La Verdad

Empollones, frikis, ¡estamos con vosotros!

Cinco de los doce integrantes de The Big Van Theory, en una visita a la Menéndez Pelayo de Santander, alrededor de su furgonetón (Big Van, en inglés; de ahí el nombre). :: r. c.
Alberto Vivó. Licenciado en Biotecnología y Nanotecnología, y capaz de enseñar cómo producir energía renovable utilizando bacterias en un proceso biogeoquímico.
Juan Junoy. El veterano del grupo y profesor de Biología Marina en la Universidad de Alcalá. Ha triunfado con un texto sobre las adaptaciones evolutivas de los invertebrados.
Ana Payo. Investigadora del Instituto Mediterráneo de Estudios avanzados (IMEDEA- CSIC). Quedó segunda en Famelab 2014 con un monólogo sobre la historia de las gaviotas.
Javier Santaolalla. Ingeniero de Telecomunicaciones y licenciado y doctor en Física. Con una beca del CIEMAT realizó el doctorado en el CERN, el mayor laboratorio del mundo.
Santiago García Cremades. Matemático de la Universidad de Murcia. Ocupó el tercer lugar del último concurso Famelab con un monólogo sobre la historia del último teorema de Fermat.
Cinco de los doce integrantes de The Big Van Theory, en una visita a la Menéndez Pelayo de Santander, alrededor de su furgonetón (Big Van, en inglés; de ahí el nombre). :: r. c. Alberto Vivó. Licenciado en Biotecnología y Nanotecnología, y capaz de enseñar cómo producir energía renovable utilizando bacterias en un proceso biogeoquímico. Juan Junoy. El veterano del grupo y profesor de Biología Marina en la Universidad de Alcalá. Ha triunfado con un texto sobre las adaptaciones evolutivas de los invertebrados. Ana Payo. Investigadora del Instituto Mediterráneo de Estudios avanzados (IMEDEA- CSIC). Quedó segunda en Famelab 2014 con un monólogo sobre la historia de las gaviotas. Javier Santaolalla. Ingeniero de Telecomunicaciones y licenciado y doctor en Física. Con una beca del CIEMAT realizó el doctorado en el CERN, el mayor laboratorio del mundo. Santiago García Cremades. Matemático de la Universidad de Murcia. Ocupó el tercer lugar del último concurso Famelab con un monólogo sobre la historia del último teorema de Fermat.
  • Los doce investigadores monologuistas de The Big Van Theory publican un libro en el que reúnen un año de éxitos por España y América Latina, donde han usado el humor para divulgar la ciencia

Han resuelto el teorema que conecta la reacción química de la risa con la ciencia, esa cosa que tiene fama de ser siempre para gente muy seria. ¿Cómo hacer reír explicando epigenética, biofilms o el bosón de Higgins? Cosas que son una parte fundamental de nuestras vidas pero de las que huimos por su aridez. «Empollones, frikis, ¡estamos con vosotros! No tiene nada de malo saberse el número atómico del boro y no saber quién es el portero titular del Real Madrid». Es el grito cómplice de Eduardo Sáenz de Calderón. Este doctor en Matemáticas que investiga álgebra computacional es el germen de The Big Van Theory, una docena de científicos que, cuando se quitan la bata o abandonan el púlpito de sus clases, recorren los escenarios a bordo de su furgoneta (van, en inglés) para convertir teatros, bares y escenarios en una universidad popular. Ayer cerraron su primera temporada de científicos-cómicos con la presentación en el Teatro del Arte de Madrid del libro 'Si tu me dices GEN lo dejo todo' (Ed: La Esfera de los Libros) en el que resumen sus mejores monólogos. Muchas horas antes del acto, ya no había forma de hacerse con una entrada.

Frente al hartazgo de una gran parte de la familia científica, sumida en la desesperanza, el desánimo por los recortes y la fuga de cerebros, este colectivo ha decidido hacer reír como fórmula de reivindicarse a sí mismos. «Es una manera de hacer entender a la gente que en España se trabaja mucho por la ciencia, a pesar de lo duro y sacrificado que es», resume el biotecnólogo Alberto Vivó, otro de sus integrantes. Les reunió a todos la llegada a España en 2013 del festival de concursos científicos FameLab, un certamen nacido en Inglaterra con la intención de explorar nuevos caminos para divulgar la ciencia. El riojano Sáenz de Calderón ganó y decidió invitar a sus rivales finalistas a participar en el Frikoño, el festival friki de Logroño. Se dieron cuenta de que había química con la gente y que podían abrir los despachos de la ciencia para llevar su saber a todos los rincones.

«Mil cubos de agua con 10 litros. Uno tiene veneno. Mata a un cerdo cada 30 minutos exactos. ¿Cuántos cerdos necesitas para hallar el cubo con veneno en menos de una hora?» Es solo uno de los retos que se pueden escuchar en alguna de sus funciones. Dada su formación han asaltado las redes sociales, que se han convertido en el mejor 'virus' para inocular el interés por los temas de investigación, incluso entre aquellos que aún no han podido acudir a sus espectáculos.

Risas para acercar la ciencia

Pero en un país donde el modelo Club de la Comedia hace años que está instalado, el colectivo reclama a su público que no se confunda. «Nosotros no usamos los términos científicos para hacer reír, sino que apelamos a la risa para acercar la ciencia», insiste poniéndose serio Sáenz de Cabezón. Eso significa un gran esfuerzo para seleccionar los temas y muchas horas de estudio para 'adelgazar' ecuaciones, números y terminología y hacerlo digerible sin pensar en la formación del oyente. «Mucha gente piensa que frivolizar es la mejor manera de transmitir conocimiento y pensamos que es al revés. Somos muy cautos y respetuosos», resume Javier Santaolalla, un ingeniero de Telecomunicaciones y físico que se doctoró en el famoso CERN suizo, el mayor laboratorio mundial.

Cada uno en una esquina, con horarios muy distintos, los de The Big Van Theory roban tiempo a todo menos a su labor científica para responder a la creciente demanda de actuaciones. No aspiran a comer de esto porque, como reconoce Alberto Vivó, «vivir de la divulgación es muy difícil». Paradójicamente, ya son referencia para los que sí cobran de ella como el antropólogo Arsuaga (yacimiento de Atapuerca) que admite que con estos monólogos «yo he aprendido a explicar la ciencia».

Mientras su agenda de funciones no deja de crecer y ya preparan los monólogos de la próxima temporada, la 'troupe' de la 'Teoría del Furgonetón', como ellos se denominan, se lanza a la conquista de nuevos escenarios. Se les puede ver en el Metro de Barcelona explicando a los pasajeros que «comparten el 99,99% de su genoma con Johann S. Bach». Y ya han creado escuela. Estos días un vídeo musical de los científicos del Instituto de Investigación Biomédico de Barcelona (donde trabaja Helena González, miembro del club) reclama más esfuerzos contra el cáncer. La ciencia no está para chistes pero el gremio se apunta a las ventajas científicas del buen humor.