La Verdad

Adiós a la cuna del monstruo

La casa de Hitler y, en primer plano, el monolito con una inscripción por la paz.
La casa de Hitler y, en primer plano, el monolito con una inscripción por la paz. / Joe Klamar / AFP
  • El Gobierno de Austria decide derribar la casa natal de Adolf Hitler y contruir en su solar un centro cívico

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El Gobierno de Austria ha decidido acabar con una de las últimas reliquias de la vida de Adolf Hitler que quedaban en pie. Su casa natal en la localidad de Braunau am Inn será pasto de la piqueta, según anunció ayer el ministro austriaco de Interior, Wolfgang Sobotka. El inmueble, que es propiedad de una mujer llamada Gerlinde Pommer-Angloher, se «donará al municipio para fines caritativos o administrativos», según declaró el ministro al diario 'Die Presse'. De esta manera, el Gobierno de Viena hace suyo el dictamen sobre la casa de la comisión de expertos, que decidió su demolición para evitar que «adquiriera una fuerza simbólica» entre los neonazis. Durante años, el Estado había sido el arrendatario de la casa con el objetivo de que no se convirtiera en lugar de peregrinación de la ultraderecha o de «difusión del pensamiento nacionalsocialista». Para ello pagaba mensualmente 5.000 euros.

En el solar será levantado un nuevo edificio, dado que, según el titular de Interior, la casa necesitaría una «reforma en profundidad» para ser reacondicionada como centro para discapacitados, tal como lo había sido entre 1972 y 2011. Las instalaciones deberían adecuar los accesos y las estancias a las dificultades de movilidad de estas personas.

El pasado verano, el Gobierno aprobó la normativa que permitirá expropiar la casa a la actual propietaria. Se trata de un edificio histórico del siglo XVII, ubicado en la calle Salzburger Vorstadt número 15, en cuyos bajos funcionó una cervecería hasta la llegada de los nazis al poder y la anexión de Austria por el III Reich.

En su fachada nada indica que allí nació Hitler el 20 de abril de 1889. Tampoco hay un cartel en memoria de las víctimas del nazismo. De que no hubiera ningún símbolo se cuidó mucho la propietaria. Sin embargo, junto a la casa sí existe un monolito en el que se puede leer: «Por la paz, la libertad y la democracia. Nunca más fascismo. Millones de muertos lo advierten». Pero el mensaje no menciona al dictador, que solo residió allí los primeros tres años de su vida.

En todo caso, la calle se había convertido en lugar de atracción para decenas de turistas curiosos e incluso neonazis. El lugar se identifica porque en la puerta aparecen las iniciales 'MB', que responden al nombre de Martin Bormann, secretario personal del Führer, que en 1938 compró la casa a Josef Pommer, antepasado de Gerlinde Pommer-Angloher. El régimen nazi convirtió el inmueble en centro de difusión de su ideología.

Tras la Segunda Guerra Mundial, los propietarios recuperaron la casa, que luego tuvo varias utilidades, desde un banco hasta un colegio. En 1972 fue el Ministerio de Interior el que decidió convertirla en un centro de atención diurna para discapacitados. Finalmente, la expropiación acabará con la vivienda natal del genocida, que podría volver a acoger en el futuro la sede del centro de día para los minusválidos de la localidad. Aquellos que el régimen nazi en su día exterminó.