Los robos de colmenas repuntan ante un jugoso mercado negro

Los robos de colmenas repuntan ante un jugoso mercado negro

Los apicultores empiezan a instalar cámaras y GPS en los panales para evitar saqueos que, a veces, «llevan al dueño a la ruina»

Alicia Negre
ALICIA NEGREMurcia

Es un golpe relativamente sencillo y muy rentable. La existencia de un jugoso mercado negro ha disparado en los últimos años los robos de colmenas en la Región. Un problema que trae de cabeza al sector, que ya agudiza el ingenio instalando cámaras de vigilancia junto a sus equipos e, incluso, colocando localizadores GPS en los panales.

Los saqueadores de colmenas propinaron el pasado año hasta 27 golpes en la Región, según los datos que maneja la Asociación de Apicultores de la Región (AARM), integrada en Coag. «Fue un año récord», lamenta Carlos Zafra, veterinario apicultor de la asociación. En lo que va de este 2018 estos amigos de lo ajeno, sin embargo, están menos activos. Se han producido seis robos. En el último año y medio, no obstante, los ataques a propiedades de apicultores superan la treintena. Una cifra que, remarca el sector, debe llevar a la adopción de una serie de medidas.

Este tipo de saqueos a los panales, remarcan desde la AARM, se están dando por toda la Comunidad, pero afectan con especial virulencia a la comarca del Campo de Cartagena. «En la mayoría de ocasiones son gente que conoce el tema», explica Zafra. «A veces son personas que quieren incorporarse al gremio pero no quieren gastar mucho». Con la crisis del ladrillo, fueron muchos los aficionados que buscaron en la apicultura una manera de ganarse la vida. «No precisa de una instalación y burocráticamente es fácil», advierten desde la asociación, «pero es una ganadería compleja».

Los saqueadores han dado más de una treintena de golpes en la Región en el último año y medio

El saqueo de colmenares lleva años preocupando al sector, pero ahora los ladrones piensan a lo grande y los efectos son brutales. «Los daños económicos son grandísimos», subraya Zafra. «Un apicultor medio tiene entre 500 y 600 colmenas. Si le roban 200 puede ser su ruina económica».

Los beneficios de los ladrones, sin embargo, suelen ser elevados. «El precio de una colmena puede rondar los 130 euros -a lo que habría que sumar el valor del enjambre y de los kilos de miel que contenga el panal-», explica este experto, «y hay gente que va con una furgoneta y carga».

Ese jugoso mercado negro es uno de los factores que, incide la asociación, impulsa estos robos. Otro es la elevada mortandad de abejas que se registra en otros puntos del país, como Extremadura o Salamanca, donde se acaban vendiendo algunos de los panales robados en la Región. «La mortalidad aquí es de un 30% pero allí alcanza el 60%», remarca Zafra.

Con el aumento de los robos, los apicultores han ido agudizando el ingenio. Además de grabar a fuego sus marcas en los panales, los profesionales han comenzado a colocar cámaras y han llegado, incluso, a instalar localizadores GPS en los colmenares. Unas soluciones que, sin embargo, requieren una enorme inversión que los apicultores no siempre pueden costear. «Nosotros no podemos permitírnoslo», reconoce el apicultor caravaqueño Carlos Enrique Martínez, «saldría carísimo, pero hay gente que sí que lo está colocando ya en algunos panales».

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