La Verdad

Triste duelo del Sábado Santo

  • Dos procesiones completan mañana la última jornada de Pasión en la Murcia nazarena

Desaparecen de nuevo los caramelos y la alegría huertana. No es para menos, la ciudad llora y vela a Jesús crucificado y torturado. Es momento de guardar respeto. La tristeza invade el cortejo que, desde 1987, llena la tarde del sábado santo. Las túnicas se vuelven blancas en la procesión del Yacente. Es el luto hebreo, la manera de manifestar la pérdida. El color de la muerte. A las siete de la tarde, desde San Juan de Dios, partirán los dos pasos que forman este cortejo austero. El Santísimo Cristo Yacente, de Diego de Ayala de 1547, y Nuestra Señora de la Luz en su Soledad, del siglo XVII y autor anónimo.

No había procesión en esta jornada antes de la fundación de esta cofradía que cambia de color la pasión capitalina. Sus impulsores querían completar la Semana Santa con un cortejo de duelo, el previo a la gloria de la Resurrección. Encontraron un Cristo Yacente de gran antigüedad y lo convirtieron en el titular del luto blanco. No pudo, sin embargo, salir hasta 1988, tras ser sometido a una completa restauración. Es esta una de las obras más antiguas del ajuar artístico murciano, compitiendo con el Cristo de la Salud o el de la Misericordia. Fue Manuel Muñoz Barberán, tras un completo estudio, el que determinó su fecha y autoría. Con él sale en la procesión una imagen mariana que se incorporó al cortejo en 1999. Nuestra Señora de la Luz en la Soledad sustituyó a otra imagen, quedando como la definitiva hasta hoy. De autor anónimo, es también de gran antigüedad y completa un cortejo histórico en el que el arte y la pasión son las notas dominantes.

Una de las particularidades de esta procesión es que desfila sin música ni tambores. Una campana abre el cortejo y marca el paso de los nazarenos que salen con caras tapadas, todos iguales, y túnicas hasta el suelo. Este silencio permite escuchar de forma clara el sonido de los cabos de andas dando órdenes contra los tronos. Antes de empezar, los 120 nazarenos que forman este desfile de duelo reciben la llamada Procesión de la Fe, una breve reflexión en forma de oración.

Al blanco del Yacente le precede el negro del Rosario. La cofradía de la Caridad saca a las calles en este sábado santo su segundo cortejo. Vestidos de negro, con túnicas penitentes, salen desde Santa Catalina, con un único paso, Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos. La imagen es obra de Ramón Cuenca y es el quinto año que procesiona, siendo así el cortejo más joven de la Semana Santa murciana. De carácter levantino y con influencia salzillesca, representa a una virgen arrodillada en actitud orante. La procesión está de estreno porque este año se incorpora un grupo de tambores con toque propio. La cofradía corinta presenta, además, un nuevo estandarte de orfebrería y escultura realizado para la imagen con motivo de los cinco años que cumple en la agenda nazarena murciana.

La austeridad y el duelo tiñen de blanco y negro la última jornada de la Pasión capitalina. La ciudad empieza así a despedirse de la sangre, la tortura, la burla, la penitencia, los llantos y el dolor desgarrador. Se abren camino la esperanza y la gloria, marcados por la resurrección que se acerca. Los penitentes dejarán de serlo y lucirán colores alegres. El sábado santo dará paso, esta noche, a la alegría tantas veces anunciada y cumplida, año tras año.

El barroco de las imágenes de Salzillo, Roque López, Hernández Navarro, José Sánchez Lozano y otros autores pone nombre a la pasión que caracteriza esta Semana Santa que, declarada de Interés Turístico Internacional, es única en el mundo por su sentido y personalidad.