La 'racha' inunda la lonja con 29.300 kilos de doradas en solo tres días

El pescador Antonio Jesús López prepara las doradas recogidas sobre un palé en el puerto./A. S.
El pescador Antonio Jesús López prepara las doradas recogidas sobre un palé en el puerto. / A. S.

El 20% del aluvión anual de capturas en el Mar Menor se destina a la exportación, sobre todo a los mercados cercanos de Francia e Italia

ALEXIA SALASSAN PEDRO DEL PINATAR

Unos le llaman la 'racha' porque llega como un maná que proporciona a los pescadores el 30% de los ingresos del año. Para otros es la 'removía', porque llega con la primera borrasca de noviembre, una ráfaga de viento más frío de lo habitual, un descenso en la temperatura del agua y el influjo de la luna llena. Los pescadores la esperaban y ha llegado esta semana. El lunes se produjo el pico máximo de captura de doradas de este año, con los 12.500 kilos que pasaron por la subasta de Lo Pagán. Con los 8.000 kilos extraídos del martes y los 8.800 del miércoles, la 'racha' ha dado la cara con un aluvión de 29.300 kilos de esta apreciada especie en solo tres jornadas.

Los pescadores no dan por terminados los días de gracia, ya que ayer la subasta aún continuaba al llegar la tarde y los barcos arribaban colmados de piezas plateadas, hasta el punto de que se vio algunos barcos alfombrados con pescado a falta de cajas para llenar.

Las previsiones meteorológicas dan que pensar en una prolongación de la 'removía', ya que anuncian más rachas y fuertes vientos al menos hasta el próximo lunes. Esa ventisca, imprescindible para alterar la vida bajo la superficie del agua, irrumpe cada año un día cualquiera de noviembre para provocar corrientes y migraciones. Ese chasquido de dedos de la naturaleza desata cada año en el Mar Menor las condiciones para que las doradas, que hasta ahora ramoneaban felices entre las algas del fondo, inicien su éxodo hacia el Mediterráneo para la reproducción.

Los pescadores las esperan con las paranzas dispuestas, los artes fijos de fondo que, como las encañizadas, engañan a los peces, que entran de esa forma por la boca de un embudo -caramboque- con dos semicírculos hacia una red cuadrangular.

Este sistema, con más de un siglo de tradición, permite mantener vivas las capturas más que ningún otro arte. Solo la caprichosa dirección de los vientos del norte y noreste benefician a unos caladeros más que a otros. Este año ha soplado hacia Matasgordas y El Carbón, ambos al sur del canal del Estacio.

En la primera compañía -caladero- cala sus redes estos días Antonio Jesús López, a quien los vientos han bendecido con casi 1.300 kilos de pescado en dos días. El lunes -día punta- llegó a la lonja con 769 kilos, de los que 647 eran doradas. «La 'racha' supera el 30% de los ingresos anuales en solo dos semanas. En diciembre vendrá la anguila, pero en enero y febrero no habrá apenas pesca, así que esto nos permite vivir en los meses malos», explica el pescador. «¿Los altibajos de los precios? Siempre estamos con lo mismo, pero no podemos hacer nada», se encoge de hombros el pescador. Este año no tienen tanto que lamentar. En subasta solo se ha depreciado hasta los 1,10 de mínima la dorada más pequeña -la talla mínima es de 20 centímetros-, que ha sido minoría. La mayor parte de las cajas las ocupan las más orondas, que se cotizan en subasta de 7 euros -el kilo- para arriba. El año pasado, la media de precio de la dorada durante la racha osciló en los 5,14 euros el kilo.

La mayor parte de las de tamaño pequeño se destinan a la exportación, que representa el 20% de las capturas de la 'racha', ya que la ráfaga otoñal de pescado da suficiente para abastecer los mercados cercanos y los europeos, sobre todo a compradores de Italia y Francia.

Los vientos han favorecido además a las doradas del Mar Menor, ya que tras unas semanas de abundancia de la especie en las lonjas italianas, en los últimos días ha comenzado a escasear, con lo que ha subido la demanda del producto murciano, mejor considerado por su carne más sabrosa, criada con una mayor salinidad. Esta cualidad es un valor añadido que los pescadores temen perder si se dragan las golas en exceso y el agua del Mediterráneo 'vulgariza' los indicadores de la laguna.

En los corros de la lonja suele ser tema de debate habitual: el temor a los cambios que amenazan la abundante pesquería del Mar Menor y que a los pescadores más antiguos extrañan. «Con 67 años no he visto nunca que haya por estas fechas tanto langostino», cuenta el jubilado Pedro Arenas, quien, eso sí, 'rachas' ha vivido unas cuantas.

Multas de 600 euros por vender pescado sin facturas

Tanto la Cofradía de Pescadores de San Pedro del Pinatar como el Servicio de Inspección de Pesca de la Comunidad Autónoma coinciden en que las capturas furtivas perjudican al sector y devalúan el producto del Mar Menor, al igual que la venta en pescaderías y restaurantes de mercancía adquirida sin factura, garantías sanitarias ni trazabilidad. Si un bar intoxica a unos clientes con pescado que ha retenido más tiempo de la cuenta, tendrá un serio problema si no puede justificar su origen. Las multas por adquirir mercancía ilegal alcanzan los 600 euros como mínimo, recuerdan los inspectores de la Administración regional que ayer revisaban las cantidades de pescado que los barcos descargan en el muelle, para que coincida con el que pasa por la subasta legalmente. Dicho a las claras: para que no se desvíe ninguna caja.

Al pescador que 'despiste' algunos kilos le puede salir caro: multa y posible retirada de la licencia. Con la Guardia Civil, controlan que no se desembarque mercancía en otras orillas, lo que supone una infracción y una competencia desleal con los pescadores que declaran hasta el último chirrete.

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