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¿Padece usía una 'enfermedad contagiosa'?

LA MURCIA QUE NO VEMOS

¿Padece usía una 'enfermedad contagiosa'?

14.03.10 - 01:01 -
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El amigo de confianza de muchos murcianos del siglo XIX permanecía oculto, acaso en el fondo del arca, debajo de una teja suelta o entre aquella remota borra que infestaba los colchones de gusarapos. Su sola mención hacía santiguarse a las señoras, maldecir al cura y renegar al boticario. Y hasta sería causa de divorcio, si entonces se hubiera permitido. Porque 'El Amigo de Confianza' era un libro, ya no dedicado a las bondades que adornan la amistad, sino a las consecuencias que el supuesto exceso de aquella provoca. La obra era un manual práctico sobre las llamadas 'enfermedades secretas', hoy conocidas como enfermedades de transmisión sexual.
La sífilis y la gonorrea, ambas provocadas por sendas bacterias, fueron las dolencias más inconfesables de nuestros tatarabuelos. Sin embargo, sin que fuera un tema de conversación al uso en las estiradas reuniones de los salones, aunque más habituales en las farras taberneras, durante todo el siglo se publicaron cientos de miles de anuncios que, a diario, evidenciaban la magnitud y extensión del problema.
No serían infrecuentes los avisos que ofrecían la curación de las 'enfermedades secretas', que todos debían conocer bien, según las descripciones del servicio: «discreto, sin preguntas y rápido», según publicaba 'La Paz' de Murcia en 1879. Otros, más avispados, publicaban las llamadas 'Guías del Matrimonio', que debía ser una empresa muy compleja para contar con 200 páginas sólo relacionadas a la virilidad y los contagios. Al menos, se regalaba la fórmula de «una loción infalible» para combatirlos.
Durante todo el siglo, el vino de zarzaparrilla y los bolos de armenia se erigieron como principales medicinas, junto a una retahíla de nombres cuya sola pronunciación escamaría hoy al más iletrado de los lectores. Así, las famosas 'perlas peruvianas' o las 'cápsulas vegetales de Matico'. Desde luego, la publicidad no era el fuerte de algunos creativos. Célebre es aquel anuncio que reza: «Los niños piden a gritos la emulsión de Scott de aceite de hígado de bacalao con hipofosfitos de cal y sosa». Menuda golosina.
Dos características fundamentales adornaban estos supuestos remedios. La primera, que el tratamiento se pudiera administrar con la misma discreción con que se padecía la enfermedad. Y la segunda, que no tuviera efectos secundarios tales como dolores de estómago, tan frecuentes en estas curas como sufridos en silencio por quienes se sometían a ellas. En esta línea se anunciaban las 'Píldoras Kava', que prometían la sanación «sin cansar ni molestar los órganos digestivos».
En Murcia abrirían sus puertas nuevos consultorios dedicados en exclusiva a tan deshonrosas afecciones. Uno de ellos, en la remota calle Victorio, estaba a cargo de don Anastasio Perillán, «quien recibe gratis a los pobres todos los miércoles de diez a una de la mañana». Perillán fue el autor del célebre 'Amigo de Confianza', obra que tampoco aportaba nada que no se conociera desde antiguo.
La gonorrea ya fue descrita en la obra 'Tratados Médicos', compuesta hace unos 4.500 años bajo el reinado del emperador chino Ho-Ang-Ti. La sífilis, por otro lado, fue recogida en el célebre 'Código de Hammurabí' (2250-2200 A. C.), texto legal babilonio que obligaba a anular la venta de un esclavo que la padeciera. También desde antiguo se conocen los remedios.
Los romanos denominarán camisa de venus a un preservativo realizado con piel de carnero, ingenio indispensable para los soldados durante sus campañas militares en el extranjero. Otros, como el médico y filósofo Avicena, eran más inflexibles, aconsejando para evitar contagios el «mantenerse alejado de las mujeres que dejan caer líquidos de la vulva». La prensa murciana publicaría tímidos anuncios sobre preservativos de marcas tan propias como 'La Discreta'. El producto, recogido incluso en catálogos, se enviaba por correo al domicilio.
Los peligros de contraer la enfermedad no disuadían a muchos de mantener relaciones sexuales por doquier. Entre otras cosas, porque siempre se hallaba una droga que las curase. Pese a ello, los problemas que les acarrearon a muchos llegaron incluso a los tribunales. Esto le sucedió a un conocido empresario, a quien denunció su esposa por haberle transmitido la gonorrea. El adúltero fue absuelto, aunque en el juicio, para mayor disgusto de la mujer, quedó probado que mantenía relaciones con la sirvienta.
Los anuncios en prensa sobre 'enfermedades secretas' desaparecieron con ése epígrafe a comienzos del siglo XX. Al tiempo, los diarios comenzarían a tratarlas como 'enfermedades vergonzantes', y hasta algún redactor se atrevió a escribir un artículo titulado Las enfermedades venéreas como azote social, donde recomendaba la eugenesia para mejorar los rasgos hereditarios del hombre. Se publicó en 1930, en 'La Región' de Murcia, un efímero semanario. Este enloquecido señor proponía la creación de «consultas prenunciales» para que el Estado expidiera «certificados de actitud» a los novios que quisieran casarse. Mejor no imaginemos las pruebas de acceso.
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Remedios. Anuncio de 1869 sobre un libro muy popular entre los murcianos

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Soledades. Otro aviso de 1885, de 'La Paz', de compleja interpretación.

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Guía. Gran anuncio publicado hacia 1870 en 'La Paz'.

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Demencial. Diatriba increíble sobre la eugenesia publicada en 1932 en Murcia.

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Potingue. Curioso anuncio de 'La Paz', de 1890, sobre una medicina supuestamente querida por los niños.


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