Francis Mojica: «No me veo recogiendo el Nobel ni de casualidad, pero sí a alguien del campo de la edición genética porque es una revolución enorme»

Francis Mojica, en su laboratorio de la Universidad de Alicante./J. P. Reina
Francis Mojica, en su laboratorio de la Universidad de Alicante. / J. P. Reina
Microbiólogo. Profesor de la Universidad de Alicante

Javier Pérez Parra
JAVIER PÉREZ PARRAMurcia

A Francisco Juan Martínez Mojica -Francis Mojica en versión resumida; así firma sus artículos científicos- se le ha acabado la tranquilidad con la que durante muchos años ha trabajado en los laboratorios de la Universidad de Alicante, acompañado únicamente por silenciosos microorganismos que le ayudan a entender la vida. Desde que su nombre apareció en las quinielas de los Premios Nobel, su agenda se ha ido llenando de entrevistas y reconocimientos que atiende con resignación y amabilidad. Todo empezó cuando hace ya 25 años este profesor ilicitano del Departamento de Fisiología, Genética y Microbiología halló unas misteriosas secuencias repetidas en el ADN de unos insignificantes organismos unicelulares de las salinas de Santa Pola. Ahora, esas secuencias, bautizadas como CRISPR, han revolucionado las técnicas de edición genómica y, con ello, la lucha contra innumerables enfermedades. Hasta tal punto que Francis Mojica podría convertirse en el tercer Nobel español, tras los pasos de Santiago Ramón y Cajal y Severo Ochoa. Este jueves, el microbiólogo ingresará como académico de honor en la Real Academia de Medicina y Cirugía de la Región de Murcia.

- ¿Qué son las secuencias CRISPR y cómo llegó hasta ellas a raíz de sus investigaciones en las salinas de Santa Pola?

- Es una larga historia, pero intentaré resumirla. La existencia de estas secuencias la descubrimos a principios de los 90 en microorganismos que habíamos aislado en las salinas de Santa Pola. Nos dimos cuenta de que en el ADN de bacterias y arqueas (en ambos casos organismos unicelulares procariotas, es decir, sin núcleo) hay unas regiones que se repiten varias veces, de una forma muy peculiar. Es como si estuviésemos ante un paso de cebra y las bandas blancas fuesen estas repeticiones: son exactamente iguales, pero no hay una banda blanca pegada a la siguiente, si no que entre una y otra hay un espacio que es idéntico en todos los casos. Después de años de investigación descubrimos que se trata de parte de un sistema de memoria que le permite a estos organismos procariotas guardar información de ADN procedente de virus. Eso es lo que hay entre una secuencia repetida y la siguiente, entre las bandas blancas del paso de cebra: información en forma de ADN que procede de invasores. Este sistema les sirve para recordar a esos virus en posteriores infecciones: los reconoce y los destruye. Es decir, estamos hablando de un sistema de memoria que actúa como un mecanismo de inmunidad. A estas repeticiones las denominé CRISPR: repeticiones palindrómicas (es decir simétricas) cortas agrupadas y regularmente espaciadas.

Técnica CRISPR-Cas9: «En principio, permite rectificar lesiones responsables de enfermedades como el cáncer, el alzhéimer o los niveles altos de colesterol»

La otra cara de la Genética: «Cuando modificas el ADN puedes mejorar cualidades, pero también eliminarlas o matar personas. Claro que puede haber un mal uso, pero para eso está la legislación»

Recortes: «La inversión en ciencia ha bajado drásticamente; hay una fuga masiva de investigadores»

- ¿A la comunidad científica le costó al principio darse cuenta de la relevancia de lo que usted había descubierto?

- Al principio estas repeticiones no despertaron mucho interés en la comunidad científica, porque cuando uno mira el ADN de bacterias -de procariotas en general-, encuentra muchas cosas curiosas. Podía tratarse de una curiosidad más, aunque desde el punto de vista de cualquier biólogo molecular que sepa de qué está hablando, era bastante poco probable que estas secuencias no sirviesen para nada. Pero ante una cosa de estas, te puedes meter en un camino sin salida, le puedes dedicar años a estudiar para qué utilizan estos microorganismos estas regiones y no llegar a nada. Pero bueno, yo decidí meterme en esto, nadie más lo hizo. Aparte de lo que nosotros publicamos, no hubo nada como en diez o veinte años. La cosa cambió radicalmente cuando en el año 2005 conseguimos publicar un artículo en el que decíamos que estábamos ante un sistema inmune. Eso sí que llamó la atención, y ahí ya empezaron muchos grupos a trabajar en estas secuencias. Ahora hay miles.

