Es posible que a algunos haya sorprendido la reacción de IU ante la obra de arte de la artista murciana, Carmen Molina Cantabella. Los elementos del sainete son completamente chuscos. Acusan de «sexista» una obra que reivindica el derecho de la mujer a serlo frente a una sociedad que la obliga a comportarse y vestir de un cierto modo. Afirman, además, que la obra es «inapropiada». ¿Qué es lo inapropiado? ¿Qué se utilice el cuerpo desnudo de una mujer, o de un hombre, para hacer arte? Pues va a ser que la mayor parte del arte occidental es «inapropiado». ¿Qué se exhiba en la trasera de un autobús? ¿Pero no se trataba de no hacer un arte elitista? ¿No se trataba de acercar el arte al pueblo? El asunto es claro: lo que ofende es ver el cuerpo desnudo de una mujer. Si es así, no se extrañarán que les lluevan los calificativos de pacatos y mojigatos. Si no fuese suficientemente chusco todo ello, añaden estupidez a la mojigatería acusando al Consejero de Cultura de «sexista» con absoluto desprecio a la artista responsable de la obra. Se ve que los IU estudiaron poca filosofía y no se dan cuenta de que no es muy coherente decir que se respeta a la artista y decir que la obra es de «mal gusto». Si a la izquierda murciana no le gusta la obra, pues que lo diga. Si le parece mal que se muestre el cuerpo de hombres y mujeres desnudos en lugares públicos, que nos lo haga saber. Si cree que el arte no debe estar en la calle, está en su derecho.
Algunos pueden pensar que todo esto es mera anécdota. Una metedura de pata más de la izquierda murciana sin la mayor importancia. Y, efectivamente, en sí misma no la tiene. Pero sí es reveladora de la actitud de la izquierda frente a la cultura. La izquierda siempre ha vendido que ha sido la defensora de la vanguardia, la radicalidad y de lo experimental frente a lo ya consolidado, de la innovación frente a la tradición. Pero esto sencillamente no es verdad. La izquierda está tan acostumbrada a reescribir su historia que ya ha perdido el hilo de la verdad. Pero no todos lo hemos hecho. Hay que recordar que la izquierda siempre ha pensado que la cultura es un instrumento más de la lucha política; que el arte que le interesaba no era el que surgía de la libertad creadora del artista, sino que único estilo legítimo era el realismo socialista, que servía para educar a las masas; que los únicos artistas «comprometidos» son aquellos que lo están con su ideario, y que la única crítica correcta es la que coincide con la suya.
Por ello la izquierda murciana no puede entender la política cultural de la Consejería de Cultura de la Región de Murcia. Literalmente no les cabe en la cabeza que el Consejero de Cultura no conociese el proyecto de Cantabella hasta que vio las fotografías en los periódicos. Como están tan imbuidos de sectarismo ideológico y de dirigismo cultural, no pueden creer que desde la Consejería de Cultura se deje trabajar a los artistas en completa libertad. Y luego gustará o no gustará, que todos somos libres de opinar, porque no se trata de hacer el arte que guste a los gestores culturales. En resumen, la izquierda murciana no puede entender que se invite a las galerías murcianas a participar en un proyecto artístico y éstas puedan presentar sus iniciativas sin pasar ninguna censura previa: ellos nunca lo permitirían.
La izquierda murciana no entiende a la Consejería de Cultura está claro, pero su ceguera no es temporal, sino consustancial a su misma articulación ideológica. No entiende una política cultural que se hace invitando a los mejores profesionales para que trabajen en libertad; que atrae a decenas de miles de personas a sus exposiciones de arqueología o arte y cultura medieval; que acerca, al mismo tiempo, las manifestaciones más rabiosamente vanguardistas a todos los murcianos. Califican de elitista una política cultural que ha abierto tres nuevos museos en tres años; que, por vez primera, consigue que haya una temporada de ópera en Murcia, que al mismo tiempo regala decenas de miles de libros por toda la Región, y que reúne a muchos miles de jóvenes en el festival de música más innovador del panorama nacional. Y todo ello con menos presupuesto que en otras legislaturas.
La Murcia del s. XXI es una sociedad moderna, dinámica, abierta, plural, culta y participativa. Una política cultural para una sociedad así debe tener esas mismas características. Los grandes medios de comunicación nacionales así lo han reconocido. Murcia, por fin, es noticia en los medios nacionales por sus iniciativas culturales. Aunque en este caso es de justicia agradecer a la izquierda murciana su impagable colaboración, pues, como los integristas siempre consiguen, incitan a ver aquello que critican.