Los sonidos del silencio

Balleneando

Un día habrá que reflexionar también sobre el círculo vicioso que suponen las redes sociales

Los sonidos del silencio
Ginés Sánchez
GINÉS SÁNCHEZ

Reflexionaba el gran Enric Juliana en ‘La Vanguardia’ al respecto de aquel famoso día en que Puigdemont iba a hacer una cosa por la mañana y se le echó Twiter encima (aquello de las ciento cincuenta y cinco monedas de plata) y terminó por hacer lo contrario de lo que dijo que iba a hacer. Se apoya Juliana para reflexionar en Byung-Chul Han, un filósofo coreano al que no tengo el gusto (soy muy burro, pero eso ya lo saben), pero seguro que la mayoría de ustedes sí.

Y reflexionan los dos al respecto del dolor que pueden llegar a generar las críticas que se vuelcan en internet. Sobre el hecho de que tales críticas parecen más duras que las que se podrían percibir en un cara a cara. Lo atribuyen a la soledad que se siente ante la pantalla, ese espejo negro (un día habrá que reflexionar también sobre el círculo vicioso que suponen las redes sociales y sobre cómo los que terminan por andar siempre quejándose de ellas son precisamente los que más beneficio esperan obtener de las mismas, y de la queja).

Y yo filósofo no soy, y el cielo me libre. Pero decía Miles Davis que el silencio era el ruido más fuerte que había. Que era, quizás, el más poderoso de los ruidos. Y empezaba la canción que da título a la columna invocando a la oscuridad. Hola, oscuridad, mi vieja amiga, dice. He venido a hablar contigo. Otra vez. Y sí. Porque hay momentos en que uno, escuchados todos los asesores, ha de replegarse y descubrir lo que uno verdaderamente es. De lo que uno está forjado.

¿Se imaginan a Poe dando los últimos retoques al Cuervo mientras está pendiente de lo que le dicen cincuenta voces a través de la ventana?, ¿se imaginan a Kipling en el momento de describir su paso por Abu Simbel (la página más hermosa de la literatura universal, y los reto desde aquí a que me encuentren otra que lo sea más) atento a las opiniones que se estuvieran profiriendo al respecto en el mercado de El Cairo?, ¿se imaginan a Kennedy haciendo algo semejante en los momentos decisivos de la crisis de los misiles cubanos?

Hay muchas maneras de tirar un penalti. Se puede mirar fijo al portero, jugarle al engaño, tomar aire, templar mientras decide uno si tira a su zona de seguridad o si cambia. Se puede, también, no mirar más que al balón e ir como un toro y pegarle al bulto y a lo que salga.

Y nada, terminaba la canción del gran Paul Simon haciendo referencia a que las palabras de los profetas estaban escritas en las paredes del metro y en los halls de los bloques de apartamentos. Lo que no decía la canción era si, al proferirlas, los profetas tenían encendido Twitter o no.

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