso que los místicos llaman 'un vacío pleno'. La noche siempre es la esperanza del amanecer. Frente a la alegría vacía, frente a la falsa euforia hay que buscar la serenidad.
- ¿Es una mujer nostálgica?
- Sí, mucho. Antes era más contemplativa, lo que incluye el recuerdo y la añoranza. He necesitado la praxis de entender la pérdida como un espacio lleno, de plenitud de lo que hubo y por lo tanto de gratitud. Se tuvo, se conoció…, todo es acumulación, todo sirve para pasar el invierno. Decía Borges que todo lo que he perdido es ahora lo que soy. La pérdida nos da fortaleza.
- ¿La poesía es una trinchera?
- Un baluarte, un espacio de protección.
- Hacer / poesía / es / más / o menos / comparable / a necesitar / a Dios. Son sus versos. ¿Está segura?
- Quizá es muy temeraria esa afirmación. Ahora lo personalizaría, hay quien no puede ir de una abstracción a otra. La poesía es una necesidad de eso sí estoy segura.
- ¿Qué nos salva del aburrimiento y la mediocridad?
- Intentar vivir sin acercarse ni al fatalismo ni al estoicismo. Aprender a aceptar el dolor sin huir, aprender a vivir una segunda vida, una tercera, una cuarta, una quinta…; quizá eso nos salve de la banalidad. Nacer cada instante, cada mañana, cada momento.
- ¿La poesía crea interrogantes o nos concede respuestas?
- Crea interrogantes, unos grandes y otros pequeños, unos amables y otros terribles que parece que nos decatipan. Lo explicó Rilke: Quizá nuestros miedos no son sean más que tristezas que necesitan de nuestro amor…. Lo que uno pensaba que es el futuro casi nunca es el presente.
-¿La poesía nos salva de algo?
- Construye un lugar donde habitar. Hay muchos poetas solos por el mundo…, quizá la poesía nos conduce hacia la soledad. Los deseos son peligrosos porque en ocasiones se cumplen. Yo deseaba el viento, ahora, vivo en Estados Unidos, entre huracanes reales.