'Spin doctors' del agua

Desde que la política se convirtió en un proceso de fuerte peso comunicacional, a igual o similar eficacia lo que realmente cotiza son los gestos. Si a tu nicho de votantes no puedes ofrecerles un PHN, qué menos que darles calor

Alberto Aguirre de Cárcer
ALBERTO AGUIRRE DE CÁRCER

En los países anglosajones se conoce con el nombre de ‘spin doctors’ a las organizaciones y personas que ayudan a los políticos a que la opinión pública interprete un hecho desde un particular punto de vista. Asesores que adiestran a los representantes públicos para ser más eficaces en sus tareas persuasivas y comunicativas. Hay verdaderos artistas de esa ‘spin politics’ que nace de forma profesional con Richard Nixon, aunque en realidad es tan antigua como la propia política. Soterrar las malas noticias anunciando algo positivo y popular a la vez, hacer una presentación selectiva de los hechos, usar eufemismos o medias verdades, negar sin negar... Son muchas las técnicas empleadas, la mayoría basadas en observaciones del mundo de la psicología, como el recurso a la llamada ‘falacia de la conjunción’: ante dos posibilidades alternativas tendemos a elegir una situación específica como más probable que una general. De ahí que muchos políticos, cuando saben que sus posicionamientos son controvertidos y difícilmente explicables, intentan hacerlos aceptables añadiendo el mayor número de detalles favorables a sus tesis, con la esperanza de que no se perciba la existencia de una alternativa mejor o que la cuestión de fondo es otra en realidad. De alguna forma es lo que ha tratado de hacer el PP regional, con resultado estrepitoso, a cuenta de la votación en el Congreso para la eliminación de la tasa de 12 millones de euros que corresponde pagar a los regantes del Trasvase por la amortización de la obra y las compensaciones a Castilla-La Mancha y Madrid. Ciudadanos, con el apoyo del PSOE, no sacó adelante su enmienda para eximir ese pago, pero desde luego esta vez le ganó la partida política al PP. El presidente López Miras había ordenado a los suyos que no podían votar contra esa enmienda, como después hizo el resto del Grupo Popular. Pero la decisión adoptada -que los diputados murcianos García y Carreño se ausentaran de la Comisión de Agricultura- le ha valido igualmente al PP regional un duro reproche de los regantes y empresarios murcianos. Las justificaciones fueron confusas y evasivas en torno al argumentario de que la retirada del ‘tasazo’ era imposible por una sentencia del Supremo sobre las tarifas del Trasvase, que obligaría a sus usuarios a pagar por el mantenimiento y la mera disponibilidad de la obra, aunque esté cerrada a cal y canto desde mayo. Lo que omitieron los diputados es que los jurídicos del Sindicato de Regantes rechazan la interpretación de la Abogacía del Estado.

Por tanto, lo mollar fue que, existiendo una discrepancia jurídica entre regantes y Ministerio, el PP regional se situó en tierra de nadie. Y eso no hay ‘spin doctor’, o como quieran llamarlo, que pueda enmascararlo. Los populares murcianos no quisieron romper la disciplina de partido y hay quien legítima o interesadamente se pregunta estos días cuáles son los intereses que defienden nuestros diputados en Madrid. Todo un traspiés para Miras, que no había soltado la mano de los regantes del Scrats desde que tomó posesión e inició su andadura como presidente. Doy por hecho que por convicción personal, pero también porque sabe que su victoria en las urnas no dependerá del AVE o del aeropuerto sino del estado de ánimo de las cien mil familias que viven de la industria agroalimentaria. Si ya complica tener a una ministra de bajo perfil político, estos patinazos estratégicos lastran más sus aspiraciones electorales. Sobre todo en el campo de Cartagena. Zona cero del problema y donde se rinde culto a Garre porque allí no se olvida que votó, frente al criterio de su antiguo partido, contra la amenaza al Trasvase. Da igual que la gestión hídrica en su corta presidencia no fuese para tirar cohetes: el decreto de sequía se retrasó más de lo debido, quizá porque su consejero estaba más ocupado en buscar, por la cuenta que le traía, peticiones de agua para la entonces infrautilizada desaladora de Escombreras. En definitiva, a igual o similar nivel de eficacia, lo que cotiza son los gestos desde que la política se convirtió en un proceso de fuerte peso comunicacional. Dicho de otro modo, si no es posible ofrecer hoy el PHN prometido ni toda el agua reclamada, qué menos que apretar filas con un nicho de votantes, darles calor y que públicamente se perciba.

El PP ha tenido cuatro presidentes en cuatro años con sequía. La gestión ha sido continuista, pero el tono reivindicativo frente a Génova y La Moncloa, desde poco antes del Memorándum hasta ahora, fluctuó por la agenda política personal de cada uno de ellos. Con todo por ganar, Miras arrancó sin separarse un ápice de los regantes del Scrats, auténticos inspiradores del contenido del Pacto Regional propuesto por San Esteban. Y así seguirá, de modo que lo sucedido con el ‘tasazo’, quizá solo sea un revés pasajero. El problema es que la estrategia de Miras tiene alto riesgo: los regantes, que pagarán el ‘tasazo’ pero se beneficiarán de otras exenciones tarifarias del Ministerio por valor de 36 millones, son aliados exigentes que defienden (hacen bien) lo suyo, incluso cuando el sector, en plena sequía, batió el récord de exportaciones. Pero una vez echado el tablacho al Trasvase, nadie puede negar que su futuro inmediato es inquietante si a la mayor celeridad no se abren pozos y las desaladoras no se ponen a tope. ¿Hasta dónde llegará Miras cuando empiecen las protestas de los agricultores en Madrid y surja una disyuntiva más explosiva entre su partido y los regantes? Más pronto que tarde necesitará la implicación directa de Rajoy si quiere superar este trance, que se caldeará aún más cuando se conozca, de manera inminente, la querella de la Fiscalía por el deterioro del Mar Menor.

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