La Verdad

Arropando a la Soledad

fotogalería

Procesión de la Vera Cruz de Cartagena. / PABLO SÁNCHEZ / AGM

  • Los morados se despiden el Sábado Santo con la Vera Cruz

Discurre en sentido contrario al habitual y está llena de sobriedad. Así es el cortejo marrajo que cierra la Semana Santa y que da paso a la alegría del domingo blanco, el de los Resucitados. La procesión de la Vera Cruz, de la hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, se caracteriza por el sentido penitencial, por estar iluminada por la luz de las ceras de los hachotes y por el hecho de que el Lignum Crucis preside la marcha.

La despedida que se tributa a la Santísima Virgen de la Soledad de los Pobres marca el punto final de los cortejos morados. Es la recogida y sentida salve ofrecida en el dintel de la puerta de la iglesia de Santa María de Gracia lo que pone el punto y final a la Semana Santa de 2017 para los hermanos marrajos.

Las Santas Mujeres se unieron a la procesión en el cruce entre las calles Duque y Plaza de la Inmaculada. Éstas salieron del Rectorado de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), vistiendo su beca universitaria por su vinculación con dicha institución.

Desde la UPCT

El trono, portado a hombros por 140 mujeres portapasos, representa a la Virgen, María de Cleofás y María Magdalena, y pertenece a la agrupación de los Estudiantes, razón por la cual el punto de salida fue el rectorado. Pasaron por la calle del Aire, San Miguel, Campos, San Francisco, Plaza de San Ginés, Duque, Caridad, Serreta, Plaza de López Pinto, Parque, Santa Florentina, Puerta de Murcia, Mayor, Cañón y Aire. Abre el grupo de acompañamiento del Sudario y los granaderos cadetes. A continuación, marcharon el tercio y trono del Santo Cáliz y la agrupación del Santo Sudario de Cristo.

Tras ellos entró en escena el tercio femenino de la Agrupación de San Juan Evangelista, que porta la imagen del Santo Amor de San Juan, obra de José Capuz, al que siguió el trono que da nombre a la procesión, la Vera Cruz, de la Agrupación de la Santa Agonía, que recoge en la cruceta un Lignum Crucis.

El tercio y el trono de la Santísima Virgen de la Soledad de los Pobres cerró el desfile. La imagen recorrió las calles del centro llevada a hombros por su grupo de caballeros portapasos. Su escolta fue un piquete de la Agrupación de Granaderos, que procesionó de luto, con el arma a la funerala y la cabeza descubierta.