Revolución con acento murciano

WhatsApp, Toyota, Amazon, universidades punteras y hasta el CERN se rifan a jóvenes cerebros formados en la Región para contribuir con su «granito de arena» a seguir transformando un mundo tecnológico, algunos de ellos desde Silicon Valley

Daniel Vidal
DANIEL VIDALMurcia

De El Raal a Silicon Valley solo hay un Germán Ros de distancia. Salió de la pedanía murciana para trabajar hoy con varias líneas de investigación asociadas a la inteligencia artificial de los vehículos en el revolucionario Toyota Research Institute, en California, donde el gigante japonés de la automoción perfila los coches del futuro. Muy cerca de Germán vive y trabaja Santiago Pina, otro ingeniero informático nacido en la Región y que tampoco ocupa un puesto de responsabilidad cualquiera en el meollo de la revolución tecnológica. A sus 26 años, Pina es jefe de ingenieros en el departamento de WhatsApp que desarrolla la aplicación para iPhone. En Silicon Valley también trabaja Belén Cruz, murciana de 30 años, encargada de que la aplicación de Groupon funcione a las mil maravillas en los dispositivos iOS de todo el mundo. El molinense Antonio Gomariz, por ejemplo, es ‘data scientist’ y especialista en ‘Machine Learning’ y ‘Deep Learning’ a caballo entre Dublín (Irlanda) y Seattle (Estados Unidos) en un gigante que ha venido ha cambiarlo todo como Amazon, mientras que Javier Cervantes Villanueva es uno de los murcianos que puede recorrese a diario los pasillos de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), en Ginebra (Suiza), sin perder de vista el acelerador de partículas que tantas respuestas está ofreciendo a la humanidad. Y las que está por dar.

La lista de ‘cerebros’ murcianos cada vez más jóvenes, cada vez más preparados, que se rifan las multinacionales y organizaciones más importantes del mundo para contribuir a la revolución tecnológica, es abrumadora. ‘La Verdad’ ha localizado a diez de ellos, en su mayoría graduados de la Facultad de Informática de la Universidad de Murcia (UMU), cuya labor diaria en sus respectivos negociados está a la vanguardia de esta revolución. Mensajería instantánea, banca, comercio y seguridad online, supercomputación, coches autónomos... Sí, es probable que, detrás de ese ‘cacharro’ genial que probará usted dentro de unos años, o de esa nueva función del móvil, o sencillamente de la pila de avances tecnológicos que se produzcan de aquí a una década, haya otra pila igual de murcianos. Manuel Vicente, Sergio Rivas, Rosa González, Inmaculada Carrión, Pedro Morenos-Sánchez... y todos los que se ha dejado en el tintero este periódico por una simple cuestión de espacio.

La inserción más alta

De hecho, y según reconoce el orgulloso decano de la Facultad de Informática de la UMU, Pedro Miguel Ruiz, la inserción laboral de los estudiantes del centro «es la más alta de todas las titulaciones de la UMU. A efectos prácticos, nuestros egresados no conocen el paro y muchos de ellos ya tienen un trabajo antes de finalizar los estudios. Muchos tienen puestos de responsabilidad dentro y fuera de nuestra región, incluso en empresas relevantes internacionalmente desde las que contribuyen a la transformación digital». Sin embargo, Ruiz va más allá y asegura que «en muchos casos, el reconocimiento y la calidad del empleo de algunos de los titulados en esta facultad no está a la altura de su valía».

No parece el caso de los murcianos (de nacimiento o adopción) reunidos en estas páginas. Exultantes con su trabajo y con su vida, tienen unas condiciones laborales con las que se muestran encantados, unos sueños prácticamente inabarcables, aunque definidos, y muchos de ellos reconocen que hace diez años eran incapaces de verse donde están ahora. Sin embargo, ahora no es demasiado complicado para ellos, quizá por estar donde están y de tener semejantes mentes, imaginarse ese mundo futuro que están contribuyendo a dibujar. «Simplemente buscamos mejorar la calidad de vida de la gente», resume Germán Ros que, en realidad, habla por todos sus compañeros.

AmazonAntonio Gomariz
Antonio Gomariz, en la tienda Amazon Go que hay junto a las oficinas de la empresa en Seattle.
Antonio Gomariz, en la tienda Amazon Go que hay junto a las oficinas de la empresa en Seattle. / A.G.

