«¡Viva la Virgen guapa!»

La Virgen del Carmen, en la primera embarcación surca las aguas del Mar Menor entre sus fieles.
La Virgen del Carmen, en la primera embarcación surca las aguas del Mar Menor entre sus fieles. / Edu Botella / AGM

La Patrulla Águila se suma al homenaje a la Patrona del mar en una romería que cumple 125 años. Los pescadores rinden un cariño reverencial a su protectora, a la que lucen cubierta con corona de plata y decenas de rosas

ALEXIA SALASLo Pagán

La romería de la Virgen del Carmen cumple tantos años ya que no hay pescador vivo que pueda citar de memoria los primeros años de una fiesta que avanzaba por el Mar Menor a vela latina y con las contadas viandas de un tiempo de estrecheces. Sí llevan grabado a sangre y fuego los pescadores su compromiso con la Patrona en su día grande, cuando la exhiben con orgullo por tierra y mar rodeada de flores y faroles de plata entre vítores y pólvora.

Una vez más, en su 125º aniversario -aunque se remonta al siglo XVIII-, la romería partió del templo de San Pedro Apóstol a primera hora de una mañana tórrida. Un sol obstinado y el gentío habitual de la jornada festiva, reunido en Lo Pagán para recibir a la Patrona del mar, hicieron más lentos los últimos metros antes del muelle. En un vuelo especial, con motivo de la efemérides, la Patrulla Águila dedicó a la Patrona sus acrobacias y, como despedida, su bandera bicolor en el cielo.

Antes, a la Virgen la esperan varios altares en el camino hacia la playa: los instalados por los vecinos para cantarle salves a la Patrona, además del mural dedicado a Nuestra Señora del Carmen por la Compañía de Mario en un edificio, ante el que la procesión también hizo un alto. Abrían camino el presidente regional, Fernando López Miras, junto a la alcaldesa, Visitación Martínez, y el patrón mayor de la Cofradía de Pescadores de San Pedro, Jesús Gómez, con los pañuelos azules al cuello. Tras la última parada, en el altar de hojas de palma, una 'tronaera' envuelve el cortejo principal y toda la marea de cientos de fieles en una humareda de pólvora, entre la que se abren paso el vendedor de lotería con los décimos cifrados en el día de la festividad, las abuelas con los niños llorosos y las familias que trasladan toneladas de empanadillas a los barcos aún amarrados a puerto.

Cientos de veraneantes se agolpan a lo largo de la reja que separa el Club Náutico del exterior para ver la llegada de la Virgen. Los pescadores, con cariño a su protectora, a la que lucen cubierta con corona de plata y decenas de rosas tornasoladas a sus pies, tocan muelle. Ha llegado el momento crucial de situar el pesado trono repujado en plata que portan los pescadores sobre sus hombros, a bordo del 'Caricano', un barco de artes menores de 8,5 metros con el que volverá al Mar Menor.

La embarcación que vive el privilegio de acoger a la Virgen es propiedad de Rubén Albaladejo, tercera generación de pescadores, e Íker Alcorta. Remontaron la crisis a bordo de un arrastrero y acaban de estrenar el 'Caricano', que se convirtió ayer en protagonista de una romería histórica. «¡Tira 'pa'llá' un palmo!», recolocaban los pescadores el trono en el barco, entre sudores y la ilusión de su fiesta grande. «¡Gacha!», se oye a pie de barco desde el otro lado del muelle. «¡Espera!», contesta el pescador, que sin coger oxígeno alza la voz al cielo: «¡Viva la Virgen del Carmen, viva la Virgen del Carmen, viva la Virgen del Carmen, viva la Virgen guapa!».

El minuto de silencio en altamar quiebra la garganta de viudas y huérfanos de pescadores fallecidos. Les dedican cientos de claveles arrojados al mar al golpe de sirenas al unísono.

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