La Región asiste ajena al debate sobre el futuro cementerio nuclear que el Ministerio de Industria quiere instalar en algún punto aún no determinado de España. No sólo porque ninguno de los 45 municipios murcianos ha mostrado su deseo de acoger estas polémicas instalaciones. También porque ésta es una de las comunidades autónomas que menos residuos radiactivos produce. En los últimos tres años, industrias, centros de investigación y hospitales -principales fuentes generadoras de este tipo de desechos- apenas han enviado 0,02 metros cúbicos de 'basura radiactiva' al único almacén que en España alberga este tipo de residuos.
Situado en El Cabril (Córdoba), está gestionado por la empresa pública Enresa y allí se entierran bajo estrictas medidas de seguridad desechos con una radiación de nivel medio o bajo. Los residuos de alta actividad son fundamentalmente los combustibles gastados en centrales nucleares -por tanto son inexistentes en la Región- y en el futuro irán a parar al anunciado cementerio nuclear. Así que los únicos residuos en Murcia son de baja o media radiación, y son más bien escasos. Los 0,02 metros cúbicos que, según los datos que ofrece Enresa, se han enviado en tres años a El Cabril, representan una cantidad minúscula si se tiene en cuenta que sólo en 2008 a este almacén llegaron 1.246,5 metros cúbicos procedentes de todo el país.
Los desechos enviados desde Murcia son, fundamentalmente, «viales de Medicina Nuclear, fuentes radiactivas de medición o de detección de calidades de soldadura, y algún tipo de residuo de investigación», explican en Enresa.
La mayoría de materiales contaminados por radiactividad que se utilizan en Murcia no necesitan ser trasladados a El Cabril porque su actividad es tan baja que desaparece pronto. En el servicio de Radiofarmacia de La Arrixaca se utilizan por ejemplo generadores de isótopos usados para las pruebas de Medicina Nuclear de ese hospital. Están protegidos por plomo y se guardan tras su uso en contenedores herméticamente cerrados que una empresa autorizada se encarga de retirar para su tratamiento y posterior reutilización.
«La actividad radiactiva de los residuos que generamos aquí tiene una vida corta, aquí la seguridad es absoluta y no hay peligro alguno», explica Teo Fuentes, jefe de Radiofarmacia. Los materiales contaminados y los desechos se guardan en un almacén del propio hospital durante el tiempo que dura la actividad radiactiva. Cuando pasa ese periodo, pueden ser tratados como cualquier otro residuo.
La Arrixaca cuenta con varias de las 33 instalaciones radiactivas autorizadas por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) en la Región. La Dirección General de Industria de la Comunidad se encarga de las inspecciones en virtud de un convenio. Según sus datos, siete de estas instalaciones están ubicadas en hospitales y cuatro en centros de investigación, fundamentalmente de la Universidad de Murcia, que cuenta con un servicio de Radioprotección y Residuos encargado, entre otras cosas, de realizar el control y seguimiento de la radiactividad recibida por el personal que trabaja con radioisótopos. Otras 21 instalaciones están relacionadas con actividades industriales como los equipos de calidad del suelo, que permiten comprobar la composición del suelo mediante la emisión de una señal sin necesidad de prospección, o la fabricación de extintores (se utilizan rayos X para comprobar la soldadura del extintor). En general, muchas de las industrias que trabajan con fuentes radiactivas pertenecen al sector metalúrgico.
Instalaciones seguras
Son instalaciones que cumplen todos los requisitos y son seguras, destaca José Francisco Puche, director general de Industria. Además, la actividad que generan es pequeña y no supone riesgos. Tanto es así que apenas envían residuos al almacén de El Cabril. Algunos desechos son recogidos por las empresas fabricantes y trasladados a otros países para su tratamiento o almacenaje.
Al hablar de radiactividad, las confusiones son habituales. Poco o nada tiene que ver el uso de fuentes radiactivas en hospitales o en industrias con el problema de los residuos de las centrales nucleares, que es el debate que se encierra tras la polémica del futuro cementerio nuclear. El problema reside en qué hacer con el combustible nuclear gastado que actualmente se almacena en las piscinas de las propias centrales, y que tiene una vida de miles de años. Esos residuos son los que descansarán en algún lugar de España cuando el Ministerio decida la ubicación definitiva del cementerio nuclear.