«Es como llegar a uno de los grandes clubes de fútbol del mundo»

Molina de Segura, 1982 | Dublín (Irlanda)
‘Data scientist’ y especialista en ‘Machine Learning’ en el departamento de Amazon Video, ha participado en los equipos responsables de extender Amazon Prime Video por casi todos los países del mundo.

Antonio Gomariz solo expresa un deseo después de contestar a un largo cuestionario: «Me gustaría que saliera en el reportaje que el doctorado en Informática que realicé en la Universidad de Murcia, cotutelado con la Universidad de Amberes, fue bajo la supervisión de Manuel Campos y Roque Marín en el Grupo AIKE (Artificial Intelligence and Knowledge Engineering)». Se preocupa Gomariz por reconocer en público el mérito de sus maestros, de sus orígenes, en la carrera que le ha llevado a pertenecer a lo que, «utilizando un símil futbolístico, sería como uno de los grandes clubes del mundo; hace mucha ilusión». Como si un chaval de Molina de Segura ficha por el Madrid, o el Bayern de Munich, o el Liverpool. Tan grande como Amazon, el gigante y líder indiscutible del comercio electrónico internacional.

Especialista en ‘Data Science’ y ‘Machine Learning’ -que, según Gomariz, no suele traducirse al castellano-, este molinense de 35 años trabaja como ingeniero informático en el departamento de Amazon Video, entre Dublín y Seattle, donde «nos aseguramos de que el cliente tiene una buena experiencia de usuario y trabajamos para que esta siempre mejore. Al final, una de las grandes máximas de Amazon es tener obsesión por el cliente y estar centrados en que el servicio que se le ofrece sea el mejor posible».

«Me gustaría que el mundo de la información nos permita maximizar nuestro tiempo libre mientras nos genera más oportunidades a la hora de disfrutarlo»

Gomariz ha formado parte de los equipos que hicieron posible extender Amazon Prime Video «a casi todos los países del mundo, así como ayudar a que Amazon albergase diversos eventos audiovisuales en directo, como la séptima temporada de Juego de Tronos». Y si algo no deja de sorprenderle de su empresa es «la cantidad de iniciativas que surgen, y cómo se incentiva a los empleados para que desarrollen sus carreras y mejoren como más les guste». El sueldo de los trabajadores en Amazon «es confidencial», según Gomariz, pero la empresa «cuida bien a sus empleados», resume. «Amazon ofrece un excelente entorno donde satisfacer las metas profesionales (seguir ahondando en el campo del ‘Machine Learning’) y personales (vivir en varios países relacionándome con gente de otras culturas)», relata. «Me debo a ella, y hay que cuidarse de no filtrar determinada información», muestra su fidelidad.

Siendo un chaval ya se preocupaba Antonio Gomariz por entender «ya fueran las matemáticas o los hechos históricos», y ahora tiene la sensación de estar cambiando un poco el mundo «principalmente por la compañía a la que pertenezco, ya que Amazon ha sido la principal responsable de la evolución en la forma de comprar o de leer en los últimos años. Seguramente, en un tiempo también habrá revolucionado la forma en la que se compre en una tienda física». Otro deseo de Gomariz, desde Dublín, a diez años vista: «Que el mundo de la información nos permita maximizar nuestro tiempo libre a la vez que nos genera más oportunidades a la hora de disfrutarlo».

ToyotaGermán Ros
Germán Ros.
Germán Ros. / LV

«Los cazatalentos están muy activos; este trabajo te acaba buscando a ti»

El Raal, Murcia, 1987 | San Francisco, California (Estados Unidos)
Investigador en el Toyota Research Institute, en Silicon Valley, donde desarrolla (y dirige) proyectos relacionados con la inteligencia artificial de los vehículos autónomos.

