Cómo sobrevivir sin el Trasvase

Manifestación del pasado 13 de diciembre en Murcia para reclamar agua. Lucas Jiménez en la pancarta de cabeza con miembros del Círculo del Agua./Vicente Vicéns / AGM
Manifestación del pasado 13 de diciembre en Murcia para reclamar agua. Lucas Jiménez en la pancarta de cabeza con miembros del Círculo del Agua. / Vicente Vicéns / AGM

Los regantes se reinventan para controlar el agua desalada e integrar a más socios en el Scrats. El Sindicato hará un sondeo entre sus 80 comunidades para saber qué volúmenes están dispuestas a comprar los próximos años

Manuel Buitrago
MANUEL BUITRAGO

Después de 40 años, los regantes del acueducto Tajo-Segura se tienen que reinventar para sobrevivir en un nuevo escenario y con otras reglas: con el canal cerrado desde mayo por falta de reservas, y con unas negras expectativas trasvasistas, están abocados directamente al consumo de agua desalada. Al Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo-Segura (Scrats) habrá que alargarle el nombre para incluir las desaladoras. «Hasta el agua del rocío si hiciera falta», apostilla Lucas Jiménez, presidente de este organismo que integra a 80 comunidades de Murcia, Alicante y Almería, y que ha propiciado la mayor revolución económica y social del Sureste.

Un organismo nacido por y para el Trasvase, pero que se ha quedado de momento sin trasvases. Para reinventarse, el Scrats ya ha marcado las pautas: por un lado, conseguir del Ministerio de Agricultura las mayores concesiones de agua desalada para garantizarse unos recursos mínimos a medio plazo; y por otro lado crecer en tamaño e influencia integrando a más asociaciones de regantes igualmente acuciadas por la falta de agua.

40 años de trasvases El Scrats está en la mayor encrucijada de su historia

Nadie está dispuesto a que se pierda un sector hortofrutícola, ligado a una industria agroalimentaria de primer nivel, que tanto ha costado levantar. Con la principal fuente de suministro -la cabecera del Tajo- agotada por la sequía, el Scrats está en la mayor encrucijada de su historia, y la única vía de escape que tiene a corto y medio plazo es la desalación.

Un camino al que les ha conducido obligatoriamente el Gobierno central desde el año 2004, cuando Rodríguez Zapatero derogó el Trasvase del Ebro. Ni aquel entonces, ni Mariano Rajoy ahora, quieren abrir más conflictos territoriales con los trasvases. Al final, la desalación ha uniformado a socialistas y populares; mientras que los regantes, productores y exportadores se sienten burlados por las promesas incumplidas para solucionar definitivamente el déficit de la cuenca del Segura.

No renuncian al acueducto «Faltan soluciones rápidas; los trasvases van para largo»

«Obviamente tenemos que reinventarnos», declara Lucas Jiménez. «Nuestra principal línea de trabajo es mantener el Trasvase Tajo-Segura y reclamar transferencias externas como la mejor forma de solucionar el déficit, pero entendemos que esto último será muy difícil de conseguir, y a muy largo plazo». Está en manos de los políticos, que han sido incapaces de ponerse de acuerdo en un asunto de Estado de tanta trascendencia como el agua. «La gente quiere soluciones rápidas y a corto plazo, para salvar sus cosechas y las costosas inversiones que han realizado durante largos años. Este es nuestro reto inmediato».

El objetivo del Scrats es liderar un nuevo sistema de gestión combinado de aguas trasvasadas y desaladas. «La mezcla de recursos será nuestra salvación, pero hay que hacerlo de una forma conjunta », señala. El Tajo-Segura es una pieza fundamental al que se le sumará desalación.

No se les pasa por la cabeza ceder un ápice con el acueducto, que está en el ADN del Sindicato. Su sostén financiero depende de que haya trasvases, de lo cual se benefician también las confederaciones hidrográficas del Tajo y del Segura, así como los gobiernos de Extremadura, Madrid y sobre todo de Castilla-La Mancha. Estos son los principales receptores del 'tasazo' de 1 millón de euros al mes que el Ministerio ha impuesto a los usuarios del Segura -regadíos y población-, se consuma o no el agua nominalmente asignada de la cabecera del Tajo.

Cambia el escenario Alcanzar los 400 hectómetros anuales de agua industrial

El Scrats se va a dirigir a todas las comunidades de regantes a su cargo para que digan cuánta agua desalada están dispuestas a comprar en los próximos años. De esta forma calcularán las necesidades reales, teniendo en cuenta las variables del Trasvase: años normales, regulares o malos como ahora. Estos últimos son cada vez más abundantes debido al cambio climático.

Lucas Jiménez advierte de que la reserva de agua desalada lleva implícito un compromiso económico, por lo que hay que afinar mucho. Calcula que las plantas de Acuamed (Torrevieja, Valdelentisco, Águilas y la inutilizada de Villaricos) pueden proporcionar unos 200 hectómetros al año para la agricultura, siempre que los abastecimientos no reclamen esos recursos, como sucede ahora. La planta de Escombreras, arrendada por la Comunidad Autónoma a Hydro Management (ACS), puede aportar otros 48 hectómetros con la ampliación.

Pero hará falta más, de ahí que el Sindicato está decidido a participar en el proyecto que promueve un grupo de 16 empresarios, productores y cooperativistas del Campo de Cartagena para construir dos desaladoras de 60 hectómetros cada una, que piensan gestionar ellos mismos. El volumen óptimo son 400 hectómetros anuales de agua industrial.

Integrar a más regantes Conseguir las mayores concesiones en desalación

Los regantes del Trasvase no se limitarán a comprar toda el agua desalada que puedan, sino que quieren liderar el nuevo sistema que producción y distribución de recursos, que aún no tiene un diseño claro. El primer objetivo es conseguir las concesiones de agua de Torrevieja para que las gestione el Sindicato, y no las comunidades de regantes por separado. El siguiente paso es hacer lo mismo con el resto del agua desalada que puedan comprar. Lucas Jiménez cree que de esta forma se vertebraría mejor el suministro para los regadíos.

«Lo ideal es llegar a un sistema global, y si es necesario integrar a más comunidades de regantes», indica Jiménez, en referencia a los usuarios del Campo de Murcia que utilizan agua de pozos y de la desaladora de Valdelentisco.

Los regantes creen que esta sequía no es como la del año 1995. «Tiene otros parámetros diferentes. Ahora hay mayor producción hortofrutícola y de una forma más tecnificada», apunta. «Esta situación nos debe ayudar a sacar conclusiones, y la primera es que debemos superar esta crisis con unidad».

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