«Trabajo en una pizzería para pagar las tasas; suspendí Procesal y perdí la ayuda»

Sergei Osieov, en la pizzería donde trabaja para costearse los estudios./Nacho García / AGM
Sergei Osieov, en la pizzería donde trabaja para costearse los estudios. / Nacho García / AGM

Sergei Osieov. Estudiante de cuarto de Criminología en la Universidad de Murcia

Fuensanta Carreres
FUENSANTA CARRERESMurcia

Cuando se sienta a estudiar, una calculadora imaginaria ejerce sobre el ánimo de Sergei Osieov «una presión psicológica importante. No puedo evitar calcular el incremento del precio de la matrícula si no saco la asignatura, calcular el porcentaje de créditos aprobados que me faltan para mantener la beca, pensar si podré o no pagar». Alumno de cuarto curso de Criminología en la Universidad de Murcia, este año abona su matrícula, de más de mil euros y fraccionada en diez plazos, euro a euro, con lo que consigue ahorrar, después de pagar su parte del piso, del salario de 400 euros como camarero en una pizzería los fines de semana.

Se ha quedado sin beca, la asignación que le permitía subsistir a duras penas fuera de casa -sus padres, él mecánico de barcos y ella limpiadora, viven en San Javier- y hacer frente al pago de la matrícula, los libros, las fotocopias... Para mantener la ayuda de la que sí se ha beneficiado otros años, tendría que haber aprobado el 90% de los créditos en los que se matriculó. Se topó con una de esas asignaturas que los alumnos llaman 'hueso', con una tasa de suspensos muy elevada, Derecho Procesal, y no la superó. «Me quedé con el 88% de los créditos aprobados, y así no te renuevan la beca, que yo la necesito como el comer. He estado todo el verano trabajando, y espero superar el bache, pero es un palo fuerte», dice alertado por las situaciones que encuentra a diario entre sus compañeros. «Trabajando y con la ayuda de mis padres puedo ir tirando, pero hay compañeros que se quedan por el camino. En los cuatro años que llevo en la Universidad, he visto crecer la desigualdad social de una manera alarmante. Cada vez más gente sin recursos se queda fuera», reflexiona preocupado. La voluntad y la ilusión no las ha perdido. «Me queda poco, confío en que conseguiré terminar, y me encantaría poder matricularme en un máster, pero los precios -de 2.000 euros en adelante- están fuera de mi alcance. Si consigo ahorrar, quizá».

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