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El hombre que salvó el matrimonio Clinton

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El hombre que salvó el matrimonio Clinton

Bikram Choudhury. Es el gurú del yoga que practican vips como Elena Salgado. A este multimillonario le gustan los Rolls (tiene 40) y cuenta con 2.000 escuelas a las que puede dedicar mucho tiempo: sólo duerme una hora al día

05.03.10 - 01:05 -
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Una joven becaria y sus visitas al despacho oval a punto estuvieron de hacer saltar por lo aires el matrimonio de Bill y Hillary Clinton. Hasta que se cruzaron con Bikram Choudhury (Calcuta, 1946). «Yo salvé el matrimonio Clinton, fue un trabajo muy duro», dice entre risas uno de los grandes gurús del yoga actual e inventor del bikram yoga, una disciplina que se compone de 26 posturas y que se practica a 42 grados de temperatura.
Choudhury, que está impartiendo un seminario en Barcelona por primera vez en Europa (lo hace en el hotel Hilton, un cinco estrellas donde cada alumno ha pagado mil euros por una semana de clases), es una especie de salvador de los personajes vips, sobre todo de Estados Unidos. Con orgullo desglosa la amplia nómina de famosos que se han puesto en sus manos: Richard Nixon, Ronald Reagan, el papa Pablo VI, Indira Gandhi, Madonna, Michael Jackson, Shirley Maclaine, George Clooney y en España la vicepresidenta económica Elena Salgado, Nacho Cano, Bimba Bosé, Blanca Romero o Elsa Pataky. De sus pacientes, guarda un especial recuerdo de Nixon, el único presidente norteamericano que hasta la fecha se ha visto obligado a dimitir y el hombre que le lanzó al estrellato. «Tenía un problema de cojera en la pierna y me lo llevé tres días a Honolulú», relata. «Luego le di una cinta de casete para que practicara de oído por su cuenta; y le debió de ir muy bien porque me lo agradeció concediéndome la 'green card' (la tarjeta verde de residencia permanente de Estados Unidos)».
Bikram llegó a Norteamérica, procedente de su India natal, en 1973, invitado por un Nixon que se tambaleaba, no tanto por su cojera, como por el escándalo Watergate y por la sangría de la Guerra del Vietnam. Desde entonces, el inventor del yoga caliente ha curado a miles de estudiantes en su mansión/escuela de Beverly Hills y ha viajado por todo el mundo, llevando los beneficios del bikram yoga a 200 millones de personas. En la actualidad cuenta con más de 2.000 escuelas (dos en España, en Madrid y Barcelona), que le hacen inmensamente multimillonario, hasta el punto de ganarse el calificativo de 'McYoga', por el canon que debe pagarle cada franquicia. Aunque hay quien le acusa de haberse apropiado de unas posturas milenarias (las tiene registradas con copyright), sus seguidores afirman que «estamos ante el yogui (practicante avanzado de yoga) más revolucionario del siglo XX». Lo dice Juli Peradejordi, editor del libro 'Bikram yoga' (Ediciones Obelisco). «Nadie hasta ahora había practicado el yoga a 42 grados, todo se destensa y el cuerpo funciona distinto», invita.
«Enamorarse de uno mismo»
Con más aspecto de guitarrista 'heavy' de los años ochenta que de gurú de la espiritualidad, Choudhury, casado, con dos hijos y propietario de cuarenta Rolls Royce (le gusta reparar coches antiguos, porque él se considera un mecánico del cuerpo), jura que la persona que se somete a un curso de 30 días de bikram yoga ve cambiar su vida «de forma radical». «El que hace yoga consigue ser una persona mejor. Además, el yoga previene enfermedades físicas y psíquicas», señala. «La clave -matiza- está en enamorarse y quererse uno mismo». «El problema del mundo está en el odio que hay, tanto entre los pueblos, como en el odio que cada uno lleva dentro y que provoca que incluso los órganos se rechacen entre sí, lo que acaba causando las enfermedades. Se trata de crear un puente entre el cuerpo y el alma, la solución está en la autorrealización», resume. Bikram, que come muy poco y duerme sólo una hora diaria, experimentó con su cuerpo para poder afirmar que su yoga cura la mente y las enfermedades crónicas, como la diabetes, la artritis o los problemas de espalda. «Estuve diez días sepultado a 10 metros bajo tierra y me puse un elefante encima de 10.000 kilos», relata.
«Bikram es un revolucionario porque su sistema funciona», añade Lucía Kelley, responsable de los dos centros de bikram yoga que hay en España, por donde ya han pasado 15.000 alumnos. «Con tus manos y tu fuerza de voluntad, te cambia la vida; con tres sesiones ya te sientes mejor», dice. «Y Bikram es revolucionario, además, por su estilo; no deja rendirse a nadie, es muy duro y disciplinado, incluso con los presidentes que ha tratado», remata Kelley. Esta seguidora de Bikram desde hace 15 años no ve límites. «Ayuda a eliminar las toxinas de la quimioterapia y permite llevar mejor la enfermedad, es un apoyo en la lucha contra el cáncer».
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