Nacido el día de los Santos Inocentes de hace 30 años en la pedanía murciana de El Raal, la lista de títulos de Germán Ros es tan amplia como sus sueños. Licenciado en Ingeniería Superior Informática por la UMU, Máster en Inteligencia Artificial y Visión Artificial por Kingston y la UMU, Máster en Visión Artificial y doctorado en Ciencias de la Computación por la Universidad Autónoma de Barcelona, no tardaron mucho en Toyota en llamar a las puertas del muchacho, quien no sabe lo que es mandar un curriculum. «Yo estaba acabando mi tesis en el área de la inteligencia artificial y simulación aplicada a vehículos autónomos y tuve la suerte de que perfiles como el mío se volvieron muy atractivos de la noche a la mañana para las grandes empresas de Silicon Valley. Me contactaron desde Toyota, pasé una larga serie de entrevistas y en 2016 me contrataron, justo cuando acabé mi doctorado», relata Ros.

«Los cazatalentos del área de la inteligencia artificial están muy activos, así que se puede decir que sí, este trabajo te busca a ti», reconoce por su propia experiencia Germán Ros, que hoy trabaja como investigador en el Toyota Research Institute, la 'cocina' de los vehículos del futuro del fabricante japonés. De hecho, dirige un proyecto «en el que creamos técnicas para que la inteligencia de los vehículos se desarrolle a gran velocidad en mundos virtuales (simuladores) sin la intervención de humanos. ¡Es uno de nuestros proyectos estrella!», se emociona Ros en su oficina, donde está «rodeado de robots y coches autónomos». Aunque, en realidad, Germán puede trabajar «desde casa o desde cualquier parte del mundo». Y con un sueldo «muy competitivo». Su coche corre a cargo de la empresa, como no podía ser de otra manera. Cuando llegó, le dieron a elegir. Un Toyota, claro.

«Mi meta es ayudar a crear robots y vehículos que sean capaces de desenvolverse en el mundo mejor que un humano»

Pese a todo, la mayor fascinación que encuentra Germán Ros trabajando al otro lado del mundo y viviendo en un apartamento junto al puerto de San Francisco está «en el fuerte espíritu de superación de las personas que trabajan» a su lado. Admite Ros que «puede sonar pretencioso, pero creo que estamos cambiando cómo va a vivir la gente sus vidas en unos pocos años. Vehículos que te llevan al trabajo mientras te relajas o trabajas; tiendas que van de forma autónoma donde tú estás... Todo esto está a la vuelta de la esquina. Mi meta es ayudar a crear vehículos y robots que sean capaces de entender el mundo y desenvolverse en él mejor que un humano. Lo que buscamos es mejorar la calidad de vida de la gente, mejorar la autonomía de personas con problemas de movilidad, ancianos, invidentes, etc. Que puedan ir a donde quieran en un coche autónomo es el primer paso. Los robots asistentes vienen detrás», vaticina Ros.

CERNJavier Cervantes

«Solo me planteo seguir aprendiendo y dejar la mejor huella posible»

Murcia, 1994 | Ginebra (Suiza)
Gestiona el software de lo que puede ser el nuevo acelerador de partículas del CERN, el FCC.

Aún tiene muy presente en la memoria Javier Cervantes aquel caluroso día de 2016 en que abrió el correo en su ordenador y comprobó que había sido seleccionado para participar en un programa de estudiantes de 14 meses en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), en Suiza. «Comencé a gritar y a saltar de alegría por la casa, y llamé corriendo a mis padres para darles la noticia, aún temblando por la emoción». No se puede negar la ilusión que transmite este joven de 23 añitos por su trabajo, que desarrolla en uno de los epicentros de la investigación científica mundial. Sin haber sido «el típico niño que sabía programar desde la escuela», reconoce, lo cierto es que Javier Cervantes se graduó en Ingeniería Informática con Premio Extraordinario de Fin de Carrera y ahora cursa a distancia el Master en Big Data que implantó hace unos años la UMU y que «compagino como puedo con el trabajo».

Después de colaborar en el grupo de desarrollo de software asociado a los revolucionarios experimentos del CERN (ATLAS, CMS, ALICE), en noviembre del año pasado consiguió un nuevo contrato para gestionar el ‘cerebro’ informático del Futuro Colisionador Circular (FCC). «Un experimento aún en fase de estudio de viabilidad que, de construirse, daría como resultado un nuevo acelerador de partículas con un total de 100 kilómetros de perímetro (el actual acelerador LHC cuenta con 27). Es un proyecto muy ambicioso y un gran reto en distintos campos de la ingeniería, pues estaría situado bajo tierra cruzando el lago Leman y varios kilómetros de montañas cercanas. En este proyecto colaboro también en la parte de desarrollo de nuevos programas capaces de gestionar las grandes cantidades de datos que produciría este experimento, usando técnicas de ‘Machine Learning’ -o aprendizaje automático-, de manera que sean más eficientes». Resumiendo, Cervantes facilita la labor diaria de los científicos encargados de estudiar las simulaciones y los análisis de datos obtenidos al hacer colisionar las partículas «sin que tengan que preocuparse por las herramientas que utilizan». Entre todos colaboran, aunque sea en una «pequeñísima parte», con el descubrimiento de los secretos del universo y el avance de la ciencia.

