La Verdad

Hacia una conectividad total y móvil

Si internet ha transformado nuestras sociedades desde que hiciera su aparición a mediados de los años noventa, los 'smartphones', la banda ancha y la posibilidad de acceder a los contenidos en movilidad y de modo ubicuo han acelerado aún más el cambio que vive nuestro mundo. De hecho, en muchos países occidentales el acceso a internet a través de dispositivos móviles supera con creces las conexiones desde ordenadores. Esta transformación ha sido posible gracias a fuertes inversiones que han permitido desplegar las infraestructuras de telecomunicaciones de 3G y 4G.

Nos encontramos en las fases iniciales de desarrollo de un ecosistema que con la llegada del 5G vivirá una evolución sin precedentes: una conectividad de mejor calidad, más rápida y capaz de gestionar volúmenes de datos nunca vistos. Sólo el incremento de datos asociado a cada persona conectada será entre cuatro y cinco veces superior al actual en 2020, la mayor parte por el consumo móvil de vídeo. Pero sólo será posible si todos los actores que intervienen -administraciones públicas, operadores de acceso a la red y gestores de infraestructuras- trabajan coordinadamente. La densificación de redes, que el aumento exponencial del tráfico de datos va a requerir, condiciona la redefinición de los criterios que van a regir su planificación y despliegue, de los equipos y de las infraestructuras necesarias. Tanto en lo que se refiere a la localización en el espacio urbano, como a los criterios de eficiencia y de racionalización en la ejecución.

Las funcionalidades que nos ofrecen los terminales 'inteligentes' no tendrían valor alguno sin las actuaciones necesarias que permitan disponer de unas redes capaces de gestionar un tráfico de datos en movilidad que crece cada año por encima del 50%. Este fenómeno, junto con los nuevos casos de uso en sectores como la salud, la movilidad, el entretenimiento... gracias a tecnologías como la inteligencia artificial, la realidad virtual, el Internet de las Cosas... solo será posible con las prestaciones del nuevo modelo de red que introduce el 5G.

Gracias a las llamadas 'small cells' y al Sistema de Antenas Distribuido (DAS), la conectividad en banda ancha real y móvil ya es hoy una realidad. Estas tecnologías dan respuesta a las necesidades de un usuario cada vez más exigente: acceder a una red de calidad en cualquier lugar, con cualquier volumen de conexiones concurrentes y en cualquier momento. Ubicadas estratégicamente, estas redes garantizarán una cobertura y capacidad de banda ancha estable, flexible, fiable y confiable -con latencias o tiempos de respuesta ínfimos- que permitirán una conectividad permanente y adaptada a las diferentes necesidades. El vehículo autónomo y conectado o la cobertura adecuada y segura en espacios abiertos de gran afluencia o en sistemas públicos de transporte bajo tierra, no van a ser posibles sin el despliegue de estas infraestructuras de nueva generación.

A escala europea, la conectividad de la banda ancha en movilidad es una de las grandes apuestas de la agenda digital. La conectividad ubicua constituye un reto para la competitividad y para el atractivo del espacio europeo como región económica, y lo es también en términos de garantizar la inclusión digital del conjunto de los ciudadanos. Como sociedad, nuestra capacidad competitiva depende directamente del acceso a la banda ancha y del desarrollo de nuestras capacidades para aprovecharla.

Para 2020, se estima que los cinco países más poblados de la UE desplegarán entre 200.000 y 500.000 'small cells' y, en este ámbito, la UE va a la zaga de Estados Unidos, Japón o incluso China. Vamos a contar además en todo el mundo con más de 20.000 millones de objetos conectados. En 2017 ya son más de 8.000 millones.

Ha llegado pues el momento de trabajar en los modelos de despliegue que permitan dotarnos de unas infraestructuras que aseguren que no vamos a quedar atrás en el acceso a nuevos servicios y tecnologías basados en la conectividad móvil y que mejoran nuestra interacción con el entorno en términos de seguridad, de mayor confort, de uso más eficiente de los recursos y espacios públicos, de acceso a los servicios de salud, a la gestión y control remotos de máquinas y equipamiento industrial o doméstico, etc.

La evolución de las tecnologías LTE y el 5G aseguran la capacidad para transmitir en banda ancha móvil este flujo ingente de datos que exigen los nuevos servicios. Sin lugar a dudas, estos servicios nos ayudaran a mejorar nuestra calidad de vida como ciudadanos, compatible con la sostenibilidad de un modelo económico y social de progreso.