- A raíz de su publicación fue cuando se desarrolló la técnica CRISPR-Cas9, que ha revolucionado la edición genómica.

- Sí, llegó como unos siete años después de la publicación de este artículo. Empezaron a subirse al barco bastantes grupos de investigación, intentando caracterizar cómo funcionaba este sistema de inmunidad. Una vez que ya se conocía cómo funcionaba y qué es lo que hacía, eso dio lugar a esta técnica.

- Usted puso la primera piedra de esta tecnología, que ahora se anuncia como una auténtica revolución en la lucha contra patologías como el alzhéimer, el cáncer o las enfermedades raras. ¿Por qué es tan relevante?

- Lo que hace este sistema inmunológico en las bacterias y arqueas es reconocer al virus invasor, gracias a la información guardada, y cortar su ADN con la proteína Cas9 (de esta forma, el virus muere). Basándose en esto, lo que nos permite esta tecnología es llevar esta proteína a un lugar concreto de una secuencia de ADN (en la que haya información defectuosa que provoca una enfermedad) y cortar para después reparar. Podemos editar, reescribir esa información, modificarla. Por eso se dice que es un 'corta y pega'. Enfermedades por defectos genéticos hay muchas, y se heredan de padres a hijos. También podemos poner el ejemplo de la calvicie, que nos pilla de cerca a muchos. En principio, se puede rectificar cualquier lesión o trastorno responsable de enfermedades como el cáncer o el alzhéimer. También de los niveles altos de colesterol, o infecciones por virus. Es una verdadera barbaridad, una técnica revolucionaria. Aunque ya había otras tecnologías que también permitían cortar, reparar y por tanto editar el ADN, esta es mucho más barata, eficaz y precisa, y además es muy fácil de utilizar.

- Cuando hablamos de avances científicos de esta envergadura siempre se genera un problema con las expectativas. ¿Estamos todavía en el campo de la ciencia básica o ante soluciones reales para los enfermos que podemos ya tocar con los dedos?

- Esto es siempre muy delicado. Hay que llevar mucho cuidado con lo que se dice para no generar falsas expectativas. En investigación, estamos ante una herramienta fantástica. Se está llevando a cabo modificación de ADN para estudios en laboratorio, para conocer más las causas de enfermedades, para reproducir enfermedades de humanos en animales y estudiarlas, para poner a prueba fármacos e identificar nuevas dianas y agentes terapéuticos. En definitiva, se está avanzando una barbaridad, en particular en Biomedicina. Otra historia, como bien dice, es la aplicación de estos avances para curar el cáncer u otras enfermedades en humanos. En animales ha habido ya buenos resultados en enfermedades como retinosis pigmentaria, distrofia muscular de Duchene, enfermedad de Huntington, hemofilia, infecciones por virus, etc. A animales enfermos con estas patologías de humanos se les ha aplicado esta tecnología y se ha conseguido una cura por lo menos parcial. La enfermedad no se ha erradicado totalmente pero se han paliado sus efectos. En humanos hay ahora unos 20 ensayos clínicos en marcha. Se está probando en cáncer, para eliminar o prevenir infección por virus, para rectificar alteraciones responsables de enfermedades de la sangre, etc. También se ha probado en un paciente con cáncer de pulmón. La historia es que todavía no se dispone de resultados.

- ¿Qué aporta esta técnica en el caso del cáncer?

- Los seres humanos tenemos un sistema inmunológico complejo y fantástico, mucho mejor que el de las bacterias. Es un sistema que debería ser capaz de destruir una célula cuando se desmadra y empieza a dividirse, como es el caso de una célula tumoral. Sin embargo, no puede hacerlo, porque las células cancerígenas enmascaran componentes y bloquean a las células de nuestro sistema inmunológico, haciendo que no sean capaces de destruirlas. La idea es coger estas células de nuestro sistema inmune, retirarlas del paciente, modificarlas con la tecnología CRISPR-Cas9 y devolverlas al paciente para que, esta vez sí, sean capaces de actuar sobre esas células tumorales. Esto se llama inmunoterapia.

