Los ladridos de 'Kaín', 'Vigo' y 'Jero', los tres pastores belgas que han acompañado al contingente murciano de ayuda a Chile, les despertaron de madrugada. Tres minutos después, llegó la respuesta que explicaba el nerviosismo de los perros. Una impresionante réplica de 6 grados en la escala de Ritcher sacudía de los catres del campamento base a los equipos españoles de ayuda, entre los que se encontraban dos murcianos: José Navarro y Dolores Boscada, miembros de Protección Civil de la Región e instructores de perros de rescate. «No hubo tiempo para el miedo. En seguida nos organizamos para empezar a trabajar, para ver dónde y cómo podíamos ayudar». Lo cuenta José Navarro apenas unas horas después de su regreso a Murcia, aún excitado por la experiencia de dos semanas ayudando a los damnificados del terremoto y exhausto por el cansancio y el viaje. Como a su compañera, aún le cuesta ordenar los recuerdos. «Primero viajamos a Concepción, pero el riesgo de derrumbe de estructuras nos obligó a trasladarnos a Penco y a Santa Clara».
Apenas unas horas en Chile bastaron para que José y Dolores tomaran conciencia de la situación. No había supervivientes entre los escombros. Nadie a quien rescatar. «El 'tsunami' arrasó con todo, era imposible encontrar supervivientes. ¿Decepción? Ninguna, al contrario, en seguida buscamos otra forma de ayudar en los hospitales y repartiendo alimentos, colaborando». Conmovidos ante la visión de familias enteras, con sus niños, acampadas en el monte bajo una lona, los dos técnicos de Protección Civil trabajaron con los más de ochenta miembros del contingente español como «un solo hombre. Cuando ves a los niños en el monte, que lo han perdido todo y no tienen nada, ni para comer, piensas que podría ser tu familia, y sólo quieres ayudar».
Tampoco olvidarán el pillaje: decenas de personas corriendo por las calles con carritos llenos de comida, ropa, cacerolas y lo que encontraban por el camino. Ni la familiaridad con que los chilenos han incorporado los terremotos a su vida. «Están organizados, enseguida buscan las vías de evacuación... funcionan muy bien». José y Dolores ya están de vuelta con sus tres perros, que en esta ocasión no han tenido oportunidad de demostrar todo lo que valen. «Son los mejores compañeros, y no hay máquina en el mundo capaz de sustituir su eficiencia buscando personas. Y dispuestos; siempre te están mirando ansiosos, como preguntando: ¿Qué puedo hacer ahora». La experiencia ha sido «inmensa», y en la maleta se traen el agradecimiento infinito de los chilenos, que hasta pretendían regalarles sus escasos víveres como obsequio de despedida.