«Somos solidarios, pero a veces no sabemos cómo podemos ayudar»

Lara Núñez sostiene a un recién nacido en el Hospital Monkole.
Lara Núñez sostiene a un recién nacido en el Hospital Monkole. / LV

Lara Núñez Voluntaria en el Congo

Antonio Botías
ANTONIO BOTÍASMurcia

Un expediente académico puede ser brillante, como es el caso del que atesora la murciana Lara Núñez. Pero, además, puede ser espléndido si se le suma el interés por trabajar en beneficio de los demás. Así que Lara, junto a varios estudiantes de Medicina y personal de la Universidad de Navarra, se marchó al Congo para echar una mano en el Hospital Monkole, lo que le ha supuesto una inolvidable experiencia. Ese centro no es un simple ambulatorio. Atiende a una población que alcanza el medio millón de habitantes y su especialidad es la maternidad. Lara desgrana su experiencia en aquellas tierras, tan distintas en todo a su Murcia natal, salvo en ese preciso instante de traer un nuevo ser a este mundo.

-¿Por qué decidió participar en este proyecto en el Congo?

-Quería encontrar un proyecto en el que poder trabajar de voluntaria que estuviera relacionado con la medicina. Hablé con mi asesora, la doctora Rodríguez Díez, que me informó de la existencia del proyecto del ginecólogo Chiva. Hablé con la médico Aubá, también ginecóloga, y ella me explicó en qué consistía este voluntariado y me pareció que era lo que estaba buscando.

-¿Cuál ha sido su labor allí?

-Nos dividimos en tres grupos, rotando por tres hospitales de Kinshasa. Uno realizaba cribado de cáncer de cuello de útero en Monkole y en las antenas de Monkole. Otro ayudaba en la maternidad de Binza en los partos y con el lavado y cuidado de los recién nacidos durante su primera semana. El tercer grupo estaba en el hospital Saint Joseph en consultas de prenatal y postparto, partos y cesáreas.

-¿Cuál es el estado de salud de las madres congoleñas? ¿Qué necesitarían?

-Son mujeres física y mentalmente muy fuertes. Cuentan con muchos menos medios que los que encontraríamos en cualquier hospital europeo. El de Monkole, por ejemplo, es más básico que uno español, pero allí, en comparación con el resto que tuvimos la oportunidad de visitar, es un lujo. Hay tanto que les falta que no sabría por dónde empezar. Les faltan incluso las cosas más básicas como agua, luz, comida... Pero en el medio hospitalario, lo que vería más fácil para aportar sería conocimiento básico a los pacientes, para hacerles entender que la enfermedad no ha sido causada por brujería, y para enseñarles a prevenir enfermedades.

-Al menos once horas diarias de trabajo, ¿ha merecido la pena?

-La experiencia ha sido increíble, hemos aprendido muchísimo acerca de la cultura y de la medicina de Kinshasa. Donde nos sentíamos más útiles en ese momento fue en el cribado de cáncer de cuello de útero. Hemos realizado cribados a 500 mujeres.

-¿Estaría dispuesta a regresar?

-Me gustaría volver dentro de unos años para ver cómo ha quedado acabado el hospital de Monkole, en el que llevan mucho tiempo trabajando. El centro, que empezó con tres camas y un quirófano en 1991, cuenta ya con 110 camas, asiste a más de 80.000 personas, y es el primer hospital de Kinshasa que proporciona comida e higiene a los pacientes.

-¿Está la sociedad española concienciada de la necesidad sanitaria en esos países?

-La sociedad española es solidaria y si estuviera concienciada de estas necesidades, colaboraría generosa y desinteresadamente. En muchas ocasiones me parece que la gente no sabe cómo colaborar, por lo que la labor de información y difusión siempre tendrá un efecto positivo.

-¿Cuáles son sus proyectos a partir de ahora?

-Por ahora tratar de seguir participando en el proyecto del cribado para estudiar las muestras. Además, explicaremos el proyecto de voluntariado a los médicos y estudiantes que quieran saber acerca de él y participar en algún momento. También me gustaría colaborar en la recaudación de fondos para expandir este proyecto así como con futuros proyectos de voluntariado que puedan surgir.

-Cuando estaba allí, ¿qué echaba de menos de su Murcia natal?

-Soy afortunada y mientras estaba en el Congo no podía echar nada de menos, sabiendo que en dos semanas estaría de nuevo en este primer mundo rodeada de comodidades. Incluso allí había muchas personas viviendo en condiciones bastante más desfavorecidas que las nuestras. Cuando se corta el agua, o te quedas sin luz te das cuenta de que lo que consideramos necesidades básicas y derechos fundamentales, en otros países son privilegios de los que no disponen todos.

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