- ¿Es esta técnica útil también para la lucha contra enfermedades como la malaria, actuando genéticamente sobre el mosquito que transmite la enfermedad?

- Sí, ya se han generado mosquitos responsables de la transmisión del parásito de la malaria que son resistentes a dicho parásito, y por tanto no pueden transmitirlo. Ahí está la posibilidad de modificar el ADN de cualquier ser vivo haciéndolo resistente a la infección por un virus o cualquier otro agente infeccioso, como bacterias o protozoos. Eso es una posibilidad.

- ¿Estas técnicas de edición genómica tienen su lado oscuro? Porque igual que se puede actuar sobre la calvicie, se pueden utilizar para modificar otras características. Se habla no solo de los manidos 'niños a la carta', sino incluso de su potencial uso como arma biológica.

- Sí, cabe la posibilidad, evidentemente. Lo bueno se puede convertir en lo malo. La enorme ventaja que ofrece esta técnica respecto a otras anteriores es precisamente que se democratiza la práctica de la modificación genética. Lo puede hacer casi cualquiera. Cuando modificas el ADN puedes mejorar cualidades pero también eliminarlas, o matar personas. Claro que existe esa posibilidad, pero con esta tecnología y con muchas más cosas. La naturaleza nos proporciona muchísimas herramientas y el uso que se hace de ellas debe estar muy regulado. Por ejemplo, las bacterias que producen toxina botulímica, que es el veneno más potente que se conoce. Basta con unos microgramos para matar a miles de personas. Eso está ahí. Así que por supuesto que se puede hacer un mal uso de estas herramientas, pero esperemos que no; para eso está el sentido común, la normativa y la legislación.

- Ha estado en los últimos años en las quinielas de los Nobel por su descubrimiento de las secuencias CRISPR. ¿Se ve recogiendo el premio próximamente?

- Sería muy insensato que lo pensara, no es una cuestión que me quite el sueño. No me veo recogiendo el Nobel, ni por casualidad. Es bastante sensato pensar que le darán el Nobel a alguien del campo CRISPR, porque evidentemente es una revolución enorme, no solamente en Medicina, sino en Ciencias de la Vida en general. A alguien se lo darán. Pero son muchos los que han investigado en este campo, y si se concede en Medicina, que es lo que se ha comentado en los últimos años, sería por el desarrollo de una técnica en la que yo no he participado directamente.

- Se ha dicho que el hecho de que usted sea un científico español en una universidad española le perjudica, porque nuestro país sigue estando fuera de los grandes polos de poder científico.

- El nivel de investigación en España es muy alto. Si comparas el lugar que ocupa España en el ránking de publicaciones científicas, y la repercusión de las publicaciones científicas españolas, ves que algo no encaja. A pesar de que las circunstancias no son desde luego las mejores para investigar por falta de recursos, se está produciendo muy bien. Pero algo pasa, porque tampoco hay tanto reconocimiento de la ciencia española. Si pensamos en el Nobel en particular, ¿cuántos científicos de Medicina, de Física, de Química, han recibido el galardón? Pues dos. No salen las cuentas, algo hay ahí, no sabría decir el qué. Por supuesto hay países mejor posicionados. Puede que haya una pequeña diferencia en cuanto a productividad, pero no hay una relación lineal entre esa diferencia de productividad y los reconocimientos.

- La ciencia española ha sufrido mucho durante estos años de recesión. ¿Ha padecido también usted los recortes, la falta de financiación?

- Casualmente creo que he tenido más recortes antes que ahora. Desde que estamos en crisis me voy manteniendo. Como antes estaba fatal, con lo poco que me den ahora estoy mucho mejor (ríe). En general, la ciencia española se ha resentido claramente. La inversión ha bajado drásticamente, y todavía no nos hemos recuperado y alcanzado los niveles de antes de la crisis. Esto ha repercutido en una fuga masiva de investigadores a otros países. El resto se ha quedado en grupos que no cuentan con personal suficiente. Cuando uno abandona una línea de investigación forzado por la falta de financiación, retomar luego el trabajo es prácticamente imposible.

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