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El Cristo de Monteagudo

LA DEMOLICIÓN DEL CRISTO DE MONTEAGUDO A DEBATE

El Cristo de Monteagudo

Acudir a la Justicia en petición de que los jueces amparen pretensiones es uno de los pilares del Estado democrático y de Derecho y nadie puede sufrir persecución por ello.

13.02.10 - 01:07 -
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Hace poco, en noviembre de 2009, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos dictó su famosa sentencia de 'los crucifijos'. Es el llamado caso 'Lautsi c. Italia' y en ella el Estado fue condenado por violación del derecho a la libertad religiosa porque permitía el uso de espacios públicos, las aulas, para colocar símbolos de una confesión religiosa, la católica. Un grupo de juristas, apoyándonos en esta nueva jurisprudencia y en la propia Constitucion, que es más clara que el Convenio Europeo sobre la aconfesionalidad del Estado, dos meses después, en enero de 2010, pedimos al Estado que retirara la estatua y pedestal que corona el monte publico de Monteagudo donde habita sin adeudo alguno el castillo árabe desde hace nueve siglos. El registro del papel era un paso previo para acudir a la Justicia porque el Estado regido por Zapatero, lo sospechábamos, no tenía valor para aplicar esta nueva ley por las buenas. Pero la ley es clara: los particulares de cada confesión tienen que saber o aprender a contentarse con que los símbolos de sus privadas creencias se exhiban en sus lugares de culto, en sus domicilios, o sobre sus propios cuerpos, pero el espacio público es sagradamente neutral. Colocar en él de forma permanente símbolos nítidos de una confesión es un privilegio antijurídico e inadmisible y una profanación de ese lugar, que falta al respeto de los que no profesamos esa creencia. La razón, ese don de la Naturaleza, nos dice cómo actuar debidamente. Y la demanda está apoyada en la fuerza de la luz de la razón frente al poder decadente del oscurantismo que niega la supremacía de la razón.
Acudir a la Justicia en petición de que los jueces amparen pretensiones es uno de los pilares del Estado democrático y de Derecho y nadie puede sufrir persecución por ello.
Este abecedario de la democracia no es aceptado de buen grado por la mayoría de quienes defienden la permanencia de la estatua como símbolo de Murcia.
Quien haya visto 'Agora', la película de Amenábar en que se denuncia el fundamentalismo de la Iglesia Católica cuando se convierte en poder del Estado, puede hallar ciertos parecidos con la revuelta de la Murcia emocional que se ha levantado casi que en armas contra la mera presentación de unos papeles en un tribunal de justicia. 'Agora' discurre en la antigua ciudad de Alejandría, cuyo faro iluminaba las noches. La estatua de Monteagudo es un faro, pero no de luz, sino de oscuros sentimientos que apagan el sentido común de las gentes. Y hasta seguramente la estatua es una piedra escayola que emite unas vibraciones nada saludables porque, como dijo un vecino que quería guardar su anonimato a 'La Verdad', el pueblo no prospera desde que la estatua esta allí. Así que algo hay oculto y no bueno que irradia la estatua del Cristo, que ahora ha demostrado sacar valores muy poco cristianos entre sus defensores. Si Jesús de Nazaret resucitara, no solo haría que quitaran su estatua de allí sino que la demoliesen; hace aflorar valores antitéticos con su predicación, como la ira y la soberbia.
El revuelo de los seguidores de este Cristo ha hecho aflorar el bajísimo nivel de racionalidad de la mayor parte de nuestros políticos, presagio, para mí, de su próximo ingreso en el basurero de la historia. Es indignante que un delegado del Gobierno que representa al Estado y que debe dar ejemplo de respeto a las instituciones, diga que pedir la retirada del Cristo (cuyo fundamento, insisto, es una sentencia del Tribunal Europeo) es un «despropósito»; él si que es un despropósito ocupando un cargo que claramente le viene grande. La jefa del socialismo municipal, Alarcón, se ha apuntado al bando de la sotana y sus símbolos. Cámara y Cruz, integrados dentro de la extrema derecha del PP, han disparado contra la iniciativa jurídica buscando el aplauso del griterío. Solo la concejal de IU, Esther Erguedas, ha estado en su sitio defendiendo la racionalidad, el derecho y la coherencia. Creo que ella será la única superviviente tras el paso del huracán.
El caso del Cristo de Monteagudo es un presagio o prueba piloto que resume una lucha milenaria entre dos lados de la manada humana: la racionalidad que encabezó y triunfó en la Revolución de 1789 en Francia, y la irracionalidad, la primacía de lo visceral. Por un extraño capricho del destino creo que aquí, en esta tierra apartada, se renueva el conflicto, asistimos a un mero botón de muestra de una reedicion donde los dos bandos vamos a medir nuestras fuerzas de nuevo. No es un asunto de derechas y de izquierdas, ni de franquistas y rojos, es un asunto de conflicto entre la sensatez y su contraria. Es la lucha entre las dos Españas, algo que a la postre será sano y nos hace falta para afrontar los delicados y duros eventos que el futuro nos depara a los humanos. Porque sin depuración y cambio esto será el mayor de los desastres.

José Luis Mazón Costa es abogado.
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