Admirador de Elon Musk, sueña con crear su propia empresa y que «tenga un gran impacto positivo en la sociedad»

«Solo me planteo seguir aprendiendo y dejar la mejor huella posible», admite Cervantes, que menciona a su novia -Laura- y a sus padres como «los grandes culpables de que haya llegado hasta aquí». Amante de la naturaleza y de las montañas nevadas de los Alpes, que le permiten esquiar cerca de su casa cuando le place, admira a Elon Musk y sueña con crear su propia empresa para que esta «tenga un gran impacto positivo en la sociedad». De hecho, el mundo que se imagina en una década está «repleto de gente con ganas de colaborar para una sociedad mejor». Repleto de gente como el propio Javier Cervantes. ¿Un Elon Musk murciano?

Fundació Hospital del'Esperit SantInma Carrión

«¡No sabían mis padres el tiempo que me quedaba delante del ordenador!»

Almería, 1987 | Barcelona (España)
Participó con 24 años en la implantación del sistema de información del hospital barcelonés en el que hoy trabaja como responsable del Área de Aplicaciones Asistenciales del Departamento de Informática

Ingeniera informática y máster en Consultoría SAP, la almeriense Inma Carrión recuerda con claridad cómo se «pasaba horas trasteando» con el primer ordenador que entró en su casa «para intentar descifrar cómo funcionaba aquel aparato tan complejo. Ya mis padres me decían por aquel entonces que no estuviera tanto rato delante del ordenador. ¡No sabían el tiempo que me quedaba!», sonríe. Varios años después, Inma Carrión es la responsable del Área de Aplicaciones Asistenciales del Departamento de Informática de la Fundació Hospital de l’Esperit Sant, en Barcelona. En resumen, se encarga de «gestionar el software del hospital», aunque ya con 24 años participó en la implantación del nuevo sistema informático del centro. Casi nada. Además, se ha propuesto que su paso por allí «se recuerde porque hayamos logrado un salto tecnológico, aunque sea pequeño, que ayude a que la atención al paciente sea más eficiente».

Es muy consciente de que «el entorno sanitario es un mundo altamente complejo, donde el más mínimo detalle debe estar estudiado y protocolarizado. Algo tan trivial como el atasco de una impresora puede tener una gran afectación». Pero, con la mirada puesta en el horizonte, Carrión no deja de maravillarse con «todo lo que la tecnología nos puede ayudar a conseguir en la sanidad». En el futuro, «veo un sector sanitario más potente, apoyado en la tecnología y basado en sistemas interoperables, aunque depende mucho de la inversión que realicemos ahora. La tecnología avanza muy deprisa pero, ¿están las entidades sanitarias preparadas para recibir esta tecnología? ¿Están los gobiernos dispuestos a realizar estas inversiones? Creo que aún nos costará realizar este salto tecnológico. Pero, aunque lleve su tiempo, lo veremos. De eso estoy segura».

KTH Royal Institute of TechnologySergio Rivas

Sergio Rivas, dando una charla en el Argonne National Laboratory (EE. UU.).
Sergio Rivas, dando una charla en el Argonne National Laboratory (EE. UU.). / Yanfei Guo (ARNL/USA)

«En la investigación no se compite por generar más ingresos»

Madrid, 1987 | Estocolmo (Suecia)
Llegó a dar calabazas a Microsoft, trabajando ya para Bill Gates, para ponerse a investigar a tiempo completo en la prestigiosa universidad sueca KTH Royal Institute of Technology, donde desarrolla proyectos ligados a la próxima generación de supercomputadoras.

