La juez deja en libertad al joven acusado de violación durante una macrofiesta en la UMU

La Universidad de Murcia revisará el protocolo de estos eventos tras la denuncia de una alumna por una presunta agresión sexual

ALICIA NEGRE , FUENSANTA CARRERES y LVMurcia

La juez del juzgado de dejó este sábado en libertad con cargos, a la espera de que avance la investigación, al presunto autor de una agresión sexual a una chica durante las fiestas de Comunicación de la UMU. El joven estuvo prestando declaración hasta bien entrada la tarde del sábado, tras ser detenido el viernes, tras lo que la magistrada le impuso una orden de alejamiento y la prohibición de comunicación con la víctima. Se le investiga por un posible delito de abuso sexual. Asimismo, se han ordenado diligencias al Instituto de Toxicología.

La presunta agresión sexual a una joven estudiante de la Universidad de Murcia (UMU) en uno de los edificios del campus de Espinardo, tras la celebración de una fiesta con casi 3.000 alumnos de tres facultades, hizo saltar este viernes todas las alarmas en la institución, que se mostró decidida a analizar la normativa «para la organización de este tipo de actividades por si fuera necesario actualizarla, así como los protocolos de actuación ante estas situaciones de emergencia». El rector de la UMU, José Luján, que se mostró conmocionado por el suceso, resaltó que la fiesta estaba organizada por las delegaciones de alumnos y controlada de acuerdo al protocolo, que permite a cada estudiantes comprar solo dos entradas, a través de la intranet de servicios (Suma) de la institución, y contaba con vigilancia. Con todo, Luján se mostró partidario de mantener las fiestas universitarias, «porque el problema no está en el marco, sino en el respeto a la dignidad y a la igualdad, que es en lo que tenemos que incidir».

Según informaron fuentes cercanas al caso, la víctima ofreció inicialmente una descripción física del agresor poco concreta -dado que, al parecer, no lo conocía con anterioridad-, aunque los investigadores de la Unidad de Familia y Atención a la Mujer tomaron declaración a la afectada y a testigos para tratar de recabar más datos que les condujeran hasta el joven. Los agentes rastrearon también las instalaciones de la Facultad de Óptica en busca de grabaciones de cámaras de seguridad que ayuden a aclarar lo ocurrido.

La alarma por esta supuesta agresión sexual, que conmocionó a la comunidad universitaria, saltó en torno a las 20.30 horas del jueves, cuando en las plazas de todo el país miles de ciudadanos clamaban a gritos contra la «indignante» condena a 'La Manada'. La estudiante que denunció la presunta agresión, de 19 años, había conocido al chico en el transcurso de la fiesta organizada en el campus de Espinardo por las facultades de Comunicación, Bellas Artes y Ciencias del Trabajo. Según relató en su denuncia, decidieron ir a un lugar más apartado, concretamente a un aula de la facultad. Allí, tal y como explicaron las fuentes, tropezaron con un bedel. Este trabajador de la Universidad encontró, un rato después, a la joven, y esta le confesó lo que había ocurrido.

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Según explicó a la Policía, cuando se encontraba en compañía del joven, la chica perdió momentáneamente el conocimiento -fruto posiblemente de la ingesta de bebidas alcohólicas- y cuando volvió en sí descubrió que su acompañante estaba agrediéndola sexualmente. Pese a que la joven le pidió que se detuviese, según contó a la Policía, este supuestamente no paró, y, según la joven, se marchó llevándose su móvil.

Los investigadores, tras recibir la alerta, se desplazaron a la facultad y escucharon los testimonios de la joven y de varios testigos. Después, la víctima fue llevada por sus padres al Hospital de La Arrixaca de Murcia para que se le realizase una exploración ginecológica que deberá determinar si existen lesiones.

Casi 3.000 jóvenes participaron en la fiesta organizada por las tres facultades, que se celebró en el recinto llamado 'fiestódromo', anexo al campus. «Todas las entradas se vendieron en Suma, que solo permite comprar dos por estudiante». Por diez euros, incluían la camiseta y barra libre de cerveza y vino. Aún así es habitual que los chicos se lleven otras bebidas de más graduación. «Había vigilantes contratados por la UMU y control en la entrada, como siempre que se hacen fiestas», coincidieron ayer las delegadas de Comunicación y Bellas Artes. También el rector, quien insistió en que las fiestas cuentan con un dispositivo de seguridad y vigilancia.

A pesar de esos controles, es más que frecuente que cuando terminan el concierto y las paellas en el 'fiestódromo', sobre las siete de la tarde, los asistentes bajen hacia el campus, lo que obligó hace ya tres cursos a desplazar vigilantes a la entrada de las facultades más próximas (Bellas Artes y Óptica, donde ocurrió la presunta agresión) y controlen la entrada de los alumnos. «Algunos van pasados y otras veces ha habido destrozos. Evitamos incluso los autobuses porque van montando follón», admitía ayer la delegada de Bellas Artes.

Coto al descontrol

La UMU aprobó hace poco más de un año un reglamento para poner coto al descontrol de algunas fiestas estudiantiles, con normas sobre el aforo, la venta de entradas con filtros para los alumnos de la institución y la presencia de vigilancia y servicios sanitarios durante el transcurso de la celebración. En cualquier caso, el rector se reunió ayer con los representantes del Consejo de Estudiantes para analizar nuevas medidas contra el acoso y debatir posibles cambios en la organización y protocolos. Hace solo unas semanas, se aprobó otro reglamento contra el acoso sexual.

En el transcurso de la fiesta universitaria, los servicios sanitarios de la Comunidad y la Policía llegaron a activar en dos ocasiones el protocolo establecido en casos de agresión sexual. Otra estudiante, de unos 20 años y con síntomas de haber consumido alcohol, acudió a última hora de la tarde al Morales Meseguer para ser asistida por una supuesta agresión sexual. Sus amigas la habían encontrado con los pantalones y la ropa interior bajados y en un supuesto estado de 'shock'. Sin embargo, y según fuentes consultadas por este periódico, todo apunta a que se trataría de una falsa alarma. La chica podría haber acudido a orinar y haber perdido el conocimiento en ese momento debido a una intoxicación etílica. Al ser encontrada durmiendo en el suelo por sus amigas con la ropa bajada se pensó en un principio que podría haber sido víctima de un delito sexual.

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