La Verdad

Bandas de Pascua en Santa Eulalia

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Los estantes del Resucitado, con túnicas blancas, salen de la iglesia de Santa Eulalia. / Alfonso Durán / AGM

  • El Resucitado pone fin a la Semana Santa con su tradicional procesión y el pregón de cierre a cargo del edil Jesús Pacheco

Aún los últimos cristianos rezagados que retornaban a sus hogares tras celebrar la Pascua tuvieron oportunidad, cumplidas las ocho de la mañana, de cruzarse con el cortejo de la última procesión de la Semana Santa murciana, la única de Gloria que da el aldabonazo a unos días de Pasión. Se cerraba así el itinerario cofrade murciano que, para todas y cada una de las cofradías, ha sido también de gozo por el buen tiempo que ha acompañado las procesiones y el elevado número de ciudadanos que ha presenciado todos los desfiles.

La espléndida procesión del Resucitado, aquella que irrumpe en las calles con una algarabía de sones blancos y alegres, es el único desfile de nuestra hermosa Semana Santa que puede llamarse, sin lugar a dudas, imprescindible. Porque sin Resurrección no puede existir el cristianismo; porque si la muerte no es aplastada, la vida carece de sentido. Desde luego, no resulta tarea sencilla entonar un cántico que resuma el colorido de los pasos, el crujir de las esparteñas, el golpe de los estantes sobre las tarimas que alzan al cielo estos nazarenos blancos.

Este es el ambiente de la Pascua, el de una mañana henchida de aromas a caramelos de bergamota y huevos cocidos, y monas pizpiretas que vuelan desde las 'senás', a punto de reventar de generosidad, a la mano de los niños. Esta es la fiesta del Resucitado, la algarabía de pasodobles y marchas triunfales, de flores que ensalzan a Cristo y a María, de emoción y fervor, de murcianía. Para los cristianos, el día de la Resurrección condensa su fe. Y lo viven tan dichosos como los miles de cofrades blancos que hacen vibrar la carrera nazarena mientras proponen a Murcia varios pasos de Antonio Labaña, como Las Tres Marías, la Aparición a María Magdalena o los Discípulos de Emaús. Junto a ellos, la Ascensión, de Hernández Navarro, o la Virgen Gloriosa, de Sánchez Lozano.

Al concluir el desfile, el concejal de Cultura, Jesús Pacheco, propuso su pregón de cierre, en un acto que ha adquirido enorme trascendencia en los últimos años. Jornada festiva, de encuentros familiares, de descanso tras la intensa Semana de Pasión, a modo de parada jubilosa que se reanuda en las barracas huertanas. Cuando la puerta de Santa Eulalia se cerró ayer, algunos recordaron el evangelio de la Vigilia Pascual. Después de diez intensos días de Pasión en Murcia, superadas todas las previsiones. Pedro se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose vio solo las vendas por el suelo. Y se volvió admirándose de lo sucedido.