Un verano sin el Varadero

Miguel Ángel Pérez, 'Kuki Keller', junto a la puerta del local. / A. S.

«Le he pedido al Rey que intermedie para que me devuelvan la licencia», afirma Miguel Ángel Pérez, 'Kuki', propietario del mítico local

ALEXIA SALASSAN PEDRO DEL PINATAR

Este verano no ha habido magia nocturna en Lo Pagán. La historia del mítico Varadero, que comenzó en los años 80 y por el que han pasado desde Maya Plisétskaya a José María Ruíz Mateos, desde Loquillo al Marqués de Villaverde y numerosos artistas de la 'Movida', ha permanecido dormido y mudo desde la víspera de la festividad de la Virgen del Carmen, cuando la Policía municipal se presentó en la puerta azul añil y precintó el local.

La pérdida de la licencia, a causa de unas reformas que el Ayuntamiento de San Pedro del Pinatar consideró de obra mayor y ratificó después el juzgado, le han echado el candado al local más famoso de la costa murciana. «Le he pedido al Rey que intermedie para poder reabrir el local», asegura el propietario, Miguel Ángel Pérez, conocido como 'Kuki Keller', quien coincidió con el monarca en una recepción en París.

Dos visitas de Don Felipe

«Don Felipe vino en dos ocasiones hace años a La Chabola y lo recuerda», afirma sobre el local adosado a El Varadero, también de su propiedad y afectado a su vez por la orden municipal de cierre.

El dueño se considera agraviado por «un trato de acoso por parte del Ayuntamiento» y considera que el conflicto «acabará en la vía penal». Tras unos años de fama, en que se convirtió en referencia nocturna por el éxito de su estilo musical lleno de contrastes entre el pop rock más moderno y las incursiones del 'Pescaílla' o de Rafaella Carrá, su hegemonía en la costa de Lo Pagán comenzó a quebrarse con la apertura ilegal de los bares de La Curva en las antiguas casas de pescadores en primera línea de mar, sobre la franja de Dominio Público Marítimo Terrestre.

El ambiente nocturno con personajes variopintos atraídos por el ambiente de El Varadero se desvirtuó con la nueva zona de ocio, más propensa al reggaetón, de modo que el propietario alquiló el local y puso pies en polvorosa a otros lares alicantinos. Pasó a ser Passport y Penélope, como dos mutaciones sucesivas de la noche costera, pero la diversidad de la oferta en La Curva derivó en gentío y conflictividad en forma de peleas a las puertas de los garitos, quejas vecinales por el ruido y las basuras que sembraban al amanecer este rincón del Mar Menor. Los tribunales tuvieron que dirimir más de una denuncia de las asociaciones de vecinos contra los bares.

Segunda vida

Cuando Kuki volvió a abrir El Varadero quiso retornar las agujas del reloj y recolocó las barras en su sitio inicial. «Los de Penélope había tapado las cerchas -el falso techo- y modificado las barras, nada más», explica el dueño, aunque el conflicto no tuvo marcha atrás y en 2008 un decreto de Alcaldía firmado por el senador Pedro José Pérez ordenó el cierre.

En los años sucesivos se fraguó el acuerdo del Consistorio con los cinco bares ilegales de La Curva, por el que se les permitía funcionar durante 15 años más sin pegas legales a cambio de que cedieran los inmuebles al agotarse la cuenta atrás. Todos firmaron, excepto el bar Coyote, hoy cerrado, y El Varadero. «Por qué tenía que regalarles mi local si yo soy el único que no estoy en DPMT», cuestiona Pérez, quien asegura que sí acordó con el Ayuntamiento «que mi solar se calificara como zona verde, para que no se pudiera cambiar ni edificar». De hecho, será el único que tendrá derecho a una indemnización económica en caso de expropiación.

El mismo año en que se firma el acuerdo con los bares, con la disidencia de El Varadero, Pérez pidió la ampliación de la licencia de obra y le fue denegada.

Ante los tribunales

Recurrió a los tribunales, primero al Juzgado Contencioso Administrativo de Cartagena y luego al Tribunal Superior de Justicia -esta vez con la defensa del exdirector general de Calidad Ambiental, Antonio Alvarado como abogado- aunque fue en vano.

La situación legal de El Varadero se encuentra ahora encallada, sin perspectivas de apertura y un incierto futuro, ya que el Ayuntamiento tiene claro que «se encuentra en zona verde dentro del Plan General de Ordenación Urbana y cuando se crea conveniente, se expropiará con la indemnización legal oportuna», explica el edil de Urbanismo, Pedro Sánchez.

«Nadie ha pedido volver a abrir El Varadero», señala el edil, quien asegura que «podría obtener licencia provisional de actividad por estar fuera de ordenación, pero tendría que renunciar a la parte de indemnización de la futura expropiación por las obras de mejora que realice». «Los técnicos tendrían que ver si es posible volver a abrirlo», justifica, mientras niega trato de acoso con el local.

Un futuro de 10 años

Firmado en enero de 2012, el acuerdo que garantizó a los bares de La Curva 15 años de vida continúa su cuenta atrás. Con sus luces y sus sombras, la realidad es que nadie imagina ya Lo Pagán sin su zona de ocio nocturno, pero el documento ha dejado escrito el destino de esta franja de terreno litoral. «En 10 años se ejecutarán los convenios», advierte el concejal de Urbanismo, Pedro Sánchez. Todas sus construcciones serán demolidas y el terreno pasará de nuevo a ser de uso y disfrute público. Ninguno obtendrá nada a cambio de la cesión, ya que «el valor de la indemnización son los 15 años de actividad permitida», indica el edil.

Excepto El Varadero, el único que no está en DPMT, pero sí en zona verde, por lo que el Ayuntamiento previsiblemente ejercerá su derecho a expropiar y tendrá que indemnizar al propietario. «Solo el local que fue la zapatería El Trallazo se encuentra en la misma situación», indica Sánchez. «Ni estaba cuando se firmó el convenio ni estaré cuando se ejecute. No sé si es un buen acuerdo, pero era una demanda de los empresarios de Lo Pagán que se reabrieran los bares para atraer público a la localidad», señala el responsable. ¿Y cuál será el futuro de Lo Pagán después de 2027, sin La Curva? «Lo Pagán se reinventará», responde Sánchez.

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