«En el siglo XXI, quien no desarrolla su faceta profesional, acaba frustrándose»

María Trinidad Herrero. /Javier Carrión / AGM
María Trinidad Herrero. / Javier Carrión / AGM

María Trinidad Herrero Ezquerro.Presidenta de la Asociación Lyceum

MINERVA PIÑERO

Médica por vocación e inquieta por naturaleza, María Trinidad Herrero Ezquerro ha conseguido materializar Lyceum, un punto de encuentro entre jóvenes estudiantes y experimentadas catedráticas que persigue poner en contacto a todas las generaciones de mujeres trabajadoras. En un ambiente informal y relajado, más de treinta asociadas, tanto de ciencias como de letras, se reúnen en el Real Casino de Murcia semanalmente, sede en la que se establece la entidad.

-¿Es feminista?

-Sí, hecho que no significa que me manifieste en contra del hombre, ni que piense que la mujer es mejor que él. Mi gran preocupación es que nosotras, muchas veces, no tenemos las mismas oportunidades profesionales. Es un cuestión de justicia social; y apoyo la corriente neofeminista. Somos iguales en la diferencia.

-¿En qué diferencia?

-En la genética. Enfrentamos los problemas y entendemos la vida de manera distinta, son condiciones con las que nacemos. La mayor parte de los hombres tienen unas características que son desiguales a las de las mujeres, y viceversa.

-¿Algún ejemplo de esas características?

-Para elaborar un trabajo, mientras que ellos suelen ir directamente a la meta, ellas se fijan más en los procesos que deben realizar antes de alcanzar el objetivo. Por otra parte, los hombres se orientan mejor, y, en general, las mujeres presentan mayor fluidez verbal. Es una cuestión de proporcionalidad, ya que también existen hombres que tienen una gran capacidad verbal, y mujeres que saben guiarse perfectamente en el espacio.

-¿Por qué 'Lyceum'?

-Para hacer referencia a los movimientos feministas iniciados en Londres a principios del siglo XX, corrientes sociales que se denominaban de esta forma. Entre las fundadoras, encontramos a la novelista española Emilia Pardo Bazán. Además, es una palabra corta, suena bien e identifica perfectamente a las mujeres.

-¿Qué actividades realizan?

-Aparte de organizar reuniones semanales en el Casino, hemos creado un ciclo de conferencias. El 21 de noviembre, por ejemplo, se realizará el foro 'Mujeres, ciencia y nutrición'.

-¿Son bienvenidos los hombres?

-Claro. Como en el Lyceum original, también están invitados. De hecho, solían asistir grandes intelectuales de la talla de Rafael Alberti y Juan Ramón Jiménez.

-¿En qué otro tipo de iniciativas ha participado?

-En muchísimas. Desde 1995, he visitado tanto numerosos centros regionales de la mujer, como pequeñas aldeas de Bolivia, México o Perú, sitios en los que tuve algún mal entendido con los maridos de ellas. Ni me querían dejar programar las reuniones en ciertos poblados.

-¿Cuál fue su detonante en 1995?

-Ser convocada por la oficina de Naciones Unidas para representar a España en la conferencia de Pekín, evento al que acudieron notables figuras como Hillary Clinton. Allí expusieron el gran problema: las mujeres eran las que más entraban a la universidad y quienes mejores notas obtenían, pero también las que no llegaban a los puestos de dirección. Actualmente, la brecha sigue existiendo entre los 25 y los 35 años. La tijera se ha retrasado, pero no ha cambiado nada.

-¿Cómo puede participar cada persona para cerrar la brecha?

-Modificando ciertos detalles en la educación. A las niñas, por ejemplo, se les educa para cuidar a sus muñecas. Mientras, al chico, para que construya. Cuando crecemos, damos por sentado que la mujer se quedará en casa cuidando de los hijos. En Lyceum, queremos que las jóvenes se den cuenta de que se van a sentir más realizadas como mujeres si cumplen tanto su parte personal, como la laboral. En el siglo XXI todo la gente trabaja, y, quien no desarrolla su faceta profesional, acaba frustrándose.

-¿Y la sociedad en su totalidad?

-Asumiendo responsabilidades. Hace poco, una amiga me explicó cómo su marido le ayudaba en las tareas domésticas de casa, pero, al final, quien estaba pendiente de cualquier cosa que faltase, era ella. Hay que ser corresponsable y compartir las obligaciones: no es simplemente colaborar o ayudar, también es participar.

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