Anse y los pescadores estudian las causas del descenso de la población de anguilas

Varios pescadores seleccionan anguilas en la lonja de Lo Pagán./A. Salas
Varios pescadores seleccionan anguilas en la lonja de Lo Pagán. / A. Salas

Unos sensores permitirán seguir vía satélite a cuatro ejemplares y conocer al detalle las rutas que realizan

Alexia Salas
ALEXIA SALASSan Pedro del Pinatar

La tecnología permitirá conocer la vida y milagros de uno de los peces más misteriosos y escurridizos del Mar Menor. Cuatro ejemplares de anguila serán marcados con unos sensores que permitirán seguir vía satélite sus rutas, hábitos y amenazas, dado que su presencia decae de forma preocupante.

A pesar de que ya se pescaba siglos atrás en la encañizada durante las noches de invierno con gancho y farol, poco se sabe de la anguila. Su cuerpo serpentiforme no le ha evitado caer en las paranzas de los pescadores de la laguna desde tiempos inmemoriales. Este pez de carne apreciada -se cocina en la Región sobre todo frita o en arroz- ya está en 'peligro crítico' de extinción a nivel mundial y su alarmante despoblación en la laguna ha dado lugar a un estudio por parte de la Cofradía de Pescadores de San Pedro del Pinatar y la Asociación de Naturalistas del Sureste (Anse).

Las capturas en el último medio siglo

1953
22.568 kilos
1967
110.001 kilos
1973
68.581 kilos
1977
60.734 kilos
2014
33.537 kilos
2015
18.590 kilos
2016
26.816 kilos
2017
16.580 kilos

«Se considera que en los últimos 30 años las anguilas juveniles pueden haber disminuido hasta un 90%, y más del 50% en el caso de las maduras», explica el presidente de Anse, Pedro García. Durante los setenta, las capturas anuales no bajaban de los 60.000 kilos, con récords como el de los 110.000 kilos en 1967. Nada parecido a los registros más cercanos: si en 2014 la producción alcanzó los 33.537 kilos, el pasado invierno se quedó en 16.580. A los pescadores les preocupa la pérdida de especies en el Mar Menor, donde ven en franca retirada al mújol, un rey destronado en el actual dominio de la dorada y la lubina.

Los expertos también ven en franca retirada al célebre mújol, frente a la dorada y la lubina

Para estudiar este fenómeno, el proyecto Pesquerías Sostenibles de Anguila en Red Natura 2000 cuenta con la colaboración de la Fundación Biodiversidad, del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, a través del programa Pleamar, cofinanciado por el Fondo Europeo Marítimo y de Pesca. Colaboran también WWF/Adena, el grupo de investigación de Biología y Conservación de Vertebrados Acuáticos del Departamento de Zoología de la Universidad de Murcia y la Sociedad Zoológica de Londres (ZSL).

Sensores americanos

Ya ha encargado a un proveedor tecnológico de Estados Unidos el dispositivo de emisores que se implantará a las cuatro anguilas protagonistas del estudio para hacer el seguimiento vía satélite y conocer sus ciclos vitales. Además, marcarán a otras 600 anguilas con unos sistemas más económicos. Una de las incógnitas que pretende desvelar este 'espionaje' marino es si se mantiene la teoría de los sexos, que hasta ahora defendía que las anguilas que viven en los ríos se desarrollan como hembras, mientras los machos viven en aguas salobres como el Mar Menor. «Se han encontrado hembras de anguila en la laguna, por lo que se puede pensar que la teoría anterior no es del todo cierta», explica la bióloga de la Cofradía de Pescadores de San Pedro, Ana Muñoz Vera. Coincide Pedro García, quien asegura que «pueden vivir tanto en aguas dulces como saladas, se encuentran en la Albufera de Valencia y en el Delta del Ebro, igual que en la rambla del Albujón, donde se adentran buscando comida, y hace al menos 9 años estaba también en el río Segura y en la red de riego de la huerta de Murcia».

La sucesión de presas y azudes a lo largo del cauce del Segura, la contaminación y la desaparición de las antiguas pozas de riego han expulsado a la anguila del río levantino, donde también un proyecto de la Asociación Columbares trata de dragar algunas albercas, eliminar la basura y replantar vegetación autóctona para que regrese la fauna acuática.

El diámetro del ojo

Ya han comenzado a hacer mediciones de ejemplares en la lonja. Con periodicidad semanal miden la longitud de las capturas, el peso y la longitud de la aleta pectoral, que determina el sexo, al igual que el diámetro del ojo, algo más complicado de medir pues requiere anestesiar al animal, pero resulta fundamental para conocer más sobre el dimorfismo (diferencias de forma). Con la maduración sexual se les agrandan, dejan de comer y les cambia la coloración, del pardusco oscuro hacia un negro total con los flancos blanquecinos o plateados.

La diferencia de tallas según el sexo también juega al despiste: al revés que en muchas especies, los machos son más delgados y las hembras puedan llegar a duplicarles la longitud superando el metro de largo.

Hubo un tiempo en que esta metamorfosis de la anguila sembró la creencia entre los pescadores de que en la laguna cohabitaban varias especies de este pez, que gusta de las praderas de algas Caulerpa y Cimodocea, en drástica regresión con la turbidez del Mar Menor que les restó la luz necesaria para hacer la fotosíntesis. La alteración de su ecosistema podría abundar en las causas de su descenso, tal como trata de averiguar el estudio.

A la anguila, sin embargo, le van las aguas revueltas, y como se mueve sobre todo de noche, las mejores capturas se han registrado en madrugadas de temporal. «La pesca comercial debe cumplir con planes de recuperación», explica García, quien ve la oportunidad de «que la administración preste más atención a una especie que necesita ayuda y que se cumplan las recomendaciones de la Unión Europea». La pérdida de su hábitat, las grandes infraestructuras fluviales, que impiden su migración, y la sobrepesca son los principales enemigos que acechan a la anguila, según Anse.

Un heroico viaje

Ni el heroico Frodo Bolsón, a quien Tolkien cargó con una insufrible misión, se hubiera embarcado en el plan de viaje de una anguila. Claro, que aún peor es que una red de pesca te cancele el crucero al Mar de los Sargazos. A esta región del océano Atlántico, donde se ubica el temido Triángulo de las Bermudas, es el destino de la larga travesía que emprenden las anguilas -machos y hembras- desde los mares y ríos europeos cuando alcanzan la madurez sexual.

Tras ramonear felizmente -no sin peligros- en el Mar Menor, las anguilas de la laguna se unen en un éxodo oceánico con el resto de sus iguales hasta llegar a este mar donde no sopla el viento ni las corrientes alteran el único encuentro reproductor de su vida. Entre las columnas enmarañadas de sargazos -algas que flotan en vertical-, a una profundidad de entre 500 y mil metros, se aparean, desovan los huevos y, agotados, mueren.

La vida resurge a los pocos días de los huevos, que eclosionan y, movidos por las corrientes del Golfo, las larvas inician una asombrosa migración de vuelta a las aguas europeas desde donde partieron sus padres. En un periplo de dos a cuatro años, los que se han librado de las fauces de un cetáceo y otros peligros, llegan transformados en angulas, ya capaces de ascender por los ríos. Otras son empujadas por las corrientes hacia lagunas costeras como el Mar Menor, donde crecerán hasta que un invierno -dentro de 7 ó 10 años- sentirán la llamada biológica que los lleve al lejano mar donde nacieron.

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