El año pasado 3.439 matrimonios se rompieron legalmente en la Región, 28 más que el año anterior. Curiosamente, Murcia es la única comunidad del país en la que se registra esta tendencia ascendente. Son pocos los que se 'aguantan' hasta que pase el temporal. Los divorciados murcianos retan a la crisis.
«Hay gente que se retiene a la hora de interponer demandas de divorcio porque no tienen posibilidad económica de vivir por separado, pero la verdad es que no están bajando mucho las cifras», explica Fidel Pérez Abad, letrado del despacho Abad Asociados. Su estimación se refleja en las estadísticas que ofrece anualmente el Consejo General del Poder Judicial (GCPJ). El número de divorcios en la Región ha ido 'in crescendo' desde el año 2004. A nivel nacional, sin embargo, la radiografía es muy diferente. Los divorcios han ido cayendo, poco a poco, desde el año 2006. El último año se registraron 115.940 divorcios, 5.874 menos que en el año anterior.
Llegan antes a un acuerdo
El hecho de que en Murcia no bajen los rupturas matrimoniales no implica, sin embargo, que la crisis pase de largo por esta tierra. «Los divorcios no están bajando, pero la crisis sí afecta al modo de pago», explica la letrada María Loreto Blázquez, del despacho Blázquez Ros. «Ahora la primera cuestión es siempre el dinero».
Cuando los billetes escasean, las parejas que se enfrentan a un divorcio encuentran en el mutuo acuerdo el camino más sencillo y barato. «Las parejas llegan ahora con más facilidad a un mutuo acuerdo», reconoce Pérez Abad. Durante el último trimestre del pasado año, en la Región fueron 609 los divorcios consensuados, frente a los 488 que llegaron a dejar la decisión en manos del juez.
En estas cifras también juega un papel importante el Servicio de Mediación de la Comunidad (968 210 682) por el que, gracias a un convenio entre el juzgado de Familia y la Comunidad Autónoma, ahora tienen que pasar todas las familias con hijos que llegan ante el juez. La idea es fijar los puntos de la ruptura con la relación sin llegar a tirarse los trastos a la cabeza. Una tarea que no siempre es fácil. Son muchas las parejas que deciden vender la casa en común y seguir cada uno por su lado. Si pueden. El mercado de la vivienda les ha levantado un alto muro.
«La venta de la vivienda da muchos problemas a las parejas», relata el abogado matrimonialista Igor Villazón. «Normalmente deciden posponer la decisión y esperar a poder venderla más tarde», explica Natalia Carreres, del servicio de mediación. No todos los divorciados pueden optar por esperar a que el temporal amaine. Pérez Abad, por su parte, alerta de que esta situación afecta especialmente a parejas jóvenes y sin hijos. «Son hipotecas recién contratadas con cuotas mensuales muy altas y he visto casos en los que el agobio es tal que incluso llegan a vender por cantidades inferiores a las del préstamo hipotecario».
La crisis, sin embargo, no entiende de edades y la estrechez económica ha llevado a los tribunales a algunas personas que llevaban años divorciadas. Es el caso de Luis. Hace más de veinte años que este murciano rompió su relación con su ex mujer, con la que tiene varios hijos en común. Ella, como suele ser habitual, siguió viviendo en el domicilio familiar y él se fue de alquiler. «A mí no me importaba, la casa para ella y los niños», explica.
Las circunstancias, sin embargo, han cambiado para Luis. Lleva bastante tiempo en paro y actualmente sólo recibe 420 euros mensuales de la ayuda familiar. «Ese dinero no me da para nada», relata. Esa estrechez económica, unida a la sospecha de que su mujer reside allí con una nueva pareja, le ha llevado a reclamar su parte de los bienes. «Creo que tengo derecho».
La principal evidencia de la crisis económica no se encuentra, al menos en Murcia, en el proceso del divorcio, sino en sus consecuencias. Principalmente en el impago de pensiones. Un fenómeno que, advierte Marcos de Alba, titular del juzgado de Familia número 3 de Murcia, está aumentando mucho en los últimos meses. Concretamente, un 300% en el último año. «Ahora hay más retrasos en el pago de las pensiones y, por tanto, más denuncias penales de las que había», explica Francisco Valdés, del despacho Valdés&Albistur.
«No encontraba trabajo»
El desempleo de muchos divorciados ha llevado a los tribunales a tener que revisar numerosas pensiones. Francisco es uno de ellos. Llevaba cerca de un año en paro cuando su ex mujer, Silvia, presentó una demanda por el impago de la pensión alimenticia de sus hijos. Llevaban separados desde 2005 y nunca habían tenido ningún problema. Él pagaba su pensión y recogía a los niños para disfrutarlos los días que tenía asignados. En septiembre de 2008, sin embargo, el despido de Francisco lo desestabilizó todo.
«Yo viví una auténtica desaceleración del trabajo», relata. «Hacía algún trabajillo suelto, pero no encontraba nada en serio». Cada vez le fue resultando más difícil asumir los gastos, incluidos los de la manutención de sus pequeños.
Cuando su caso llegó al juzgado de familia, sus respectivos abogados les condujeron al servicio de mediación, y allí trataron de llegar a un acuerdo que les ayudara a sobrellevar lo mejor posible la relación. «Nuestra experiencia con el servicio de mediación fue muy positiva», relata Francisco. «Tanto que hemos retomado nuestra relación. Nos queremos y tenemos dos criaturas».
Divorciarse no sale barato. Una ruptura de mutuo acuerdo puede ahora solucionarse en medio mes, pero cuesta entre 1.000 y 1.200 euros, según la estimación de Blázquez. Una vez lograda la ruptura, y en el caso de que haya niños, el progenitor que no reciba la custodia -normalmente el padre- tendrá que pasar una pensión de manutención. Ésta, según explica Valdés, puede girar en torno a los 300 euros por hijo si éstos son pequeños. Si ya están estudiando la cantidad asciende. Un pellizco que muchos divorciados ya no encuentran en sus bolsillos.
Hace semanas que Juan y María no se dirigen la palabra, pese a vivir bajo el mismo techo. Ambos planean ya una vida diferente, por separado; sin embargo, con la crisis, los sueños vuelan bajo. Pese a la estrechez, esta pareja se arma de valor y decide dar el paso. Firma el papel que les hace libres. Juan y María son el prototipo de divorciados murcianos. Un género que ha desafiado la crisis económica y se resiste a bajar.