«Una de las ventajas de la informática es que cualquiera puede cambiar el mundo a mejor con un ordenador y acceso a internet; ante todo quiero seguir disfrutando con lo que hago y tener todos los días un plato de comida en la mesa para los míos, y lo demás ya se verá». Asombra la sencillez con la que se expresa Sergio Rivas, principalmente teniendo en cuenta la labor actual que ejerce, que «significaría un cambio que podría beneficiar durante décadas a los investigadores de la supercomputación». Y eso que Rivas, nacido en Madrid pero criado en Ceutí y titulado en la UMU, ha tenido las puertas abiertas de gigantes como Amazon o Microsoft, donde estuvo trabajando más de dos años... para terminar por dar ‘calabazas’ al mismísimo Bill Gates. Vio la oportunidad de entrar como investigador a tiempo parcial en KTH Royal Institute of Technology, una prestigiosa universidad sueca a la vanguardia de la supercomputación, y no se lo pensó: «Me gustó tanto lo que estaba haciendo que hace unos meses dejé mi trabajo en Microsoft para dedicarme a tiempo completo a la investigación», reconoce. Además, «aquí no se compite por generar más ingresos».

Aunque de niño empezó practicando motocross, como su hermano (Manu Rivas es siete veces campeón de España), lo que verdaderamente volvía majareta al pequeño Sergio eran «los ordenadores y las videoconsolas. Y, cuanto más indagaba en este mundo, más oportunidades emergían», recuerda. En Microsoft desarrolló ideas que se convirtieron en patentes, y hoy maneja las entrañas de máquinas «que se utilizan para investigar enfermedades, fenómenos del Universo y otros temas muy complejos para ordenadores tradicionales. Mi labor es desarrollar la próxima generación de supercomputadores, reduciendo los tiempos de investigación. Sinceramente, es increíble. Por poca que sea mi contribución a la sociedad, ayudar a que otros científicos alcancen sus metas es mi granito de arena, y también es una oportunidad tremenda». Rivas, además, aprovecha para recordar que «la inversión de los países en investigación y desarrollo de nuevas tecnologías es clave, y en España tenemos una oportunidad única, por el talento y la calidad de vida, para ser competitivos a nivel mundial».

WhatsAppSantiago Pina
Santiago Pina.
Santiago Pina.

«Lo mejor es tener un impacto positivo en la vida de tanta gente»

Murcia, 1991 | Mountain View, California (Estados Unidos)
Jefe de ingenieros del departamento que desarrolla WhatsApp para iPhone, lidera además un equipo que gestiona las llamadas de audio y video, los nuevos estados y la ubicación en tiempo real, entre otros proyectos.

Ya apuntaba maneras Santiago Pina cuando, con solo 18 meses de vida, llegó de la mano de su madre a una tienda de juguetes y resolvió sin muchos problemas un puzle para mayores de tres años y ante la mirada incrédula del dependiente. «Se quedó muerto», define Pina, según recuerda siempre su madre. Doble titulado en Matemáticas e Informática, Santiago pasó por Microsoft antes de recalar un año y medio en Facebook. Después se enteró de que WhatsApp estaba contratando ingenieros y solo le hizo falta contactar con la compañía de mensajería instantánea para que le pusieran la ‘alfombra’. «Yo siempre había tenido un enorme respeto por WhatsApp y por todo lo que había conseguido un equipo tan pequeño de ingenieros», señala. Hoy es uno de ellos.

Pina es de los que piensa que «no se puede llegar a una de estas grandes empresas si no te mueves por tu cuenta para aprender más que lo que te enseñan en la universidad» (que no es poco), así que, cuando estudiaba la carrera, dedicó mucho tiempo a «aprender algoritmos y estructuras de datos por mi cuenta mientras me preparaba para concursos de programación». También mataba el tiempo libre con ‘hobbies’ tan lejanos para el común de los mortales como «hacer un videojuego para iPhone o una aplicación de mensajería para Android». Por casualidades de la vida, «actualmente soy jefe de ingenieros en el equipo que se encarga de desarrollar la aplicación de WhatsApp para iPhone». También lidera, a sus 27 años, el equipo que se encarga de las llamadas de audio y vídeo, los nuevos estados, la ubicación en tiempo real y «de otros proyectos que todavía no hemos lanzado».

