Genéricamente, y bordeando el discurso institucional del comisario del Proyecto, podemos decir que en el título, 'Dominó Caníbal', encontramos indicios de contradicción y de complementariedad. Aquélla, aparece si consideramos que la base del juego es la adición de fichas, la suma de piezas a partir de una primera que condiciona a las restantes y obliga a la creación de estrategias; y al canibalismo le corresponde un papel sustractivo, de eliminación de lo externo hasta llegar al 'esqueleto' de la cosa manipulada.
Pero, si nos paramos en el carácter complementario de ambos términos, vemos que la contradicción desaparece, pues en el desarrollo del proyecto la pieza inicial facilita la actuación de las siguientes, y el consumo de lo hecho contribuye a la construcción de lo nuevo. Podríamos incidir en el sentido ritual del canibalismo, practicado más que como medio alimentario físico, como apropiación de la energía vital, de la fuerza y esencia del ser consumido. La primera ficha no sólo inicia el juego, es el alimento necesario para el desarrollo de la actividad ajena participante.
Y el primero en mover ficha, con todos los riesgos que conlleva, es Jimmie Durham, recurriendo a materiales preexistentes, cocinados por él conceptualmente, preparados para ser intervenidos, eliminados o reutilizados por el siguiente. Y qué podemos decir del inicio del juego: que el autor no ha arriesgado en la salida al querer contemporizar, e incluso 'adornar' en exceso Verónicas con los restos/residuos/componentes de la sociedad/estilo de vida que crítica.
Todo aparece en un arreglado desorden, expuesto con el mismo cuidado que sí de restos arqueológicos se tratara (quizá la intencionalidad responda a la realidad de la cultura occidental, necesitada de reafirmación continúa sobre los restos/escombros del pasado que, hecho presente, resulta gravoso y antiestético al mostrar sin la patina del tiempo nuestra realidad), produciendo la sensación de una intervención a la que le falta fuerza e implicación. Puede que Jimmie Durham haya querido que sea así para comprometer a su sucesor; es cuestión de dejar que los acontecimientos sucesivos lo aclaren, para entonces confirmar la impresión o modificarla. De momento, se esperaba más.