La Verdad

Ciencia ficción en el geriátrico

Un momento de la demostración en la residencia pinatarense.
Un momento de la demostración en la residencia pinatarense. / A. S.
  • Las prótesis realizadas por las impresoras 3D y los robots-monitores de gimnasia asombran a los mayores

«Increíble, y ni japoneses ni 'ná' de eso. Todo español», se enorgullecía ayer una de las abuelas que asistió a la demostración del robot de gimnasia gerontológica en la residencia de mayores de San Pedro del Pinatar. Ancianos de los centros cartageneros de día de El Algar y Los Dolores, junto a los residentes del recinto pinatarense que gestiona la Asociación Edad Dorada Mensajeros de la Paz Murcia, se animaron entre risas a hacer unos cuantos estiramientos de brazos al ritmo que les marcó Osabot, el robot-monitor de gimnasia gerontológica, a través de una videoconferencia desde el instituto Don Bosco de Rentería, en Guipúzcoa.

El centro vasco es uno de los 11 centros de secundaria de toda España participantes en el proyecto Gutenberg 3D, subvencionado por el Ministerio de Educación para «motivar a los alumnos a mejorar su proceso de aprendizaje a través de las nuevas tecnologías», según apunta el coordinador nacional del programa, Fulgencio Bermejo, profesor de Electrónica del instituto El Palmeral de Orihuela (Alicante). Para el docente, «este no es el fin, es el medio», mientras señala la impresora 3D que construyó ayer, ante los ojos asombrados de los ancianos, la cabeza de un moái de la isla de Pascua. Milímetro a milímetro, la máquina transformó un rollo de plástico azul en una pequeña escultura.

Un humanoide marchoso

Incluso el marchoso humanoide Osabot que animó a los abuelos a desentumecer los músculos, ha sido realizado con una impresora 3D. «Es un robot libre y no nos quedamos con ese conocimiento», respondió por vídeo conferencia el profesor Carlos Lizarbe cuando uno de los ancianos le preguntó por la patente. «Somos un centro público y creemos en compartir el conocimiento para hacer avanzar el mundo.

Incluso el programa del móvil para conectar con el robot está disponible», explicó el profesor. «Estos niños tienen que estar orgullosísimos», exclamó una abuela, que después se acercó a ver los detalles de la impresora mágica. A algunos ancianos les pareció obra de encantamiento que pueda imprimir manos y pies útiles para prótesis. El avance responde más bien a los avances de las nuevas tecnologías, pero no deja de tener magia el efecto que producen en personas discapacitadas con bajos recursos. «Mientras que una prótesis cuesta entre 8.000 y 20.000 euros, las que realizamos con las impresoras 3D son más asequibles», explicó Lizarbe.

Sin la funcionalidad de las prótesis más sofisticadas, pero al alcance de cualquiera que la pueda necesitar. «Se trata de socializar la tecnología y el conocimiento», señala el profesor. «Los niños las piden de colores», comenta su colega alicantino. Los alumnos del proyecto Gutenberg 3D han fabricado ya varias manos para la asociación estadounidense sin ánimo de lucro 'Enabling the future'.

Los abuelos aún abrieron los ojos de par en par ante otros adelantos como Nurse, el dispensador de medicinas que conecta por internet con el médico, le envía las variables del enfermo y recibe la orden del tratamiento, que administra posteriormente al paciente con rigurosa disciplina.