Mataba el tiempo libre en la carrera creando «un videojuego para iPhone o una aplicación de mensajería para Android»

Reconoce que lo mejor de su trabajo es «la oportunidad de tener un impacto positivo en la vida de tanta gente». Desde California a la capital del Segura, pasando por Asia, África y su propia casa en Murcia. De hecho, cuenta Santiago que, al poco de lanzar la llamadas de vídeo, «mi familia y amigos me empezaron a contar momentos en los que las llamadas de vídeo les habían sido útiles. Por ejemplo, el caso de una conocida de mi tía, que es una señora de avanzada edad que ahora puede ver diariamente a su hermana, que hace muchos años emigró a otro país y llevaba mucho tiempo sin verla. La comida gratis o los videojuegos en el trabajo están muy bien, sí, pero saber que una abuela puede ver y hablar con su nieta, que está a cientos de kilómetros, gracias al trabajo que hacemos cada día, es mucho más reconfortante que cualquier otro beneficio laboral», admite.

Como todos, echa de menos su tierra (aunque el clima de California le hace sentirse «como en casa»), su familia y sus amigos, «y a veces se hace difícil no poder estar en los cumpleaños y celebraciones». Eso sí, el hecho de estar siempre en contacto con ellos vía WhatsApp «me motiva a hacer mejor mi trabajo» admite. Aún más alla, se entiende, de lo que supone esta oportunidad laboral. «Aquí es donde se desarrollan la mayoría de los proyectos de alta tecnología, y para mí siempre había sido un sueño venir aquí. Para que se haga una idea, casi todos los días veo por mi barrio coches de Google que conducen solos paseando por mi barrio, y eso es algo que en Murcia no se puede ver». Al tiempo.

GrouponBelén Cruz
Belén Cruz.
Belén Cruz.

«Lo que más valoro es el ambiente y la flexibilidad de Silicon Valley»

Murcia, 1987 | San Francisco (Estados Unidos)
Tras aterrizar hace ya unos años en una startup de Silicon Valley en la que creaba dispositivos bluetooth para el seguimiento de los clientes en los comercios, Cruz desarrolla hoy la aplicación de Groupon para iOS y iPhone.

Estar entre los siete ingenieros seleccionados en el programa Jóvenes con Futuros de StepOne, hace ya casi cuatro años, supuso «el paso más importante» de su carrera, reconoce Belén Cruz. Un giro radical en su vida, que ahora exprime con intensidad en la bahía de San Francisco, una metrópoli «orientada a la tecnología y donde están las mejores empresas». Tras recalar en una startup de Silicon Valley gracias al programa, Groupon adquirió aquella compañía y Belén pasó a trabajar en este gigante de los descuentos online, donde hoy desarrolla la aplicación para el sistema operativo iOS y iPhone. «Es un reto, porque la aplicación tiene millones de usuarios y comportamientos diferentes según los países. Es increíble pensar que algo que yo hago sea visto por tanta gente. Hay muy pocas empresas en las que esto ocurra», explica.

Con la oficina a pocos minutos caminando desde su apartamento (un privilegio reservado para unos pocos afortunados en aquella zona del mundo), lo que más valora Cruz, y lo que más le sigue sorprendiendo, «es el ambiente de trabajo y la flexibilidad que hay en Silicon Valley. Las empresas quieren que te sientas bien trabajando con ellas, y hacen todo lo posible para lograrlo. Fomentan tu implicación y motivación, confiando en la responsabilidad y las capacidades del empleado desde el primer momento». Así, potencian el trabajo en equipo (con barbacoas y partidos de béisbol), las políticas de «vacaciones ilimitadas», o los sueldos, que para un ingeniero recién graduado oscila entre los 110.000 y los 130.000 dólares (entre 90.000 y 105.000 euros) anuales. «El coste de la vida aquí es muy alto, y un apartamento de una habitación sale por unos 3.000 dólares al mes, de media».

«Los dispositivos móviles serán un complemento aún más básico de nuestro día a día; todavía hay mucho camino que recorrer»

Con la mente fija en «aprender lo máximo que pueda de toda la gente inspiradora que trabaja aquí», a Belén no le gusta imaginarse dónde o cómo estará dentro de un tiempo. Básicamente, «porque hace diez años jamás pensé que yo pudiera estar aquí». Sin embargo, sí se aventura a dibujar el futuro que viene y que ella también construye: «Los dispositivos móviles serán un complemento aún más básico de nuestro día a día, ya sea en la forma en la que los conocemos hoy, o no. Hay aún mucho camino que recorrer en el campo de los asistentes virtuales, las casas inteligentes o los pagos virtuales. Cada vez se eliminan más barreras en la interacción con la tecnología, y en esa dirección quiero ir en un futuro».

