Un totanero se lanza a una peligrosa balsa de riego para salvar a dos perritas

Gine Rodríguez y Pepe Valero con las dos perritas que rescataron de la balsa de riego. / P. E.

Pepe Valero no dudó en descolgarse con una cuerda en un pantano para rescatar a los canes

PACO ESPADASTOTANA

El totanero Pepe Valero y su esposa Gine Rodríguez salían a hacer deporte en bicicleta por la zona del Trasvase Tajo-Segura el pasado martes cuando, a la altura del término de Lorca, comenzaron a escuchar los ladridos de angustia de un perro. La pareja rápidamente se percató de que provenían del interior de una balsa de riego casi vacía, con agua y cañizo en el fondo.

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Pepe y Gine comenzaron a correr hacia la altura de donde salían esos ladridos de socorro, comprobando que al pie del pantano una perra miraba a su cachorro -así lo creyeron al verlos- sin poder hacer nada para ayudarle. «O bajas tú o yo», le dijo Gine a su marido. Él, sin dudarlo, agarró una cuerda de las que rodean el pantano y descendió por el resbaladizo y peligroso plástico para salvar a lo que, desde lejos, parecía un pequeño cachorro.

«Al principio, al llegar a su altura, el animal desconfió de mí, pero cuando se dio cuenta de que quería sacarle del agua, se quedó inmóvil», indicó Pepe. Una vez tranquilizado, emprendió la salida, sujetándose con una sola mano en la cuerda, ya que en la otra agarraba al animal.

Pepe Valero, como se le conoce popularmente, acostumbra a ejercitarse en un gimnasio y le encanta ‘machacarse’ practicando culturismo. En la actualidad es profesor de Aikido. De hecho, su estado de forma fue clave para poder salir del pantano, como él mismo reconoce. Hay que recordar el grave peligro que supone adentrarse en estos recintos por la dificultad para abandonarlos.

Aunque en este caso, una vez salvado el animal, el matrimonio se llevó a los dos canes a su casa, los bañaron y desparasitaron. Estaban llenos de garrapatas -apunta Valero- y los llevamos a una clínica veterinaria, donde comprobaron que no tenían microchip».

Además, descubrieron que se trataba de una pareja de perros que no estaban emparentados, de raza pequeña, perdidos mucho tiempo, a juzgar por la suciedad que acumulaban. Posiblemente decidieron bajar al fondo del pantano para poder beber agua, quedando uno de ellos allí, sin poder salir y ante una muerte segura, de la que les salvaron estos vecinos de Totana al cruzarse en su camino.

El matrimonio se puso en contacto con las asociaciones protectoras Peludines, de Alhama de Murcia y Refugio del Viento, de Totana, siendo esta última las que finalmente acogió a las dos perritas para buscarles un hogar.

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