La Verdad

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Capirotes del tercio del Ósculo, saliendo de la iglesia de Santa María de Gracia, al atardecer del Jueves Santo. / Antonio Gil / AGM

La muerte de Cristo apaga la ciudad

  • El Silencio californio cautiva a cientos de personas con su callada demostración de fe. Redobles de tambor, tintineos en los tronos y el golpear de los hachotes contra el suelo acrecientan la sensación de duelo

Solo los susurros, las curiosas exclamaciones, el llanto de algunos niños y los suspiros en los que se unía la admiración con el pesar acompañaron ayer el redoble de tambor que dio inicio a la procesión del Silencio, poco después de las nueve de la noche, desde la iglesia de Santa María de Gracia. Los cinco tercios y los cuatro tronos que la forman consiguieron apagar, a su paso, casi todas las luces de las calles que recorrieron, al mismo tiempo que avivaban la fe en Cristo en los corazones de muchos cientos de espectadores.

Mientras la ciudad seguía con su bullicioso ritmo en las calles anexas, el respeto, el recogimiento y la devoción por el Cristo de los Mineros, y por la Virgen de la Esperanza extendieron un manto de silencio desde la calle del Aire, pasando por Cañón, Mayor, Puerta de Murcia y Santa Florentina. En ellas se reunió la mayor parte del público, cuya concentración fue algo más escasa en el resto del itinerario (calles Parque, Serreta, Duque y San Francisco). También en la Caridad hubo un nutrido grupo de personas que quisieron ver pasar a la Virgen ante la Basílica. También el Ecce Homo y el conjunto escultórico del Trono de la Vuelta del Calvario fueron observados con arrobo por niños y grandes.

Los hachotes proporcionaron mayor solemnidad todavía a la comitiva, con el titilar de las llamas y el ritmo seco con el que los penitentes marcaron el paso, al hacer chocar su base contra el suelo. Dos grupos de manolas contribuyeron, de riguroso negro desde los zapatos hasta la mantilla, a acrecentar el duelo por la muerte de Jesús. Unas pocas decenas acompañaron al Cristo de los Mineros y lloraron su martirio en la cruz. Aproximadamente un centenar marcharon detrás de la Virgen, compartiendo con ella el dolor por la muerte de su hijo, el Mesías.

El piquete, que se hizo notar con el sonido de trompeta a la salida del trono de María, cerró la procesión con su paso marcial, para escoltar la imagen de la Madre de Dios. Muchos de los que habían visto pasar el cortejo, se colocaron detrás para seguir su estela.

Los portapasos volvieron a hacer gala de la fuerza y de la coordinación que exige marchar con cientos de kilos a cuestas y a oscuras y con la cabeza cubierta por capuces negros en señal del luto. Ni una vacilación duró más de una centésima de segundo, gracias también a la labor de equipo.

Susurros y redes sociales

«Tu hermano va el cuarto por la derecha». «¡Ssssh! Usa las redes sociales y no molestes a la gente», se dijeron dos miembros de una familia al inicio de la procesión a la entrada de la iglesia. Los móviles, en su mayor parte silenciados, fueron muy utilizados durante la procesión, pero para hacer fotos y también para transmitir mensajes, en lugar de realizar ruidosas llamadas.

También en las terrazas de bares y restaurantes se tuvo en cuenta la petición cofrade de reducir al mínimo el movimiento y los servicios a su paso. Asimismo, los propietarios de viviendas y negocios fueron respetuosos, en su práctica totalidad, con la petición de apagar todas las luces. Solo algunos anuncios luminosos en balcones aislados y los neones, a media potencia pero no apagados, de un par de franquicias rompieron esa tónica.

La última procesión california cerró con sobriedad y solemnidad la participación de la cofradía encarnada en la Semana Santa de 2017. Los marrajos esperaron respetuosamente a su conclusión para iniciar los preparativos del Encuentro de la madrugada. Los desfiles partieron del Callejón de Bretau para tomar Santa María de Gracia, al llegar la medianoche.