DecathlonRosa González
Rosa González.
Rosa González.

«No solo me arreglaba mi ordenador, sino los de mis amigas, mi familia...»

Cartagena, 1984 | Madrid (España)
Lidera el equipo que proporciona las aplicaciones para los principales procesos del usuario en las tiendas Decathlon del sur de Europa y Latinoamérica.

No son pocos los ingenieros de telecomunicaciones que también está ‘produciendo en cadena’ el sistema académico regional, y con un altísimo nivel de cualificación. Raquel González, por ejemplo, se tituló en la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT). En la ciudad en la que nació y estudió también empezó a trabajar como vendedora, a tiempo parcial, en la tienda que Decathlon abrió en la ciudad portuaria. «Cada vez que recuerdo mi historia sigo alucinando», revela. Porque «aquel trabajo que empezó como algo temporal se ha convertido en mi presente y futuro profesional», revela. Hoy, esta ingeniera de telecomunicaciones lidera el equipo que proporciona las aplicaciones al servicio de los principales procesos del usuario (pagos, gestión de stock, pricing....) en las tiendas Decathlon del sur de Europa y Latinoamérica. Además, en esta empresa puede unir sus dos pasiones: «el deporte y la tecnología».

Por los roles que González ya ha desempeñado en el equipo de Tecnología e Innovación de la empresa, esta cartagenera ha colaborado «en la puesta en marcha de la infraestructura informática para abrir nuevas tiendas, en la creación de una red de soporte informático internacional junto a nuestros colegas franceses y chinos, la puesta en marcha de la tecnología RFID en nuestras tiendas, la convergencia hacia la experiencia de compra omnicanal…». Mucho antes había participado en la organización de la primera LAN Party en la UPCT, recuerda. «Desde que entró un ordenador en mi casa -cacharro que destripaba y al que añadía nuevos componentes- no me he vuelto a separar de este mundo». Rosa no solo arreglaba su ordenador, «sino también los de las amigas y los de toda la familia, lo típico», rememora.

«Imagino un mundo en el que, gracias al big data y a la inteligencia artificial, nuestras necesidades estarán cubiertas antes incluso de que sepamos que las tenemos»

«La tecnología no es nada si no está al servicio de quien la utiliza», sentencia González, quien recuerda además que el sentido de su empresa es «mejorar la vida de las personas a través del deporte y, además, hacerlo de forma sostenible». Una labor a la que contribuyen en esta firma 100.000 personas en todo el mundo. «Yo soy solo una de ellas, pero mi granito de arena está ahí». Otro granito más ‘made in Murcia’ que se define como «ambiciosa, dinámica e inconformista», cuyas metas siempre serán «seguir aprendiendo para ser mejor ingeniera, mejor líder, mejor compañera y mejor persona».

Imagina que dentro de una década, por ejemplo, «la tecnología suplirá las tareas que no nos aportan valor añadido y proporcionarnos así más tiempo libre. Un mundo en el que, gracias al big data y todas las técnicas de inteligencia artificial, nuestras necesidades estarán cubiertas incluso antes de que nosotros mismos seamos conscientes de que las tenemos. Entrar a un restaurante y que la comida que a mí me gusta esté en mi mesa en cinco minutos sin que yo la haya pedido. O llegar a casa y tener la compra de las cosas que necesito esperándome en la puerta sin que yo haya movido un dedo». El mundo de Rosa.

Capital OneManuel Vicente

«Me lo paso tan bien trabajando que esto no es una obligación»

Murcia, 1992 | Washington DC (EE. UU.)
Graduado en Ingeniería Informática, hoy trabaja para Capital One (uno de los bancos más importantes de Estados Unidos) como ingeniero de software especializado en el desarrollo de la aplicación para el sistema operativo Android.

