¿Quien tiene un monumento tiene un tesoro? Muchas veces ser el dueño de un bien cultural da más quebraderos de cabeza que satisfacciones. La normativa es exigente y establece una serie de obligaciones que a algunos propietarios les resulta difícil de cumplir. Son ellos los que deben correr con los gastos de conservación, pero además cualquier obra tiene que contar con el visto bueno de Cultura. Y por si fuera poco han de fijar unos días para permitir las visitas al público. Así que más de uno ya se ha planteado ceder su monumento a la Administración.
Mantener un bien cultural resulta caro y las ayudas para rehabilitación escasean, más aún en tiempos de crisis. Ángeles Villescas lo sabe por propia experiencia. Suya es Torre Villescas, en Puente Tocinos, una de las pocas casas torre de la huerta de Murcia que aún quedan en pie. La Asociación para la Protección de la Huerta (Huermur) ha pedido a la Consejería que proteja estas construcciones típicas como bien de interés cultural (BIC), pero Patrimonio aún no ha conestado. Eso sí, estas casas solariegas están catalogadas por el plan urbano debido a su valor histórico y paisajístico.
Ángeles quiere devolver el antiguo esplendor a la finca de sus antepasados, pero se desespera perdida entre el papeleo previo que conlleva la obra y los requisitos que establece la normativa para restaurar inmuebles protegidos. Tampoco le cuadran los números, y dice que con la ayuda que le han ofrecido hasta ahora, unos 3.000 euros, «no tenemos ni para colocar los andamios en la fachada».
Desde Huermur se señala que falta ayuda de la Administración regional y se pide más apoyo para la recuperación de edificios de propiedad privada que sean bien de interés o estén protegidos por el plan urbano. Propone, por ejemplo, que se preste asesoramiento técnico, que se establezcan más descuentos fiscales y que se pongan en marcha escuelas taller para acometer las obras de restauración.
La criada del conde
Torre Villescas o Torre Peñas, como también se le conoce, data de finales del siglo XVII. Lo más probable es que se levantara sobre una alquería árabe. Propiedad del conde de Roche, donde residió hasta mediados del siglo XIX, al final fue a parar al bisabuelo de Ángeles, casado con una criada del noble. Curiosidades del destino.
Es una construcción de dos alturas, planta cuadrada y tejado a dos aguas. Destaca, en lo más alto, la arquería corrida de medio punto, hecha de ladrillo, en la estancia dedicada a la cría del gusano de la seda y a guardar la cosecha. Es una casa solariega y barroca, entre huertos de limoneros y palmeras. Junto a la vivienda se levantaron otras construcciones para las labores agrícolas y ganaderas.
Estas torres huertanas casi han desaparecido ya de la geografía murciana. Según la recopilación emprendida por Huermur, sólo quedan veintidós. Algunas en pésimo estado de conservación, como Torre Falcón, en Espinardo. Pese a ser propiedad municipal, su deterioro es bochornoso.
En un informe de 2002, el Servicio de Patrimonio Histórico de la Comunidad Autónoma ya advertía del valor de estas construcciones típicas, al referirse a ellas como «elementos esenciales en el paisaje arquitectónico de la huerta de Murcia». Y no sólo es importante el edificio en sí, sino también la naturaleza que lo envuelve. La ficha identificativa de Torre Villescas, incluida en el plan general urbano (PGOU) de Murcia, advierte de que «deberá protegerse también el entorno, evitando actuaciones que alteren los valores ambientales y paisajístico».
La recomendación ha caído en saco roto. Si el conde de Roche levantara la cabeza comprobaría, seguro que con horror, cómo el asfalto y las naves industriales cercan ahora su antigua residencia.