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El terror, la nueva plaga de Egipto

Un policía turístico patrulla junto a un grupo de visitantes en el Valle de los Reyes.
Un policía turístico patrulla junto a un grupo de visitantes en el Valle de los Reyes. / AFP
  • La caída de ingresos por visitas pone en peligro la conservación de su patrimonio. «Estamos en guerra y el turismo es frágil»

Los propios egipcios dicen de sí mismos que son un país acostumbrado a las crisis y que llevan '7.000 años sobreviviendo'. Pero su convulsa vida se ha convertido en los últimos años en una especie de combate de boxeo por la supervivencia en el que los 'puñetazos' del terrorismo, las primaveras árabes y la inestabilidad política han dejado al país más pujante y poblado de Oriente Medio al borde del K.O.

Una acumulación de tribulaciones, escalonadas en los últimos seis años, que han hecho especial mella en su turismo, la puerta con la que se presentan al mundo, y la llave de su desarrollo económico. Los datos son demoledores. En 2010, 14,7 millones de viajeros visitaron la tierra de los faraones. Una marabunta que 'regaba' la economía nacional (20%) casi tanto como las periódicas crecidas del padre Nilo. Además, daba empleo a cerca de tres millones de egipcios.

El 25 de enero se cumplen seis años del estallido de la 'primavera árabe' en las calles de El Cairo. A partir de esta fecha, la idílica ilusión de los extranjeros que soñaban con visitar la esfinge de Guiza se enturbió. Y aún más tras los periódicos atentados en iglesias o mercados turísticos tan concurridos como el cairota de Khan el Khalili. Más recientemente, y para acabar de rematar el escaparate al mundo del país, le llegó el turno a los ataques a los aviones, como el aparato ruso que cayó al mar con 224 pasajeros en octubre de 2015 tras despegar de Sharm El Sheikh (el 'Benidorm' del Mar Rojo) o el de EgytAir París-El Cairo que se hundió en el Mediterráneo con 66 pasajeros en mayo pasado.

El esfuerzo de sus autoridades por transmitir un mensaje de tranquilidad le permitieron incluso un repunte en 2012. Pero, desde 2014, la crisis se ha precipitado. Los hoteleros y touroperadores ya ni sueñan con los 10 millones de entonces, que dejaron más de 7.000 millones de euros en su balanza de pagos. En 2015 apenas superaron los 6 millones y el ejercicio recién cerrado ni eso.

Una realidad que pone en peligro el cuidado y la conservación de su inmenso legado patrimonial. Solo con los tickets de visitas a sus emblemas de las pirámides de Guiza, el Museo de El Cairo, Luxor o Abu Simbel, las arcas del país recaudaron 200 millones de euros en 2010. En 2016 no llegarán a los 35 millones. «Las antigüedades se deterioran por todos lados», lamentó ante las agencias de prensa el arqueólogo y exministro de Antigüedades Zahi Hawass. De este experto dice el touroperador libanés afincado en España Mohamed Ezzedine que «hizo avanzar el patrimonio en diez años lo que otros tardaron medio siglo».

Todo parado

Ezzedine, amigo personal de Hawass y pionero en viajes patrimoniales a la esencia cultural egipcia, no es tan pesimista. «Han bajado las misiones extranjeras y tal vez no hay el nivel de investigación arqueológica de antes, pero el turismo se ha recuperado y en navidades estaba abarrotado», insiste. Incluso pronostica carteles de 'completo' para la próxima primavera.

No solo se han parado las excavaciones. El Museo de El Cairo está casi a oscuras para ahorrar. Y hay dudas de que en 2018 abra el Gran Museo Egipcio, el faro que debía iluminar la vuelta al gran circuito turístico. Mientras llega, 250 agencias locales «mostrarán su musculatura en FITUR (Feria del Turismo)», avanza Ezzedine, que considera clave «transmitir tranquilidad al viajero, pero también a los operadores nacionales». Todo parece poco para romper una ley que aplica todo turista cuando elige un destino. «Hay miedo y se piensa que, cuanto más cerca se esté de casa, más probabilidades tendré de regresar bien», resume Xavier Canalis, experto en la zona de la web turística Hostaltur.

El Gobierno del general Al Sisi lucha por la estabilidad social y en las calles, primer paso para recuperar el mayor recurso económico del país. Y la prensa ha convertido ese empeño en cuestión nacional. El diario 'Al-Ahram', uno de los de mayor tirada en El Cairo, publicó recientemente 'El turismo tiene que regresar', un largo e imperativo editorial en el que recuerda que el país ha delegado la seguridad de sus aeropuertos en grandes consorcios anglosajones e incluso ha construido fábricas para producir dispositivos de rayos X y detectores de explosivos para todos sus lugares públicos. Los rusos (con mucho, su mayor cliente) y los británicos ya anuncian la normalidad en sus puentes aéreos turísticos. Los aeroplanos alemanes y japoneses también han regresado. «Debemos trabajar sin olvidar que Egipto está en guerra y el turismo es una industrial frágil a la que se dirige. Debemos estar preparados para todas las posibilidades», arenga la cabecera de 'Al-Ahram'.

Los datos de la agencia oficial egipcia (CAPMAS) reflejan que en el primer semestre de 2016 las visitas turísticas se desplomaron un 48,78%. Apenas tres millones de pasaportes se sellaron en sus aduanas. Desde 2014, cuando aún superó los 10 millones, la caída ha sido en picado.

españoles viajaron a Egipto en 2015, un 16% más que el año anterior. La cifra es un repunte tras el desplome anterior: pasó de 150.000 en 2010 a 23.580 en 2013.

Los expertos defienden que las excavaciones que han esperado 5.000 años «pueden aguantar un poco más», mientras el país reorienta sus prioridades en el cuidado de su rico patrimonio. Pero los ingresos por entradas turísticas han caído un 85%.

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