No solo tiene el Grado en Ingeniería Informática, sino también el Grado Medio de Música, especialidad de Trompeta, lo que ha perfilado mucho el Manuel Vicente de hoy. «Estudiar música a la misma vez que estás en el instituto te da un grado de responsabilidad, sensibilidad, solidaridad y compañerismo», piropea. Lo suyo por la música es pasión y, de hecho, eligió Informática porque era la carrera que menos le «disgutaba» de todas. Antes de terminar, y con la cabeza puesta en un máster en Inteligencia Artificial, él sí se puso a ‘bombardear’ con su curriculum a empresas, y de todas ellas le contestaron «el 5%». Una de ellas fue Capital One, uno de los bancos más potentes de Estados Unidos, que primero le fichó para las oficinas de Reino Unido, y después para las oficinas de Washington DC, donde hoy forma parte de un equipo que crea las aplicaciones móviles de la compañía para Android.

«Perfeccionista y exigente», a Manuel Vicente le gustan las cosas «bien hechas, que tengan un grado de belleza en sí mismas». Y una pizca de revolución también, porque la aplicación que contribuye a desarrollar «fue pionera en Estados Unidos en procesar pagos móviles cuando Android Pay y Apple Pay aún no existían». Además, Manuel se lo pasa «tan bien trabajando que para nada lo considero una obligación», y admite que su puesto de trabajo le ha hecho «mitrar la vida con otra perspectiva. Te das cuenta de que la gente tiene problemas financieros, que hay gente quiere cometer fraude, que hay delincuentes que quieren entrar en tus sistemas para robar información... El dinero es un tema muy susceptible y personal para todo el mundo, así que cualquier cosa que hagamos para facilitar la vida a los demás, es poco». Eso sí, pide que gobiernos y empresas «no corten las alas para avanzar social y tecnológicamente», mientras apuesta por un «futuro cierto» en la Realidad Aumentada y la Realidad Virtual: «Estoy deseando proyectar eventos del pasado en la mesa del salón o hacer viajes a los lugares más impresionantes del mundo», sueña. Que no pare la música.

Purdue UniversityPedro Moreno-Sánchez

«La sociedad debe mejorar su formación en seguridad»

Cieza, 1989 | West Lafayette, Indiana (Estados Unidos)
Investigador en la Universidad de Purdue, su labor se centra en la privacidad de las aplicaciones que se crean sobre la tecnología de blockchain (Bitcoin, Ethereum, Ripple...).

De niño le preguntaban qué quería ser de mayor, y ni futbolista, ni policía, ni nada de eso. Él respondía «informático». Aunque, como dice su querido profesor y ahora gran amigo Rafa Marín, Pedro Moreno-Sánchez juega hoy en «la Champions League de la investigación». Lo hace con la camiseta de la puntera Universidad de Purdue, en Indiana (Estados Unidos), donde este chaval de Cieza recorre un campo vital a estas alturas de la ‘película’: la seguridad y privacidad en la red. Concretamente, en las aplicaciones que se desarrollan sobre la tecnología blockchain (Bitcoin, Ethereum, Ripple...). Moreno-Sánchez espera que dentro de unos años, y cuanto antes mejor, «haya mejorado la concienciación y la formación de la sociedad en cuanto a la seguridad y privacidad de la tecnología que usamos cada día. Me sigue pareciendo sorprendente que, a día de hoy, haya muchas personas que manejan dispositivos tecnológicos sin haber recibido ninguna formación básica en informática, y menos aún sobre las implicaciones de seguridad y privacidad de esos dispositivos. La tecnología ayuda en la vida diaria de mucha gente pero, sin la necesaria formación, se puede convertir en una fuente muy peligrosa», recuerda.

Este chaval de Cieza que ya ha pasado por Escocia, Holanda y Alemania en su carrera científica, no se arrepiente lo más mínimo de haberse subido a un tren «que solo pasa una vez en la vida» y que ahora le ha llevado a Estados Unidos, donde no deja de asombrarse por departir tranquilamente, día sí y día también, con eminencias del mundo de la investigación, gurús «cercanos y abiertos». Como si se pusiera a ‘cascar’ con su amigo Francisco Vidal, con quien Pedro recibió la vocación, en los años de carrera, de ser investigador. Fue una epifanía que vivió al ponerse a desarrollar un pequeño proyecto de investigación extracurricular «por amor al arte», y que los dos colegas decidieron crear «mientras tomábamos unas cervezas en las tascas de Murcia, que es donde se deciden las cosas importantes».

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