Por un día se quedaron desiertas las aulas del Conservatorio Superior, trasladándose todos sus efectivos, discentes y parte de los docentes, también, al Auditorio para integrarse en la Banda, la Orquesta Sinfónica y, los más, en el magnífico coro mixto que superaba el centenar de componentes, cumpliendo a las mil maravillas con el sagrado deber de cantar. Un concierto verdaderamente extraordinario, pero con visos de una más que loable reválida ante la pública audiencia ciudadana.
Por lo que al coro atañe, la sorpresa no cabía este año después de lo visto y oído en el curso pasado, pero sí la admiración por los resultados de su participación en los tres Salmos Chichester, muy bien explicados, por cierto, en las notas al programa, mejorable, eso sí, sólo en su diseño. Tres preciosas y conmovedoras páginas del autor de 'West Side Story' que ocupó la intervención formidable de la Orquesta, a la que todavía se añadiría la Obertura Candide del mismo Bernstein con la que la Banda abría la sesión, y que junto con una pieza de Frank Ticheli y el Choros nº 10 de Hactor Villalobos, completaban un interesante y variado programa, en el que la glorificación del músico norteamericano no podía servir de excusa para la falta de autor español. Suponía la nueva aparición del participativo coro, el aliciente mayor de esta convocatoria a la que nuestro superior centro de formación musical nos viene acostumbrando cada año, por cuanto nos permitía conocer obras que escapan a nuestras habituales programaciones, como han sido los Salmos de Bernstein y el resultón Choros de Heitor Villa-Lobos. Me quedo con los primeros, que fueron cantados con una exquisita musicalidad a la que contribuyó la intervención de José Ramírez, en su papel de contratenor solista. Y puestos a citar, hagámoslo de Carmen Muñoz, Sabina Martínez Boj, Javier Heredia y José Ángel Silva por sus puntuales intervenciones, más llamativas las de las chicas, y, por descontado, de los tres directores responsables: Ángel Quereda, de la Banda; Ángel Martín Matute, del Coro; y José Miguel Rodilla, de la Orquesta, al que correspondió, además, la dirección de las obras sinfónico-corales. La entrega a la salida de un CD con grabaciones de los Premios Acordes, sirvió de feliz broche de la sesión.