Con igual destreza que crea diseños por ordenador, Juan Albalalejo atiende a las niñas, asea la casa, limpia los cristales, hace las camas y prepara un cocido para que cuando su mujer regrese del trabajo todo esté a punto. Es el amo de la casa desde hace un año, cuando la crisis le envió al paro apenas unos días después de celebrar que su segunda hija iba en camino. Sin complejos, se lamentó lo justo, se arremangó y decidió aprovechar el tiempo compatibilizando la búsqueda de un nuevo empleo con las tareas domésticas y el cuidado del bebé.
El cambio de roles fruto de la recesión afecta a miles de hogares, que han vivido en los últimos meses una revolución silenciosa más coyuntural que de fondo. Lo corroboran los datos contenidos en el cuarto informe sobre el perfil de la mujer trabajadora de la Fundación Adecco, que revelan que en 2009 aumentó un 14,1% el número de murcianos varones dedicados a las labores domésticas con respecto al año anterior. Por el contrario, el número de mujeres amas de casa ha bajado casi un 5%. En toda España, 100.000 amas de casa han salido del hogar para buscar un empleo remunerado, mientras 42.000 hombres ocupaban su puesto al frente de las tareas domésticas.
La catarsis ha llegado de la mano del batacazo del sector del ladrillo, copado mayoritariamente por hombres. La sangría de desempleo en la construcción ha disparado en los dos últimos años el paro masculino, mientras que el femenino, al menos hasta hace apenas un par de meses, se ha tambaleado menos con el golpe.
Pese a que muchos hombres puedan vivir el cambio de roles como una amenaza a su condición tradicional de cabezas de familia que llevan el dinero a casa, Juan Albaladejo ha asumido con naturalidad sus nuevas tareas. «Es mejor estar activo y hacer algo útil que lamentarse por no encontrar trabajo. La situación me ha permitido además vivir muchos momentos con mi hija pequeña que de otra manera me hubiera perdido».
Las rutinas de este ilustrador gráfico y diseñador de páginas 'web' no dan pie al descanso. A las siete de la mañana ya está en pie preparando desayunos y el almuerzo de su hija mayor. Su mujer y la niña salen de casa temprano, una al trabajo, la otra el cole. Juan se enfrenta entonces al poco valorado trabajo que durante décadas han desarrollado las mujeres. «Recojo, preparo a la pequeña para la guardería, y empiezo a limpiar, a hacer camas, a preparar la comida... lo único que se me resiste es la lavadora, ¿quién diseñaría un aparato tan complicado?».
El matrimonio no ha tenido mayores problemas para asumir la situación porque siempre ha compartido las tareas; son jóvenes, formados y de mentalidad moderna. Y no pierden de vista que se trata de una situación temporal. Juan no ha dejado de buscar empleo, ha creado su propia 'web' (rascomunciacion.es) y ha realizado cursos de formación. La pareja además vive el cambio de roles como transitorio y coyuntural. «Yo no he dejado de buscar empleo, y si no me sale nada pronto empezaré a trabajar como autónomo. En casa para siempre no me voy a quedar».
No todos los hombres llevan su nuevo rol de amo de casa con naturalidad. «Son muchos lo que sienten en esta coyuntura una amenaza al sistema patriarcal, a la figura del 'ganapán' que ha representado históricamente el hombre. Sólo las generaciones más jóvenes y con mejor nivel académico lo asumen bien», advierte María Dolores Frutos Balibrea, profesora de Sociología y Política Social de la Universidad de Murcia.
Precariedad
La precariedad, que domina el sector que más incorporaciones de mujeres se ha anotado, avala también la idea de que el proceso no es definitivo. «Muchos de los nuevos empleos están relacionados con el servicio doméstico o el cuidado de dependientes, sectores en los que los hombres no quieren entrar; la economía sumergida es otro de los lastres que sigue arrastrando la mujer», denuncia María José Carrillo, del departamento de Mujer de UGT. Desde Comisiones Obreras también destacan que la mujer sacará poco provecho de la crisis. «El paro ya ha empezado a golpear al sector servicios, que es que el mayor porcentaje de mujeres aglutina, y muchos de los nuevos puestos a los que se incorporan las mujeres forzadas por la necesidad familiar son precarios», advierte Ángel Torregrosa, de la Federación de Empleo de Comisiones Obreras.
Si la mujer saca algo en claro de la recesión será, según recoge el informe de la Fundación Adecco, la formación. «Al reducirse las expectativas de encontrar un trabajo, las jóvenes se decantan por seguir estudiando: el porcentaje de mujeres de entre 16 y 24 años que siguen estudiando ha aumentado un 7,2% más en 2009 que el año anterior».
Juan Albaladejo nunca puso en duda el esfuerzo que implica sacar una casa adelante, pero hoy valora más que nunca el callado trabajo de las amas de casas. «La verdad es que es duro, tiene mérito. A pesar de que lo llevo muy bien, estoy deseando volver a trabajar fuera. Eso sí, seguiré colaborando en casa y repartiendo tareas, que es demasiado para uno solo».