Llama poderosamente la atención que los jefes de filas del PSOE y del PP en el Congreso hayan ignorado durante año y medio a los regantes del Trasvase Tajo-Segura y que ahora se muestren predispuestos a recibirlos y a escuchar sus plegarias contra ese lado oscuro que ven en el Estatuto de Castilla-La Mancha.
En una semana para el inventario, los socialistas le han ganado por la mano a los populares a cuenta de la cita con los miembros del Comité de Crisis (regantes, cooperativistas y sindicatos agrarios). El portavoz José Antonio Alonso, que hasta el martes pasado no había contestado a la audiencia solicitada por la embajada del Segura, cambió de parecer de inmediato y los citó para el día siguiente. Fue alertado por sus compañeros de Murcia de que se había ido al traste la reunión con Soraya Sáenz de Santamaría y en cuestión de horas los socialistas le dieron la vuelta a la tortilla.
El equipo de Pedro Saura tenía motivos sobrados para moverse y demostrar que los regantes son tan suyos como lo son del PP. Ya se conoce la ecuación: regantes y agua, igual a votos. En primer lugar, la vicepresidenta Fernández de la Vega comunicó por carta al Comité de Crisis de que esta vez no los pensaba recibir después de cinco encuentros anteriores al más alto nivel. Se justificó con que tenía una «apretada agenda», aunque los tranquilizó por escrito, a través de su jefe de gabinete, con que el Trasvase sigue en manos del Ministerio y de nadie más. Por no enfadar a José María Barreda, por no inmiscuirse en las competencias de la Cámara Baja, por haber perdido poder en el Gobierno, por motivos de salud o por lo que fuera, la vicepresidenta dijo esta vez 'no' y desató las críticas del PP murciano con este tenor: De la Vega ya no quiere a los regantes, a los que trató durante cinco años como si fueran el embajador USA, para rabia de los populares.
En segundo lugar, el Comité de Crisis anunció que se iba a reunir con Soraya el miércoles en Madrid y que Alonso no daba señales de vida. Más leña al mono. El regocijo en el PP duró poco, ya que los regantes suspendieron unilateralmente la reunión porque Soraya no los iba a recibir. Soraya se limitaría a dejarse caer por la reunión y a saludar. Según José Manuel Claver, presidente de los regantes, ese trato era inaceptable y no encajaba con lo que se había acordado: que Soraya los recibiría, que estaría con ellos quince o veinte minutos y que luego se marcharía, dejándolos con el equipo del PP encargado de conocer los flecos y matices. «Era importante que Soraya nos recibiera, porque de lo contrario parecía que íbamos de tapadillo», señala Claver.
La frustrada reunión con el PP tuvo una larga gestación que comenzó en febrero y en la que intervino Juan Carlos Ruiz, portavoz en la Asamblea Regional, que utilizó toda su influencia en Madrid para concertar el encuentro. Su versión difiere de la de Claver, ya que sostiene que éste sabía desde el primer momento que Soraya los atendería un rato y luego los dejaría. Sea como fuere, el PSOE se movió rápido. Claver llamó a Ruiz para decirle que Alonso les daba audiencia y para tratar de recomponer la situación: ya que iban a Madrid a reunirse con el portavoz socialista, podían aprovechar el viaje para que los recibiera también Soraya con la misma pompa. La última gestión no fue posible.
El resultado ya se conoce, como también la burla del destino de que Soraya abandonara el despacho para almorzar y se cruzada en la entrada del edificio con los regantes. A todo esto, el portavoz socialista no se comprometió a nada sobre el Trasvase, aunque tiene valor que recibiera información de primera mano del Comité de Crisis. ¿Habría ido Soraya más allá, sin dejar en entredicho a su jefa, María Dolores de Cospedal?
El presidente castellano manchego, José María Barreda, no ocultó su enfado por la reunión de Alonso con los regantes murcianos y alicantinos, e hizo todo lo posible para que al día siguiente el portavoz socialista recibiera a un delegación de agricultores de Castilla-La Mancha. Normal para quedar en tablas y acallar las críticas contra su Gobierno, ya que la reunión frustrada con Soraya y la ejecutada con Alonso provocó otro rifirrafe entre el PSOE y PP de la comunidad vecina. «Que no nos quieran tanto y que hablen claro», sentencia Claver, a modo de corolario de esta semana de película.
Según ha podido saber 'La Verdad', se trabaja en dos frentes con el Estatuto. Por un lado está la alusión a una reserva estratégica -real o virtual- que no afecte al Trasvase Tajo-Segura. Por otro lado, se discute la enmienda que presentó el PP el año pasado según la cual se admite la revisión del Trasvase sobre la base de los nuevos recursos que se generen en la cuenca del Segura a través del ahorro y la construcción de nuevos acueductos. Todo ello en los términos previstos por la Directiva de Aguas de la UE, cuya plena eficacia debe alcanzarse en 2015. Una redacción algo enrevesada en la que se trata de meter todo.