La Verdad

El Resucitado resplandece bajo el sol

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Los portapasos de la Virgen del Amor Hermoso meten el trono en Santa María de Gracia, a las tres y cuarto de la tarde. / Antonio Gil / AGM

  • El esfuerzo de penitentes y portapasos para vencer al calor da un valor adicional a la procesión

«¡Viva la Aparición!», «¡viva!», gritaban en la Puerta de Murcia los portapasos del trono sobre el que la imagen de Jesús sorprende a María Magdalena. El que apareció poco después de la salida de la procesión de Nuestro Padre Jesús Resucitado, a las diez y media de la mañana, tras un nuboso comienzo del día, fue el sol. Y lo hizo para quedarse, brillar a conciencia y obligar a penitentes, granaderos escoltas y demás miembros de la comitiva a un esfuerzo suplementario que reforzó todavía más sus compromiso con la Semana Santa. Quienes iban bajo los once tronos que formaron la comitiva fueron los que mejor tuvieron que administrar el resuello. Los botellines de agua corrieron de mano en mano. También los pañuelos para secar el sudor. Todo para que la Virgen del Amor Hermoso entrara, al filo de las tres y cuarto, con un ligero adelanto sobre lo habitual.

Para el público, el tiempo fue inmejorable. Gafas de sol, refrescos y cerveza fría fueron el complemento básico para las miles de personas que asistieron al despliegue de las agrupaciones en la procesión que ponía fin a los diez días de escenificación de la Pasión de Cristo. El desfile más alegre, junto con el de la Burrica, el domingo anterior, completó unas fiestas en las que el termómetro se mostró benigno y, en los últimos días, alcanzó índices tres y cuatro grados superiores a lo habitual para ésta época del año. Desde el Silencio, el Jueves Santo, en ninguna jornada hubo menos de veinte grados de media.

La salida de la Escuadra de Batidores de Santa María tuvo lugar cuando el astro rey todavía dudaba entre mostrarse abiertamente o hacerlo a ratos, entre una y otra nube. El trono del Santo Ángel de la Cruz Triunfante hizo acto de presencia a continuación, con sus jovencísimos portapasos llenos de entusiasmo. Ellos fueron los primeros en dar y recibir «vivas», cuando giraban entre las calles Aire y Jara, en el inicio de este recorrido que discurre al revés que la mayoría de los que tuvieron lugar en los días anteriores. En el tercio de esta agrupación no faltaron elementos tan característicos como las uvas, el pan, la sábana y la espiga, portadas por cuatro jóvenes penitentes.

Pasadas las once, la cosa estuvo clara: el sol iba a imponer una penitencia adicional, moderada pero continua, en el día en que se celebraba la resurrección de Cristo. Los hermanos vara de cada agrupación tuvieron que estar muy atentos a los posibles desfallecimientos de los penitentes, obligados a marchar en silencio y guardando la formación, salvo en casos de emergencia. Aun así, hubo algún contratiempo, por razones de fuerza mayor. Como el de una joven del tercio del Santísimo Cristo de la Resurrección, que tuvo que pedir ayuda a la altura de la calle San Roque, porque le había dado un mareo. Su superior en la formación la ayudó a descubrirse y a sentarse en el alféizar de una ventana. La marcha continuó, con el hueco que dejaba constancia de la baja sufrida en el tercio. «Esto le pasa sobre todo a los mas jóvenes e inexpertos», comentó, más tarde, un veterano procesionista y exhermano mayor.

En algunas escoltas contaron con un aguador. Así ocurrió, por ejemplo, en la Escuadra de Batidores, donde una muchacha estuvo presta a refrescar a la tropa, siempre con una botella de agua en ristre.

Pese al calor, el sol hizo aún más atractivos los ya de por sí vistosos ropajes de las agrupaciones. El blanco del tercio titular y de los nutridos grupos de nazarenos que marchaban después de cada trono fue el color guía al que acompañaron unos tonos amarillos, azules, rojos y verdes de gran intensidad.

El alcalde, José López, marchó con los miembros de la Mesa de la Cofradía, justo antes del trono titular. No fue la única autoridad que lo hizo. Hubo otro invitado bien visible, pese a ser nuevo en esta plaza.

López Miras, procesionista

Unos metros por detrás de López, la consejera de Cultura y Portavocía, Noelia Arroyo, y el presidente de la Autoridad Portuaria, Antonio Sevilla, flanqueaban a Fernando López Miras, diputado designado como candidato a presidente de la Comunidad. En este marco semanasantero tuvo lugar la que puede considerarse como la primera visita oficial a cielo abierto de quien este mismo mes afrontará la investidura como presidente del Gobierno autonómico. También él pasó calor con estoicismo, en su caso sin capuz ni trono que hicieran la prueba más difícil.

El público que asistió, de pie o sentado en sillas de plástico, y el que poco a poco se fue instalando en las mesas de bares y restaurantes, para tomar el aperitivo, aplaudió a rabiar a todos los participantes. Sin embargo, hubo algunos tercios y varios tronos que concentraron más piropos y mayores ovaciones. Así ocurrió, por ejemplo, con el de la Aparición de Jesús a Santo Tomás, portado por mujeres. También el ya mencionado del Santo Ángel de la Cruz Triunfante. Y, por supuesto, nadie se quedó de brazos cruzados al paso de San Juan Evangelista y de la Virgen del Amor Hermoso.

Los momentos finales encogieron los corazones de los procesionistas y del público, como todos los años. Después de la entrada de San Juan, los portapasos del trono del Resucitado lo sacaron para mecerlo enfrentado a María, que lucía su mantilla blanca y su manto primorosamente bordado. «¡Viva la Virgen del Amor Hermoso!», se oyó gritar desde las apretadas filas de público que llegaban de una esquina a otra de la calle del Aire. Y entonces se hizo el silencio y de cientos de gargantas brotó la Salve. Fueron los últimos minutos de la Semana Santa, santo y seña de estas fiestas. Después, con marcha muy lenta, la imagen entró en la Iglesia y dejo campo abierto al piquete de artillería, que puso el punto final a la procesión con su desfile hasta la Plaza de San Sebastián y la vuelta hasta la puerta de Santa María de Gracia.