A 12.000 pies sobre el suelo, el aire llega en invierno a los 20º de temperatura... bajo cero. El rugido de los motores del C212 Aviocar tampoco invita al diálogo mientras tomamos altura. El silencio, tenso, se apodera del interior del avión mientras los saltadores repasan con los ojos cerrados los movimientos que van a ejecutar como una perfecta coreografía durante los 35 segundos de caída libre de los que disponen. Último vistazo a los correajes, ajuste del casco y el portalón trasero del Aviocar se abre. Cuatro saltadores forman el primer lanzamiento y ejecutan los movimientos ensayados antes de abrir sus paracaídas y deslizarse hasta la zona de aterrizaje. Traslado a la zona de embarque, plegado de paracaídas y otra vez al avión. Y otra vez, y otra vez...
Hasta cinco saltos diarios pueden realizar los 15 miembros de la Patrulla Acrobática de Paracaidismo del Ejército del Aire, lo que suponen 7.000 lanzamientos aproximadamente al año y 3.500 horas de vuelo. «Si te gusta saltar, este es tu destino», explica una de las cinco chicas que forman parte de la unidad, creada en 1978. Junto a las patrullas Águila y Aspa conforma el tridente de 'relaciones públicas' del Ejército del Aire, pero la PAPEA, además, es el equipo de paracaidismo militar el Ejército español, y por si fuera poco, sus miembros cumplen misiones en Afganistán, instruyen a los nuevos paracaidistas y acuden a hasta 15 exhibiciones al año. Eso sí, todos son voluntarios y tienen que cogerse las vacaciones en meses como diciembre, ya que el verano es época de campeonatos y exhibiciones varias.
La patrulla ultima estos días su preparación para los campeonatos del mundo de paracaidismo militar de Suiza y estrena nuevo mando, el capitán Lombo, el octavo en sus 32 años de historia «sin ningún accidente grave», explica este leonés, que junto a la sargento Suárez nos sirve de guía. Lombo no es, sin embargo, el más veterano de la PAPEA, honor que ostenta con 17 años y más de 9.000 saltos el cabo 1º Ortuño. En el otro extremo, la soldado Esteban aún no lleva un mes en la unidad. «Entrenar a un paracaidista para el nivel que exige un campeonato requiere al menos cuatro años», explica Lombo. Eso sí, los 17 integrantes de la unidad acumulan ya más de cien mil lanzamientos.
Saltar sobre el Bernabéu
La faceta de promoción de imagen que lleva a cabo la unidad es uno de sus pilares «aunque la competición sea el principal aliciente», puntualiza el capitán. Más de 500 exhibiciones ha llevado a cabo la PAPEA, no sólo en España, sino en países tan lejanos como Japón, Chile y practicmanente toda Europa. Y lo hacen sin cobrar. Su última actuación en la Región tuvo lugar hace dos domingos en Caravaca, por el Año Jubilar.
Saltar sobre el estadio Santiago Bernabéu fue todo un reto, explica la sargento Suárez: «Es muy alto y cierra todo el viento; además emite mucho calor por la gente, con lo que controlar el paracaídas es difícil», añade. Sin embargo, la PAPEA cuenta en sus filas con gente capaz de acertar un disco del diámetro de un euro sobre una colchoneta saltando desde 1.200 metros. Y hacerlo hasta diez veces seguidas, un hito que le valió al cabo 1º Lago un mundial del precisión en Ryazán. Lago es ahora el principal instructor de esta modalidad.
A los cientos de hora de simulador y los miles de saltos hay que sumar una exigente preparación física para soportar una caída a más de 230 kilómetros por hora, más la pericia para realizar las figuras o los difíciles relativos de campana, más una resistencia psicológica fuera de lo común para soportar la tensión competitiva sin olvidar que la vida depende de un paracaídas o que es casi imposible tener vida familiar por la exigencia del trabajo. Eso sí, alguno todavía se atreve a más y pasará por la vicaría la próxima semana. «Eso sí que da miedo», apunta con una sonrisa mientras pliega el paracaídas.