La Verdad
Virgen de los Dolores de Manuel Martínez.
Virgen de los Dolores de Manuel Martínez. / AYTO. LORCA

Tallas que ya no pueden verse en procesión

  • La mayoría de las imágenes son posteriores a 1939, porque la barbarie de la guerra civil destruyó parte del importante patrimonio escultórico religioso

La ciudad inicia unas jornadas plenas de emoción, espiritualidad y pasión. A todo ello contribuye, sin duda, la imaginería de las distintas cofradías de la Semana Santa, muchas de ellas fundadas en el siglo XVI. En la actualidad, y en las distintas procesiones que salen a la calle, desfilan en sus tronos hasta diecinueve imágenes o escenas pasionarias. La gran mayoría de las tallas son posteriores a 1939, porque la barbarie de la guerra civil destruyó la mayor parte del importante patrimonio escultórico religioso, que era uno de los elementos imprescindibles en la Semana Santa.

Tal vez, por su especial devoción, en las dos cofradías mayoritarias, Muy Ilustre Cabildo de Nuestra Señora la Virgen de la Amargura (Paso Blanco) y Hermandad de Labradores (Paso Azul), la pérdida de sus Vírgenes titulares fue muy dolorosa por su significación. Pero también lo fue para la cultura, ya que esas tallas tenían un gran valor artístico.

Aunque algunas de las imágenes desaparecidas fueron sustituidas por nuevas esculturas que es posible ver en las procesiones, otras quedaron para el recuerdo, en unos casos con fotografías que se conservan, y en otros solo con las descripciones de los autores del momento, que permiten reconstruir esa pasada época procesionil.

La primitiva talla de la Virgen de los Dolores, Paso Azul, fue obra de un lorquino, Manuel Martínez, en los primeros años del siglo XIX. En el libro de Francisco Escobar 'Imágenes de Bussi, Salzillo y Don Roque López', se cuenta que «habiendo acordado la Hermandad de Labradores una nueva efigie en Valencia, su presidente, don Mariano Barranco, amigo de don Manuel Martínez, la encargó a éste sigilosamente. Ya concluida, hizo saber a los cofrades que la imagen había llegado, citándolos en San Francisco, donde se la llevó encerrada en un cajón. Acudieron todos y, al destaparla, quedaron admirados de su belleza».

Joaquín Gimeno Castellar, en un libro titulado 'Apuntes para una historia del Paso Azul', recoge la creencia de que, esta imagen, pudo ser salvada de las llamas por el que en ese momento era guardián de la Virgen, Juan Chuecos, que había conseguido retirar los vasos sagrados y los ornamentos de San Francisco, pero su muerte fulminante ese mismo día, impidió saber con exactitud si de verdad se había producido esa circunstancia y, en caso afirmativo, el lugar en que estaba escondida la imagen. Gimeno apunta que todos los registros llevados a cabo con posterioridad en el edificio habían fracasado.

La Virgen de la Amargura, del Paso Blanco, era una talla que realizó en 1752 el escultor Francisco Salzillo, como una versión lorquina de la Dolorosa murciana. Aunque al principio de su llegada a Lorca figuraba en procesión junto a la Virgen del Rosario, desde comienzos del siglo XIX solo aparecía en la procesión del Viernes Santo. Posteriormente, fue nombrada Patrona del Paso Blanco.

De las sencillas andas de madera iniciales, la Virgen de la Amargura desfiló en las procesiones con distintos tronos. Así, en 1905, esas andas fueron sustituidas por otras de plata de meneses de estilo neogótico. Con la intención de estrenar el palio, que se había comenzado a bordar en 1915, se construyó un trono de madera sobre ruedas, también de estilo neogótico, al que se adaptó el antiguo de plata. Este trono sufrió con el tiempo diversas modificaciones, entre ellas la sustitución con barras de metal las originales de madera.

Otras imágenes que salían de antiguo en las procesiones lorquinas, también destruidas en 1936, fueron San Juan Evangelista, la Verónica y la Oración en el Huerto en el Paso Blanco; el Cristo de la Caída en el Paso Morado; Nuestro Señor de la Sangre, del Paso Encarnado; Los Azotes, de los Negros Servitas; o el Santo Entierro, procesión con el cuerpo de Cristo tendido en una urna de madera con grandes vidrieras, que salía de las 'Monjas de arriba', y antes, del antiguo convento de frailes de la Merced en la Alberca.