La Verdad

El 'Palero', de vuelta a la colegial

Encuentro entre Jesús Resucitado y la Virgen de la Encarnación en la Plaza de España, con las cofradías como testigos.
Encuentro entre Jesús Resucitado y la Virgen de la Encarnación en la Plaza de España, con las cofradías como testigos. / David Giner / AGM
  • Jesús Resucitado, tras salir del sepulcro, recorrió la vieja ciudad antes de ascender al cielo. La talla de Roque López hizo su salida procesional por el carrerón de San Patricio por el que no desfilaba desde los terremotos

Cohetes y repique de campanas para anunciar que Jesús ha resucitado. Desde bien temprano, la ciudad era una explosión de sonido para contar a los cuatro vientos que el 'Palero' salía en procesión de la colegial de San Patricio. Pero no desde una zona acotada en la entrada principal, como lo ha hecho en los últimos años, sino por la puerta lateral, la del carrerón del templo, por la que no procesionaba desde los terremotos.

Su salida fue seguida por cientos de lorquinos y visitantes, que tenían una visión privilegiada desde la plaza de España. En este lugar se celebró el encuentro entre el Hijo y la Madre, teniendo como testigos los estandartes de todas las cofradías de Semana Santa, que hicieron un pasillo central. La Virgen de la Encarnación hizo su aparición por el arco de la calle Cava. Poco antes, el cortejo salió por la puerta principal de la colegiata y recorrió distintas calles del entorno para intentar mantener viva la tradición desaparecida -primero por la ruina de la iglesia de Santa María y más tarde por los daños causados en el monumento por el terremoto- de pasar la noche siendo velada por los vecinos del lugar.

Tras el encuentro, juntos emprendieron el recorrido por las calles de la vieja ciudad. No pudieron adentrarse en la calle Selgas, bajo el arco del Ayuntamiento, por encontrarse el adoquinado muy deteriorado y muchas de sus viviendas en ruina tras los seísmos. Descendieron por la calle Álamo, para continuar por General Eytier hasta Fernando el Santo y Alfonso X el Sabio. En la Plaza de la Concordia, una breve parada recordó cuando la iglesia de San Francisco acogió el 'Palero' hace algunos años, una mañana de Domingo de Resurrección, para resguardarlo de un fuerte aguacero.

En la procesión, un numeroso grupo de monaguillos que, con sus trajes de seda roja y encaje superpuesto, no cesaban de tocar campanillas anunciando la resurrección del Señor, y mujeres vestidas con la clásica mantilla española de color marfil escoltaban la Virgen de la Encarnación y el 'Palero'. La talla de Roque López, que este año cumple doscientos diecisiete años, representa a Cristo con una tipología apoteósica común a esta iconografía, con un pie en el sepulcro y otro en el aire, manto de amplio vuelo y portando el estandarte victorioso de su triunfo frente a la muerte.

De filiación clásica, siempre se ha destacado su lograda y atractiva composición, de gran dominio técnico, su armonía de líneas, así como la calidad de su suave modelado y policromía. Ayer desfiló en su trono de andas de estilo barroco, de madera de pino tallada, adornado profusamente con hojas de acanto y querubes en las esquinas.

El 'Palero' estuvo originariamente en la iglesia de Santa María hasta su traslado a San Patricio, tras la Guerra Civil. La imagen fue entregada a la Archicofradía de Jesús Resucitado en marzo de 1801 y salió en procesión por primera vez ese mismo año. Su coste fue financiado con el importe de las limosnas, censos de aguas y rifas -dos relojes y un chato murciano-, entre otras actividades.