«Los médicos dicen que lo mío fue un milagro»

La joven Sonsoles Sáncez relata su vivencia./Guillermo Carrión / AGM
La joven Sonsoles Sáncez relata su vivencia. / Guillermo Carrión / AGM

«El accidente cambió incluso mi forma de pensar», explica Sonsoles Sáncez, que quedó más de un mes en coma tras salir despedida de una moto. Una unidad especializada de Tráfico ha atendido a más de 3.500 víctimas de siniestros en 6 años de andadura

Alicia Negre
ALICIA NEGREMurcia

La vida de Sonsoles Sáncez dio un giro de 180 grados la mañana del 28 de febrero de 2016. Esta joven, en aquel momento estudiante de Educación Infantil y protagonista de algunos anuncios televisivos, tenía previsto comer en Cartagena junto a unos amigos moteros. Todos juntos se encaminaron por la autovía A-30 y, a la altura del Puerto de la Cadena, el conductor de la motocicleta en la que viajaba Sonsoles -como paquete- perdió el control y ella salió despedida. «No recuerdo nada de aquel día», explica, «pero sé que me atendieron espectacularmente y que, de no ser por ellos, no hubiera podido salvarme».

Dos años después del siniestro, la lucha incansable de esta joven, que quedó un mes y medio en coma en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del hospital La Arrixaca, le ha permitido salir adelante. «Los médicos dicen que lo mío fue un milagro», cuenta con una media sonrisa. Pese a su increíble recuperación, Sonsoles incide en que todavía son muchas las secuelas que arrastra a raíz del accidente y más aún los retos que le quedan por superar. «Tengo que luchar por ser feliz y por sentirme realizada», subraya rotunda.

Facilitar el camino

Esta joven murciana es una de las más de 3.500 personas que han encontrado la ayuda de la Unidad de Víctimas de Accidentes de Tráfico (UVAT) de la Jefatura Provincial desde que esta abrió sus puertas en la Región hace ya seis años. Su llamada es, en ocasiones, la primera mano tendida que encuentran los afectados. Este órgano, que la Dirección General de Tráfico (DGT) desplegó en 2012 en las 52 jefaturas provinciales, tiene la labor de informar, orientar y proteger los derechos de las víctimas. Las UVAT pretenden facilitar el camino a los perjudicados sirviéndoles de guía sobre cuáles son los servicios y los recursos que tienen en su mano.

A lo largo de sus seis años de andadura, los profesionales de este grupo han recopilado los datos de todos los servicios públicos de los que las víctimas de accidentes pueden echar mano. De esta forma, insisten desde Tráfico, se trata de paliar la victimización primaria -la que se deriva del propio accidente- y disminuir la secundaria -la derivada de la relación que se establece entre la víctima y el sistema judicial, policial, social y sanitario-.

«Me atendieron de forma espectacular y, de no ser por ellos, no habría podido salvarme», reconoce

Este servicio está orientado a tender la mano, no solo a las víctimas directas de los miles de accidentes que cada año se producen en las carreteras, sino también a las víctimas indirectas que estos dejan atrás -esto es, familiares y amigos que se ven afectados por los hechos-.

Las peticiones de información sanitaria, legal y sobre las compañías de seguros copan gran parte del trabajo de la unidad, que también ofrece asistencia psicológica a los afectados. De las 3.529 personas a las que han prestado ayuda en estos años, 111 han requerido una atención más compleja y un seguimiento más dilatado en el tiempo por parte de esta unidad, según los datos proporcionados por Tráfico. Además, desde que el servicio suscribió en 2015 un acuerdo con el Teléfono de la Esperanza, al menos 30 víctimas han sido derivadas a la ONG para recibir ayuda de sus servicios psicológicos.

Un cartel en el hospital

En el caso de Sonsoles, fueron su hermano y su cuñada los que decidieron tocar a la puerta de esta unidad al leer un cartel en uno de los pasillos del hospital. A partir de ahí, esta joven inició un largo proceso de recuperación que la ha llevado a someterse a cuatro operaciones -dos de cabeza y dos de hombro- y en el que, remarca, tuvo la suerte de cruzarse con grandes profesionales. Sonsoles y su familia se deshacen en elogios hacia los integrantes de los diferentes equipos que les acompañaron -y lo siguen haciendo- en esta ardua batalla.

Tras pasar un tiempo en la residencia Casaverde, en Alicante, esta murciana ingresó en el centro de referencia estatal de atención al daño cerebral (Ceadac), en Madrid, donde la ayudaron a dar pasos de gigante. «La gente que conoces allí sabes que es para toda la vida», remarca. «Yo me hubiera quedado incluso más tiempo». Ya de regreso a Murcia, esta joven, activa y llena de vida, sigue peleando día a día con la ayuda de la Fundación Integra.

En la recuperación después de un accidente de tráfico, remarcan los profesionales de la UVAT de Murcia, no existen retos de primer y segundo nivel. Son las vivencias de cada uno y su situación concreta las que marcan la dificultad del desafío. «Mi vida ahora no es ni peor ni mejor, es diferente», remarca Sonsoles, «y a esa diferencia tengo que acostumbrarme».

El siniestro de tráfico le hurtó a esta joven, entre otras cosas, la capacidad de llorar - no puede derramar lágrimas- y la obliga a acostumbrarse a una vida muy diferente a la que disfrutaba antes de aquel 28 de febrero de 2016. «Un accidente te trastoca tanto la vida que te cambia hasta el pensamiento», reconoce Sonsoles. «Yo, a día de hoy, valoro cosas que antes no valoraba».

3.529
víctimas de tráfico encontraron ayuda en la Unidad de Víctimas de Accidentes de Tráfico (UVAT) de la Región en sus seis años de labor.
111
afectados requirieron una atención más prolongada en el tiempo y un seguimiento por parte de esta unidad de Tráfico.
30
casos fueron derivados al Teléfono de la Esperanza, en base a un convenio, para que la ONG facilitase asistencia psicológica a las víctimas de accidentes de tráfico.

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